El almuerzo llega lentamente a su fin en el restaurante Hispania, situado junto a un campo de golf cerca de Valencia. No se ven signos de crisis y sin embargo Manuel Espinar, su gerente, afirma sentir sus efectos: "llevamos dos años muy ahogados", dice.
Entre el ruido lejano de pelotas de golf, algunos clientes terminan sus paellas, plato típico de esta región de la costa mediterránea española.
Espinar, de 46 años, gestiona tres restaurantes Hispania, instalados en la pequeña localidad de Catarroja y sus alrededores, y un servicio de 'cátering'.
A las riendas de un negocio próspero, explica que su principal clientela durante la semana, las empresas, redujo drásticamente los gastos. "Hemos tenido que adaptarnos a la demanda, bajar los precios", reconoce.
"Eso hace que estamos sobreviviendo ahora pero no tenemos capacidad de crecimiento", agrega.
Los mercados financieros no son los únicos que esperan con impaciencia el plan europeo de rescate a la banca española. Las pequeñas y medianas empresas (PYMES), pulmón de la economía del país ahora asfixiadas por la falta de créditos, esperan que esta ayuda permita por fin reactivar su actividad.
Espinar querría abrir un nuevo restaurante para ocupar a una parte de sus empleados, unos 20 trabajadores fijos, demasiado numerosos desde la caída de la demanda.
Pero "ahora es misión imposible poder acceder al mundo financiero", reconoce.
Las cifras del Banco de España lo muestran con claridad. El volumen de créditos acordados por los bancos no deja de caer desde 2009. Este año, el descenso es aún más pronunciado, cerca de 4% cada mes respecto a 2011.
Peligrosamente expuestos al sector inmobiliario, siniestrado desde el estallido en 2008 de una burbuja que ellos mismos habían alimentado, una parte de los bancos españoles cargan con un pesada losa de morosidad.
Absortos en el saneamiento de sus balances y temerosos ante la crisis, ya no prestan a las empresas.
"Es un hándicap que tiene hoy en día el empresario español: no puede despedir porque no tiene dinero y no puede crecer porque no tiene capacidad de financiación", explica Espinar.
"Es imposible incluso en algunos locales poder llegar a pintar, renovar, cambiar la temática del local, porque estamos sobreviviendo para pagar costes", agrega este empresario.
Esta sequía de crédito contrasta cruelmente con los préstamos que los bancos distribuían alegremente antes de la crisis.
"Las mismas entidades financieras te proporcionaban el suelo, la financiación, te daban crédito para comprar los terrenos, para hacer la obra y para pagar los impuestos", recuerda Eloy Durá Catalá, presidente de la Federación Valenciana de Empresarios de la Construcción.
Durante el auge inmobiliario, "era casi cualquiera que pudiera ser promotor o constructor", afirma. "De allí la caída tan fuerte. En la comunidad, cerca de un 50% de las empresas del sector han desaparecido", agrega.
En toda España, más de 170.000 empresas echaron la persiana desde 2008, en su mayoría PYMES.
La reactivación económica depende ahora de los tres millones de PYMES que sobrevivieron. "Representan el 60% del PIB y a su vez sustentan el 80% del empleo", explica Manuel Teruel, presidente del Consejo Superior de Cámaras de Comercio.
Así, que mientras sigan paralizadas no será posible absorber el desempleo récord de España, que afecta a uno de cada cuatro trabajadores.
Es precisamente con el argumento de la congelación del crédito que el gobierno español justifica la petición de una ayuda europea para sus bancos, que según una auditoría independiente necesitan una recapitalización que podría alcanzar los 62.000 millones de euros.
Con este rescate se abre para España "la posibilidad de que vuelva a fluir el crédito", insiste el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy.
Pero tanto Durá el constructor como Espinar el restaurador creen que aunque el rescate de la banca sea un éxito la situación tardará en normalizarse.
"El rescate es una buena noticia pero seguramente tendremos resultados a largo plazo, prevemos que mínimo tengan que pasar 12 meses", augura Espinar.
"Va a ser un año que vamos a seguir en 'stand-by'", lamenta.

