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Agricultores latinos logran reconocimiento en pandemia, pero falta más

·5  min de lectura

Los agricultores latinos de California, por mucho tiempo ignorados por la población de EE.UU. pese a poner alimentos en sus mesas, se convirtieron en “trabajadores esenciales” durante la pandemia de COVID-19, ganando un reconocimiento que aún se le adeuda en gran medida a una fuerza laboral clave en la mayor economía del mundo.

Uno de ellos es Uriel Hernández, quien nació en 1977 en un pueblo serrano del estado mexicano de Michoacán y emigró a Estados Unidos a principios de la década de 1990.

“No vine; me trajeron. Primero vienen mis papás y después los hijos. Somos 11 hermanos”, contó.

Sus padres, campesinos, se establecieron en el Valle Central de California, la región agrícola más productiva del estado, de donde proviene alrededor de una cuarta parte del abasto de alimentos del país.

Al tiempo que acompañaba a su madre en los sembradíos asistía a una pequeña escuela local, donde sus compañeros se mofaban de él porque no dominaba el inglés.

“Se burlaban mucho de mí. Me tocó ir a una escuela en la que la mayoría de los estudiantes eran hijos de granjeros (propietarios)”, recordó.

Para ganar una beca que exigía como requisito hacer trabajo comunitario se inscribió en el programa Future Farmers of America (Futuros Agricultores de Estados Unidos), que ofrece capacitación agrícola práctica a los estudiantes.

Eso y los buenos grados que obtenía le ayudarían a ingresar a la Universidad Estatal de California en Fresno, donde obtuvo un título en economía agrícola.

En esos años logró la residencia legal porque sus padres habían recibido amnistía en la reforma migratoria de 1986. “Pero yo entro a Estados Unidos como ilegal. Incluso voy a la escuela y a la universidad como ilegal”, enfatizó.

Al terminar la universidad trabajó durante un par de años en una compañía agrícola, y en 2006 logró hacerse de su propio negocio de siembra de fresas, que comenzó con cinco acres (dos hectáreas).

Actualmente su empresa, Seacliff Farms, en Oxnard, tiene 100 acres (40 hectáreas) y emplea unas 20 personas, todas latinas y la mayoría inmigrantes.

Los agricultores latinos de California, por mucho tiempo ignorados por la población general de Estados Unidos pese a poner alimentos en las mesas del país, se convirtieron en “trabajadores esenciales” durante la pandemia de COVID-19, ganando un reconocimiento que aún se le adeuda en gran medida a una fuerza laboral clave en la mayor economía del mundo.
Los agricultores latinos de California, por mucho tiempo ignorados por la población general de Estados Unidos pese a poner alimentos en las mesas del país, se convirtieron en “trabajadores esenciales” durante la pandemia de COVID-19, ganando un reconocimiento que aún se le adeuda en gran medida a una fuerza laboral clave en la mayor economía del mundo.

Hernández estima que todos los trabajadores de la fresa en California son latinos. “No me ha tocado ver a un anglosajón piscando (recolectando frutas). Entre los dueños sí debe haber uno que otro anglosajón y de otras comunidades”, manifestó.

Según la Comisión de Fresas de California, los agricultores del estado cosechan 90% de estas frutas en Estados Unidos y crean alrededor de 70,000 empleos.

En el país hay unos tres millones de trabajadores agrícolas, de acuerdo con el Censo de 2020. De ellos, aproximadamente el 75% son inmigrantes latinos.

Si bien no han cifras exactas, se considera que entre 50% y 70% de estos trabajadores son indocumentados.

Importancia crítica

La importancia crítica de estos trabajadores para el suministro alimentario quedó especialmente de manifiesto al inicio de la pandemia de COVID-19, cuando muchas otras industrias se vieron paralizadas.

“Todos nos asustamos. Se paró la economía. Y después entró el miedo de los trabajadores a contagiarse. Pero nos fuimos adaptando, tomando medidas de precaución”, dijo Hernández.

Cuando el Gobierno los designó trabajadores esenciales, los campesinos pudieron vacunarse antes que muchas otras personas. “Y así fuimos saliendo adelante”, expuso.

Una experiencia similar vivió Mayra Paniagua, propietaria de Golden State Farms, en Santa María, también dedicada al cultivo de fresas.

“Cuando comenzó (la pandemia) nos preguntábamos qué iba a pasar, si habría trabajo para nosotros”, dijo.”Pero nos dimos cuenta de que con la pandemia es importantísimo cuidar de nuestros cuerpos. Y la fresa ofrece muchos beneficios. Hubo demanda, nuestros trabajadores siguieron trabajando, tomamos todas las medidas de seguridad. Y gracias a Dios nuestro negocio continuó”.

El agricultor Uriel Hernández en su granja de fresas Seacliff Farms, en Oxnard, California.
El agricultor Uriel Hernández en su granja de fresas Seacliff Farms, en Oxnard, California.

Paniagua nació en California de padres que llegaron de Michoacán a fines de la década de 1970 y principios de la de 1980.

“Ellos se conocieron en Pomona en un campo de fresas. Se mudaron a Oxnard y ahí es donde nacimos tres de mis hermanos y luego las tres más chicas en Santa María”, refirió.

Trabajando duro, sus padres lograron establecer su propia empresa. “Muchos de los que comenzaron piscando fresa se han convertido en dueños de negocios”, sostuvo.

Años después, cuando estudiaba contabilidad y administración de empresas, su padre enfermó y la atención se volcó a cuidarlo.

“Dejaron mis padres la empresa cuando yo estaba en la universidad y dije ‘¿Cómo vamos a dejar las fresas, que nos han dado tanto? Tenemos que volver a empezar’. Me informé, conocí gente que me apoyó, y en 2014 nace Golden State Farms”, contó sobre el origen de su negocio, que emplea a 25 familias, todas latinas.

Paniagua piensa que con la pandemia el país ha cobrado más conciencia de la importancia de los trabajadores agrícolas: “La gente se dio cuenta de que es importante cuidarnos unos a otros, en especial a nuestros trabajadores del campo, los que nos alimentan y traen comida a nuestras mesas”.

Al respecto, Hernández es más reservado y opina que a los campesinos se les aprecia “un poquito más que antes” gracias a que las personas pudieron seguir adquiriendo sus alimentos en medio del parón económico al principio de la pandemia.

“Por un ratito como que la gente sí se acordó. Pero ahora ya no. Yo creo que es por falta de información, porque muchos no saben todo el esfuerzo y todo lo que tienen que pasar los trabajadores para poner ese fruto en la mesa”, puntualizó.