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Alinear expectativas, pero, ¿en torno a qué número?

Juan Carlos de Pablo
·5  min de lectura

No tomamos decisiones sobre la base de lo que va a pasar, por la sencilla razón de que no sabemos lo que va a pasar. Las tomamos sobre la base de lo que creemos que va a pasar. Por eso las expectativas son importantes. El equipo económico busca “alinear” las expectativas. ¿Es ésta una buena idea? ¿Cómo funcionan los mercados de activos, en un país donde todos los habitantes tienen las mismas expectativas? ¿Cuál es la relevancia de la hipótesis de las expectativas autocumplidas?

Para quitarme las dudas conversé con el inglés Michael James Farrell (1926-1975), quien, según Malcolm Robertson Fisher, publicó poco, porque era muy autoexigente. Cuando tenía 31 años de edad contrajo poliomielitis. Sobre esto Fisher apunta que “fuertemente paralizado en sus piernas, rígida buena porción de la parte inferior de su cuerpo, era notable ver con qué entereza fue paulatinamente recuperando el control, como para terminar haciendo muchas cosas sin bastones”. Falleció a los 49 años.

–En 1962 usted planteó la hipótesis de las expectativas precisas, para interpretar el funcionamiento de los mercados financieros. ¿Cuál es la idea?

–Que la distribución probabilística subjetiva es igual a la distribución hipotética con la cual representamos el mundo real. Esta hipótesis está muy en línea con la de las expectativas racionales, que un año antes había sido planteada por John Fraser Muth y que, particularmente gracias a los escritos de Robert Emerson Lucas, a partir de la década de 1970 revolucionó la macroeconomía de corto plazo. Queda para los historiadores del pensamiento económico ubicar mi aporte a la teoría general de formación de expectativas.

–El Poder Ejecutivo argentino quiere alinear las expectativas de la población.

–En macroeconomía tiene sentido; en los mercados de activos, no.

–Explíquese, por favor.

–Piense en una operación de dólar futuro. Gabriela acuerda con Cecilia que el último día hábil de 2021 la primera le entregará a la segunda un dólar, y ésta a aquella determinada cantidad de pesos. Ninguna de las dos pacta la operación esperando perder. Gabriela acuerda entregar el dólar contra determinada cantidad de pesos, porque pronostica que el último día hábil de 2021 el precio será menor que el que Cecilia le promete pagar. Y Cecilia piensa exactamente lo contrario, que el citado día el precio del dólar será mayor al que ella lo conseguirá, si Gabriela cumple su promesa de entregar el dólar. La historia dirá cuál de las dos expectativas coincidirá con la realidad; la clave está en que si ambas tuvieran el mismo pronóstico, el mercado de cambios futuros no operaría.

–¿Esto solo rige en el mercado de cambios?

–No. Quien compra una pizzería tiene mejores expectativas que quien la vende.

–Entendí. Pero usted dice que el alineamiento de las expectativas, en macroeconomía, sí es importante. ¿Por qué?

–Centremos el análisis en las expectativas inflacionarias, aunque se puede generalizar a cualquier variable macroeconómica. Tomamos decisiones pensando en los valores reales de las variables, pero las negociaciones se realizan en términos nominales.

–¿De qué habla?

–El asalariado está interesado en que, como contrapartida de los servicios laborales que presta, pueda comprar por lo menos la misma cantidad de queso que antes; pero sabe que la negociación con su empleador se definirá en términos de la cantidad de pesos que recibirá al final del mes o de la quincena. Al empresario le ocurre lo mismo; está interesado en saber si, como consecuencia de su actividad, podrá seguir comprando la misma cantidad de jamón crudo que antes; pero sabe que la ganancia es un residuo, que surge de la diferencia, en pesos, entre sus ingresos y los costos en que tiene que incurrir para generar dichos ingresos.

–Empiezo a comprender.

–La tasa de inflación implícita en las políticas fiscal y monetaria no puede ser diferente de la que existe en las políticas salarial, cambiaria, tarifaria, de precios cuidados, etcétera. La tasa de inflación, finalmente, será una. Por eso en macroeconomía es tan importante alinear las expectativas.

–El Gobierno pretende alinear las expectativas a la hipótesis inflacionaria con la cual se aprobó el presupuesto nacional para 2021, es decir, 29 por ciento. ¿Qué le parece?

– Aquí corresponde plantear la cuestión de las expectativas autocumplidas, que en la macroeconomía de corto plazo fue modelada por Roger Edward Alfred Farmer, en un libro que publicó en 1993. En una versión más o menos burda, la hipótesis dice que si todos repetimos que todo va a empeorar, la realidad va a empeorar; mientras que si repetimos que va a mejorar, va a mejorar.

–Usted, ¿qué piensa?

–Que, empíricamente, en el mejor de los casos es una exageración y en el peor de los casos, una peligrosa tontería. Cuando en marzo de 1933 Franklin Delano Roosevelt inauguró su presidencia, dijo que lo único que había que temer era al miedo. Pero la recuperación se basó, principalmente, en medidas concretas tendientes a luchar contra la Gran Depresión que, entre 1929 y 1932 había hecho caer 25% el PBI real de Estados Unidos, y 43% el PBI nominal.

–¿Qué quiere decir con todo esto?

–Que alinear las expectativas es importante, pero que hay que hacerlo en torno a un número creíble. Su compatriota Guillermo Antonio Roberto Calvo modeló la importancia que tiene, para los resultados económicos, que la población crea en los pronósticos gubernamentales y, sobre todo, en la permanencia en el tiempo de las medidas de la política económica. Una misma medida de política económica genera resultados muy diferentes, dependiendo de si la población cree que llegó para quedarse, o que será revisada próximamente.

–¿Está usted sugiriendo que 29% de inflación anual, en la Argentina 2021, es sencillamente no creíble?

–Déjeme dejar abierta una hendija de la puerta, pero es un número muy poco creíble. En la mesa de negociaciones, tanto el ministro de Economía como el presidente del Banco Central, tienen que mostrar cómo el panorama fiscal y la consiguiente emisión de dinero, generarán la referida tasa de inflación, dada la demanda de pesos. Es particularmente preocupante que el equipo económico insista en forzar ese resultado, pisando algunos precios, como el tipo de cambio oficial, las tarifas de las empresas privatizadas o concesionadas durante la década de 1990, los alquileres, los precios cuidados, etcétera.

–¿Qué ocurrirá, entonces?

–Que viviremos negociando y renegociando, como hasta ahora. Absorbiendo la información, conforme se vaya generando. Antonio Machado no estaba pensando en la economía argentina cuando dijo que “se hace camino al andar”, pero la idea es mucho más relevante que atar selectivamente el accionar gubernamental a un número irrelevante para la toma de decisiones en el sector privado.

–Don Miguel, muchas gracias.