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Asediadas tribus amazónicas conceden inédito acceso a rito funerario de gran jefe Xingu

·5  min de lectura

Por Ueslei Marcelino

RESERVA INDÍGENA XINGU, Brasil, 20 oct (Reuters) - Cuando un líder muere en la reserva indígena de Xingu, sus comunidades se reúnen para un ritual funerario llamado kuarup. Los asistentes se pintan el cuerpo y se colocan plumas para sumarse a danzas, combates y comidas ceremoniales que celebran la vida, la muerte y el renacimiento.

El fallecimiento del jefe Aritana de la comunidad yawalapiti debido a complicaciones del COVID-19 en agosto ha remecido a los xingu, dejando a sus tribus sin un líder influyente que sea capaz de negociar y hacerlos enfrentar juntos las crecientes presiones de la industria agrícola de Brasil, que ha avanzado por las colinas de Cerrado para alcanzar la selva amazónica.

Asediados por la tala ilegal, criadores de ganado, productores de soja e incluso por la minería del oro, las comunidades xingu enfrentan la degradación de su hábitat y el desafío de preservar su valiosa biodiversidad para las futuras generaciones, dijo el hijo de Aritana y su posible sucesor, Tapi Yawalapiti.

"No estamos unidos hoy. Un xingu ya no tiene alguien que pueda organizar a todos los jefes", dijo Tapi a Reuters, sentado en la rama de un árbol a orillas de un afluente del río Xingu, que teme se esté secando debido a la agricultura intensiva.

"Nuestro principal desafío es unirnos nuevamente para salvar nuestras tierras", sostuvo.

Un fotógrafo de Reuters fue el único periodista invitado a las celebraciones funerarias el mes pasado, que duraron varios días y reunieron a más de 1.000 miembros de tribus vecinas.

La próxima generación de líderes en la reserva Xingu busca la unidad en un momento crítico, ya que el presidente de extrema derecha Jair Bolsonaro está socavando los derechos indígenas al alentar la agricultura comercial y la minería en tierras protegidas con el apoyo de poderosos lobistas en Brasilia.

Algunos han cedido a la tentación de vender madera o alquilar tierras de cultivo a forasteros, aunque todavía son una minoría en la reserva cuyo extensión es más grande que el territorio de Israel.

El cambio climático también está secando las áreas selváticas y aumentando el riesgo de incendios, dijo Tapi, que pidió ayuda externa.

"Necesitamos salvar el medio ambiente para mantener nuestra forma de vida y nuestra cultura, y para toda la humanidad".

En un sobrevuelo, puede verse un contraste sorprendente entre las montañas verdes y la selva de los xingú y los campos cultivados de color marrón que hoy empujan hacia los límites de la reserva en el oeste de Brasil.

Los fumigadores que rocían pesticidas están contaminando los afluentes de los xingú y los ríos cercanos, cuyos niveles bajan más cada año a medida que los productores de soja extraen más agua para el riego, dijo la antropóloga Claudia Franco.

El pescado, la principal fuente de proteínas de las tribus, es tan vital para la existencia del pueblo de Xingu que los chamanes arrojan humo de hierbas en un rito religioso para proteger a los pescadores de los caimanes antes de que lancen sus redes al otro lado del río.

Luego, las tribus se deleitan con el pescado cocinado en una gran fogata y servido en panqueques llamados beiju elaborados a base de yuca o mandioca.

Los pescadores se quejan de que los ríos están menos abundantes en alimentos cada año, ya que las aguas bajan a medida que se acerca la frontera agrícola.

La reserva fue creada en los tramos superiores del río Xingu en 1961 después de una campaña de Orlando y Claudio Villas-Boas. Los hermanos protegieron a las tribus del avance de los colonos al obtener salvaguardas legales para la primera y más extensa área indígena en Sudamérica.

Desde entonces, las filas de yawalapiti han crecido desde 40 sobrevivientes de una epidemia de sarampión en la década de 1950 a unas 300 personas que viven hoy en grandes casas comunales con techos de paja.

Aritana fue elegido jefe general de las tribus xingu por Orlando Villas-Boas debido a su sabiduría, liderazgo y habilidades diplomáticas, dijo su hijo Tapi.

El líder fue una de las 12 personas de la comunidad que perdieron la vida por el COVID-19, la mayoría de ellos ancianos que se llevaron el conocimiento del pasado de yawalapiti, incluidas las historias y canciones que han mantenido viva su cultura.

Todos los adultos de la comunidad ahora han sido vacunados contra el coronavirus.

Las mujeres lloraron durante días mientras lamentaban la muerte de Aritana y de otros tres ancianos tribales. Los hombres desfilaron por la plaza de tierra del pueblo tocando largas trompetas de bambú.

Los espíritus de los muertos fueron honrados con cuatro troncos de árboles pintados colocados en el centro de la aldea circular.

Los hombres adornaron sus cuerpos con pintura negra del fruto del árbol de jenipapo y un tinte rojo brillante hecho con semilla de urucum que se hierve para formar una bola de pasta.

La pintura facial de un niño recordaba al némesis de Batman, el Joker, y un mensaje político estaba escrito en su pecho: "Fuera Bolsonaro".

El ritual kuarup llega a su clímax con una competencia de artes marciales entre coloridos guerreros de nueve tribus, que primero pisotean el área central de la aldea en un baile de guerra antes de que comience la lucha libre.

"Después de horas de llanto y lamentación, antes del amanecer, las almas de los muertos parten de los troncos de los árboles para unirse a sus antepasados ​​en el inframundo", dijo Franco.

(Reporte de Ueslei Marcelino, escrito por Anthony Boadle. Editado en español por Marion Giraldo)

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