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Lo que revelan estos mapas: en algunos vecindarios es como si fuera la Gran Depresión, en otros apenas se experimenta una modesta caída del empleo

Emily Badger and Quoctrung Bui
·6  min de lectura
Las consecuencias del coronavirus son muy notorias en zonas como el centro de Manhattan. Pero algunos de los peores problemas económicos se presentan en otros vecindarios, en los lugares donde vive la mayoría de los trabajadores que han sufrido la pérdida de sus empleos.
Las consecuencias del coronavirus son muy notorias en zonas como el centro de Manhattan. Pero algunos de los peores problemas económicos se presentan en otros vecindarios, en los lugares donde vive la mayoría de los trabajadores que han sufrido la pérdida de sus empleos.
Las consecuencias del coronavirus son muy notorias en zonas como el centro de Manhattan. Pero algunos de los peores problemas económicos se presentan en otros vecindarios, en los lugares donde vive la mayoría de los trabajadores que han sufrido la pérdida de sus empleos.
Las consecuencias del coronavirus son muy notorias en zonas como el centro de Manhattan. Pero algunos de los peores problemas económicos se presentan en otros vecindarios, en los lugares donde vive la mayoría de los trabajadores que han sufrido la pérdida de sus empleos.

El daño económico del coronavirus es más visible en zonas como el centro de Manhattan, donde los lugares para almorzar han cerrado, los negocios permanecen a oscuras y las aceras que alguna vez estuvieron abarrotadas ahora están vacías.

Pero algunos de los peores problemas económicos se presentan en otros vecindarios, en los lugares donde vive la mayoría de los trabajadores que han sufrido la pérdida de sus empleos. En algunas zonas del Bronx, el sur de Los Ángeles o el lado sur de Chicago, el desempleo se concentra en niveles impresionantes. Y eso significa que otros problemas que todavía están por llegar (olas de desalojos, pobreza cada vez más profunda y más hambre infantil) también se concentrarán geográficamente.

Los datos con los que se calculan las tasas de desempleo en los vecindarios sugieren que hasta 1 de cada 3 trabajadores de esas zonas están desempleados, lo que aumenta profundamente las desigualdades económicas dentro de las ciudades.

En la ciudad de Nueva York parece que algunos sectores del Bronx experimentan la Gran Depresión mientras que el Upper East Side solo ha presentado modestas caídas en el empleo, según Yair Ghitza y Mark Steitz, analistas que han estimado el desempleo a nivel de zonas censales con base en las estadísticas económicas nacionales de los últimos seis meses.

El gobierno federal no reporta datos de desempleo a nivel de los barrios, por lo que los dos investigadores modelaron estas estadísticas detalladas de una manera que hace que sean consistentes con las encuestas estatales y nacionales. Descubrieron que, hasta finales de junio, la mayoría de los vecindarios del Bronx tuvieron tasas de desempleo superiores al 20 por ciento, mientras que la mayoría de los vecindarios al sur de la calle 95 en Manhattan tuvieron tasas de menos de la mitad de ese porcentaje.

Oficinas vacías

“Lo más destacado y visible en este momento son las empresas que están cerradas y los edificios de oficinas que permanecen vacíos”, dijo Ingrid Gould Ellen, profesora de política y planificación urbana en la Universidad de Nueva York. “Lo que aún no estamos viendo, al menos en sus manifestaciones físicas, es el marcado descenso de los ingresos en tantos vecindarios de la ciudad y en muchos barrios de clase trabajadora”.

“Pero las veremos”, predijo, y advirtió que la angustia concentrada en estos vecindarios también podría tener consecuencias a largo plazo para los niños que crecen allí.

Ghitza, el científico jefe de Catalist, una firma de datos demócrata, y Steitz, un director de TSD Communications, han intentado resolver un gran problema de multiplicación al modelar el desempleo a nivel de vecindarios. Por ejemplo, las estadísticas oficiales del gobierno estiman la proporción de residentes en una zona censal que son mujeres, la proporción que son afroestadounidenses y la proporción de personas que trabajan en los servicios de alimentos. Utilizando esos datos, Ghitza y Steitz crearon una conjetura bien fundamentada sobre el número de trabajadoras negras de los servicios de alimentos en cada zona; luego contrastaron esos datos demográficos con las estadísticas nacionales de desempleo mensual de las ocupaciones y los grupos demográficos que han sido más afectados durante esta recesión.

Ese enfoque permite medir las diferencias en el empleo en un nivel geográfico más preciso que el que reporta el gobierno. Pero estos cálculos también tienen un margen de error mucho más amplio que las estadísticas oficiales y los investigadores advierten que los resultados deben analizarse junto con otros datos cuando los legisladores los usen para intentar comprender una economía que parece estar en caída libre.

Los mapas resultantes captan la otra cara de los análisis recientes de datos del sector privado que muestran los lugares donde los restaurantes han reducido sus horas de trabajo o las tiendas han cerrado sus puertas. Esos cierres de negocios también se han dado en grupos, por lo regular en distritos del centro donde los oficinistas ya no están asistiendo a sus trabajos o en vecindarios ricos donde los residentes han reducido drásticamente sus gastos o han preferido irse por un tiempo.

Estos mapas reflejan los sitios a los que se trasladaban por las noches los empleados que trabajaban en esos restaurantes, bares, hoteles y oficinas.

Los mapas también resaltan cómo la naturaleza particular de la conmoción económica del coronavirus dividió a las ciudades en vecindarios donde la mayoría de las personas pueden trabajar desde sus hogares y barrios donde la mayoría no puede hacerlo. Y como este último grupo está compuesto, de una manera desproporcionada, por trabajadores negros e hispanos, esas tendencias también reflejan en gran medida los patrones de segregación racial en ciudades como Chicago.

En junio, el área metropolitana de Chicago tenía una tasa de desempleo del 15,6 por ciento, según la Oficina de Estadísticas Laborales. Pero Ghitza y Steitz estiman que, en algunos vecindarios del lado sur, donde predomina la población afroestadounidense, la tasa de desempleo fue de más del doble de ese porcentaje. Los vecindarios más ricos del lado norte tenían tasas de desempleo de menos del 10 por ciento.

En un análisis reciente, Peter Ganong, profesor de Economía de la Universidad de Chicago, detectó que los trabajadores del quintil más bajo de ingresos han experimentado tres veces más pérdidas de empleo que los trabajadores ubicados en el quintil más alto. Pero ese es el panorama si solo se toman en cuenta los ingresos. Ganong dice que, al considerar otras variables como la raza, la edad y el género, las diferencias podrían incrementarse aún más a nivel de las zonas censales.

Jesse Rothstein, un economista que forma parte de un equipo que ha estado rastreando los efectos de la pandemia en el mercado laboral, está de acuerdo en que es posible que los índices de desempleo en algunos vecindarios apenas se muevan, mientras que en otros registren grandes aumentos.

“No hay muchos trabajadores de los servicios de alimentos que vivan en Beverly Hills”, señaló.

En el caso de Los Ángeles, la pérdida de empleos parece ser más grave en el sur, en las zonas predominantemente hispanas de la ciudad.

Hasta ahora, se había logrado que estos vecindarios no experimentaran algunos de los peores efectos de la recesión gracias a una importante expansión federal de los beneficios por desempleo, que incluía pagos suplementarios semanales de 600 dólares a millones de trabajadores. Las investigaciones muestran que esa ayuda elevó significativamente el gasto de los trabajadores desempleados, y es probable que el dinero del gobierno haya circulado en los negocios de los vecindarios de quienes recibieron la ayuda.

Pero esos beneficios por desempleo se terminaron a fines de julio. Ahora, mientras el Congreso y la Casa Blanca discuten sobre la posibilidad de extender la ayuda y cómo podrían hacerlo, estos mapas ofrecen una perspectiva clara de cuáles son los vecindarios donde los trabajadores y las empresas que dependen de su gasto podrían verse más gravemente afectados si no reciben más ayuda federal.

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This article originally appeared in The New York Times.