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Beneficios y riesgos de la división del trabajo

·6  min de lectura
Distribuir tareas en las fábricas lleva a incrementar la productividad
Getty Images

Adam Smith seguiría hoy presente entre nosotros, aunque algo le hubiera impedido escribir más allá de las primeras 25 páginas de las aproximadamente 1000 que componen la Investigación acerca de la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones, cuya primera edición vio la luz en 1776. Estoy exagerando, pero toda exageración contiene un importante grano de verdad. ¿Cuál fue la aguda observación, planteada de manera inmejorable a través de un ejemplo, y por qué sigue siendo relevante?

Le trasmití estos interrogantes al escocés David Hume (1711-1776), para los filósofos, el autor de Tratado sobre la naturaleza humana, publicado en 1739, y para los economistas, un pionero en la explicación de cómo las balanzas de pagos de los países absorben un aumento del oro extraído de las minas ubicadas en alguno de ellos. Muy amigo de Adam Smith, comenzaron a cartearse en 1752; la última misiva que Hume le envió a Smith está fechada el 23 de agosto de 1776, dos días antes de fallecer. A propósito: Hume murió en el año en que Smith publicó La riqueza de las naciones. En la Milla Real, en la ciudad de Edimburgo, fueron instaladas sendas estatuas de estos dos ilustres escoceses.

–¿Qué explicó Adam Smith al comienzo de la obra?

–Los beneficios, pero también los riesgos y los límites, de la división o especialización del trabajo. Lo planteó de manera inmejorable, aludiendo a la fabricación de alfileres.

–Lo escucho.

–Imaginemos un par de fábricas exactamente iguales desde el punto de vista de sus instalaciones y de la cantidad y calidad del personal ocupado. Imaginemos también que la fabricación de alfileres requiere tres operaciones: el cortado de un rollo de metal en pedacitos, el afilado de una de las puntas de cada pedacito y la formación de la cabeza en la otra punta. Hasta aquí, todo igual.

–¿Cuál es la diferencia?

–Que en la primera fábrica, a cada operario se le encarga que realice las tres operaciones, mientras que en la segunda, a uno de ellos se le pide que corte el rollo, a otro que afile una de las puntas, y al tercero, que fabrique las cabezas.

–¿Y?

–Al final de una jornada laboral de igual duración, en la primera fábrica cada uno de los operarios habrá fabricado, digamos, 8 alfileres, en total 24; mientras que en la segunda nadie habrá fabricado alfileres, pero el esfuerzo conjunto habrá producido… 60 unidades.

–¿Magia?

–No, los 24 alfileres se transformaron en 60 por el aumento de la productividad resultante del incremento de la destreza que genera la división del trabajo. Ocurre en todos los órdenes de la vida. La abuela cambia mejor el pañal del nieto que la reciente madre, no por ser más inteligente, sino porque, como diría Jorge Porcel, “son años”.

–En términos de riesgos, esto no es gratis.

–Efectivamente. Si en la primera fábrica falta uno de los operarios, la producción total cae de 24 a 16 unidades; mientras que en la segunda disminuye de 60 a… ¡0! En una economía abierta el PBI por habitante es mayor que en una economía cerrada, pero aquella está a merced de las vicisitudes que ocurren en el resto del mundo.

–¿Y entonces?

–Hay que saber que las decisiones son únicas: no vale aplaudir la división del trabajo por los beneficios que genera en épocas florecientes, y condenarla en época de crisis.

–¿Qué se puede hacer al respecto?

–Una fábrica que necesita 100 operarios, probablemente haya contratado a 105; de la misma manera que un teatro de ópera contrata a un reemplazante del tenor principal, por si éste se queda afónico justo antes de una función. Además de lo cual, la prudencia aconseja operar con algún grado de diversificación productiva, y formar reservas precautorias.

–¿Está usted sugiriendo que la Argentina deje de producir soja, por si se desploma la demanda mundial del producto?

–Dije prudencia, no tonterías. ¿Le aconsejaría usted a Arabia Saudita que limitara su extracción de petróleo a su demanda interna, generando la correspondiente sustitución de importaciones? Una verdadera estupidez; como también lo sería que los saudís adoptaran sus decisiones sobre la base de que la demanda de petróleo será eterna y que sus reservas son infinitas.

–Además de los beneficios y los riesgos, Smith planteó la cuestión de los límites de la división del trabajo.

–Afirmó que el grado de especialización laboral depende del tamaño del mercado. Otra aguda observación. Ejemplo: un médico que atiende en Trenque Lauquen, es necesariamente mucho menos especializado que otro que atiende en Córdoba o en Buenos Aires; y cualquiera de estos dos, a su vez, menos especializados que quienes, ubicados en Nueva York o Boston, tienen por clientes a enfermos del mundo entero.

–Este último punto fue destacado por Allyn Abbott Young.

–Así es. En la monografía qué publicó en 1928, ignorada durante décadas –excepto, en su país, por Guido José Mario Di Tella–, y reflotada por Paul Michael Romer en 1986, Young explicó que la reducción de los costos unitarios a medida que aumenta el nivel de producción, no resultan tanto de un proceso que ocurre dentro de cada fábrica, sino que deriva de la mayor especialización. Dato crucial en economías pequeñas, como la de Uruguay, que se pueden beneficiar con la especialización, no por el tamaño de su mercado interno, sino por su apertura económica.

–¿Qué otras cosas valiosas dijo Smith, luego de las primeras 25 páginas?

–Que no es la benevolencia del carnicero la que nos da de comer, sino el hecho de que él (o ella) vive de eso. Ilustrando un hecho fundamental: el esfuerzo y la asunción de riesgos, tienen que tener sentido para quien los lleva a cabo. Principio que, desde Deng Xiao Ping, las autoridades chinas aplican; y desde Hugo Chávez, las autoridades venezolanas ignoran. Con resultados que están a la vista de, al parecer, casi todos.

–Lo cual se conecta con lo de la mano invisible.

–Así es. Nueva poderosa intuición, que sostiene que no hay conflicto entre que cada uno persiga su interés y el PBI resultante. Muchos años después, la intuición se convirtió en un teorema, cuando se especificaron las condiciones bajo las cuales opera el principio de la mano invisible. Así nació la literatura de las “fallas del mercado”, y la de las “fallas del Estado”; planteando, en cada caso, qué es mejor, si la mano invisible de la población o la mano visible del Estado. Ustedes, argentinos, de esto saben un montón.

–Tiempos modernos, la genial película de Charles Chaplin, ¿no es una crítica a la división del trabajo?

–Es más una crítica a que los tiempos y las características de la producción sean determinados por las máquinas. ¿Puede alguien ser un genio como cineasta y un miope como empresario? Puede: Chaplin insistió con el cine mudo cuando apareció el cine sonoro y pagó las consecuencias.

–Don David, muchas gracias.

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