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Las bicicletas eléctricas tuneadas se convierten en un problema en Alemania

LA NACION

Tienen el tamaño de una caja de fósforos y duplican la velocidad de las bicicletas eléctricas con unos pocos ajustes: se trata de los kits de tuneo con piezas para manipular el límite de velocidad de las bicicletas eléctricas.

Si bien adaptar estas bicicletas para andar por la calle es ilegal en Alemania y además peligroso, la demanda de estas "ayudas" para aumentar la velocidad es al parecer grande.

No hay números confiables sobre la cantidad de e-bikes "tuneadas" que circulan por las calles. Sin embargo, en Alemania hay un dato clave que es el que arrojan las estadísticas de accidentes: entre enero y noviembre de 2019 hubo 28 muertos más que viajaban en bicicletas eléctricas que hace un año.

De acuerdo con la Oficina Federal de Estadísticas, esto representa un aumento del 32,6 por ciento. En 2018, la cifra ya había aumentado un 28,4 por ciento en comparación con el año anterior.

De todas formas, los comerciantes online especializados siguen ofreciendo productos para sobrepasar el límite de velocidad de 25 kilómetros por hora de las llamadas "pedelecs".

Algunos de los dispositivos ofrecidos, que en algunos portales cuestan entre 89 y 249 euros (98 y 276 dólares) incluso permiten esconder la manipulación apretando un botón.

El truco legal que utilizan los vendedores

A pesar de que las bicicletas adaptadas están prohibidas, la venta de estos dispositivos en Internet está permitida. Para ello, los comerciantes se valen de algunos trucos jurídicos: advierten que no se pueden usar en la calle.

Dado que eso significa que se podrían usar en terrenos privados, es difícil prohibirlas, según explicó Siegfried Neuberger, gerente de la Asociación de la Industria de Vehículos de Dos Ruedas (ZIV, por su sigla en alemán).

Heiner Strothmann, portavoz de Control de Tráfico Alemania, una organización que enseña educación vial, indicó que el problema eran menos los kits de tuneo que las personas, que los usan de forma consciente e ilegal para andar por las calles. "En ese caso también deberíamos prohibir el alcohol para evitar accidentes causados por el alcohol", opinó.

Jens-Ulrich Müller, gerente del portal de comercio online ebiketuningshop.com, ve en la demanda de los clientes de estos dispositivos sobre todo el deseo de tener más control sobre las bicicletas eléctricas.

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"La bicicleta eléctrica pertenece al cliente. Éste va a configurar su bicicleta cómo y dónde lo necesita. Y usar su e-bike en la calle como puede", señaló. Añadió que muchos clientes le dijeron que, debido a que puedan andar a más velocidad, también lo hacen con más cuidado.

De acuerdo con Siegfried Neuberger, a muchos clientes no les quedan claros los riesgos jurídicos y técnicos que corren con estos pedelecs adaptados en la calle. "Los pedelecs tuneados son ilegales y no están preparados para que uno vaya aá50 kilómetros por hora o más", apuntó Neuberger.

Por otra parte, hay modelos de pedelec que pueden alcanzar de forma legal y sin manipulaciones los 45 kilómetros por hora, los llamados s-Pedelecs. Sin embargo, son considerados ciclomotores, y por eso no pueden ir por las bicisendas.

"Esto hace que muchos consumidores no quieran comprar un pedelec rápido", dijo Neuberger. Indicó que, sin embargo, no hay que olvidar que uno es un vehículo legal y el otro ilegal. La ZIV promueve por eso que las bicisendas puedan ser usadas también por los s-Pedelecs.

Las bicicletas eléctricas no sólo están extendidas entre los comerciantes online, sino que muchas personas las adaptan en casa. Youtube está lleno de mecánicos amateur tuneando sus bicicletas, algunos con millones de clics.

Un joven usuario, por ejemplo, asegura haber construido la bicicleta eléctrica más rápida del mundo, que llega a 72 kilómetros por hora, y afirma orgulloso no haber gastado un euro.

Dirk Zedler, gerente del Instituto Zedler de Tecnología y Seguridad en Bicicletas, afirma que el "tuning" es peligroso sobre todo porque otras partes de la bici, como el manillar, se "fatigan" por la manipulación y pueden romperse de repente. Como consecuencia, pueden producirse accidentes graves por caídas, a veces incluso la muerte.

Mientras, los fabricantes de estos dispositivos ofrecen la posibilidad de controlar la velocidad mediante un segundo sensor para intentar reducir los riesgos.

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Agencia DPA