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Boca ganó sin lucirse y, aun en la victoria, su gente intenta hacer tendencia el hashtag #TraiganUnDT

·4  min de lectura
Pol Fernández festeja el gol de Boca y sus compañeros se acercan a festejar
Pol Fernández festeja el gol de Boca y sus compañeros se acercan a festejar - Créditos: @Telam

Este irregular Boca del interinato de Hugo Ibarra tenía una prueba de aquellas en las que hay más para perder que para ganar. Si su equipo hubiera sufrido la eliminación de la Copa Argentina ante Agropecuario, el mayor golpe no se lo habría llevado el propio entrenador improvisado, sino que el foco habría estado puesto en esta transición extraña que decidió Juan Román Riquelme: aun en la victoria, la gente intenta hacer tendencia el hashtag #TraiganUnDT. No obstante, su conjunto se sacó de encima a los de Carlos Casares por 1-0 y el puño apretado es más por evitar nadar en mares turbulentos en los días previos a la verdadera medida: la del fin de semana en Avellaneda, ante Racing.

Fue el séptimo encuentro del ciclo encarado hasta ¿diciembre? por Ibarra y es la primera vez que enlazó dos éxitos consecutivos: por la Liga Profesional, además de ser el más goleado entre 28 equipos, ganó tres y perdió la misma cantidad, ostentando la llamativa marca de sólo triunfar en la Bombonera. El próximo domingo volverá a ir a un territorio ajeno en el que, encima, lo esperarán afilando los cuchillos. Primero, por el rencor que guardan por las formas con las que el conjunto xeneize los eliminó en las semifinales de la pasada Copa de la Liga (jugando muy mal y pasando por penales) y por el ruido que arrastró la reciente contratación de Sergio Romero. Todo un desafío.

La victoria brindó una sonrisa sin demasiada anchura y la tranquilidad de no sumar episodios caóticos. Después se verá qué sucede en esta competencia en la cual defiende el título. Alguna vez, cuando todavía estaba lejos de ser vicepresidente de la institución, Riquelme había descripto a Boca como “un equipo que de la nada encuentra un gol y te gana”. Algo parecido, aunque en un aspecto mayor, puede pasarle en lo próximo. Porque dentro de una caminata permanentemente trastabillante, con un clima en el que la tensión está a la orden del día y un técnico a cargo que la gente respeta, pero no acepta ni siquiera que se mantenga al frente hasta noviembre (en el supuesto fin del interinato), el club de la Ribera puede verse las caras ante un equipo de primera división recién en semifinales: pasaron Central Córdoba de Rosario, Ferro, ahora Agropecuario y en la siguiente fase estará Quilmes o Deportivo Madryn.

Es decir que las oportunidades están. Aunque –más que nunca- se trata de un plantel que no otorga garantías. Por eso es que la crítica mayor siempre se las lleva el Consejo de Fútbol por sus manejos con los jugadores, que los pierde de forma libre, y el interinato poco comprensible.

La celebración del plantel de Boca en Salta, tras el pase a los cuartos de final de la Copa Argentina
La celebración del plantel de Boca en Salta, tras el pase a los cuartos de final de la Copa Argentina - Créditos: @Twitter @Copa_Argentina

A propósito, si bien el juego fue en el estadio Padre Martearena de Salta, las tribunas estuvieron colmadas de azul y oro e, incluso, se acercaron hinchas al hotel. En ambos sitios hubo ovaciones para Agustín Rossi : tras el conflicto con los laderos de Riquelme que terminó derrumbando la renovación de su contrato, la gente le demuestra su aprecio y la valorización por sus buenas actuaciones.

“Vivo toda esta situación con tranquilidad y profesionalismo. Respeto a la institución, que es la que me da el lugar para trabajar. Con eso estoy muy feliz”, se refirió Rossi con respecto a su ánimo. “El apoyo de la gente estuvo siempre, estoy agradecido”, elogió.

Por ser Copa Argentina, el arquero fue Javier García. Claro, el hincha empezaba a tener pesadillas con una hipotética definición por penales sin que Rossi ocupara el arco: su presencia daba la seguridad de que, al menos, con un remate se quedaría. Agropecuario se defendió más de lo que atacó y, por lo tanto, el hombre de 35 años fue prácticamente un espectador. Desde el arranque y más allá de la locura de uno de uno de los defensores del equipo sojero: a los siete minutos, Leyendeker le pegó una inexplicable patada a Exequiel Zeballos que los sacó inmediatamente del campo. Al “Changuito”, por el dolor y el llanto; al stopper, por la expulsión.

Una situación que manejó bien el árbitro Ramírez. Había amonestado, pero cuando se dio cuenta de que los revolcones de Zeballos se debían a algo más que una simple infracción, cambió su fallo: seguramente advertido por sus asistentes, tuvo su propio “VAR” y terminó mostrando la roja.

En consecuencia, el aburrimiento de García se potenció más cuando “Pol” Fernández conectó con una volea de espaldas el córner lanzado por Oscar Romero, a los 24 minutos. Sí asustó con una mala salida en el tramo final que el rival no supo aprovechar. Boca pudo hacer algún gol más, pero marcó la diferencia con el mínimo resultado y avanzó a cuartos de final.