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Cae la inflación de la eurozona, reforzando las esperanzas de una menor subida del BCE

FOTO DE ARCHIVO: Un cliente de la tienda de comestibles Edeka lleva una máscara protectora, en Düsseldorf

FRÁNCFORT, 30 nov (Reuters) - La inflación de la zona euro se redujo mucho más de lo previsto en noviembre, lo que aumenta las esperanzas de que el crecimiento de los precios haya dejado atrás su punto álgido y refuerza los argumentos a favor de una ralentización de las subidas de tipos del Banco Central Europeo el próximo mes.

Los precios al consumo en los 19 países que comparten el euro crecieron un 10,0% este mes, tras un aumento del 10,6% en octubre, situándose muy por debajo de las expectativas del 10,4% registradas en una encuesta de Reuters entre analistas.

Sin embargo, el panorama general es más matizado, ya que los precios de la energía representaron la mayor parte de la desaceleración, mientras que la inflación de los precios de los alimentos, una de las principales preocupaciones, siguió acelerándose, según mostraron el miércoles los datos de Eurostat.

Con una inflación más de cinco veces superior a su objetivo del 2%, el BCE ha subido los tipos de interés al ritmo más rápido registrado este año, y sigue siendo probable una serie de subidas en los próximos meses, ya que el crecimiento de los precios tardará años en controlarse.

Sin embargo, tras dos subidas consecutivas de 75 puntos básicos, algunos dirigentes monetarios han abogado por una subida de 50 puntos básicos el 15 de diciembre, con el argumento de que la inflación está alcanzando por fin su punto máximo y que el BCE ha hecho suficientes progresos para justificar medidas más reducidas.

Aunque la moderación de la subida, que es la primera de la zona euro en más de un año, refuerza los argumentos a favor de una actuación más comedida del BCE el próximo mes, los datos del miércoles también podrían alimentar los temores de que la inflación sea más persistente de lo previsto.

El crecimiento de los precios subyacentes, excluyendo los volátiles precios de los alimentos y la energía, siguió siendo elevado, lo que probablemente desencadenará las advertencias de los conservadores de los bancos centrales, mientras que el crecimiento de los precios de los alimentos, una de las principales preocupaciones de los Gobiernos, muestra pocos indicios de haber tocado techo.

Si se excluyen los costes de los alimentos y el combustible, la inflación subió al 6,6% desde el 6,4%, contradiciendo las expectativas de descenso, mientras que una medida aún más limitada que también excluye el alcohol y el tabaco se mantuvo estable en el 5,0%.

La inflación de los alimentos procesados, el alcohol y el tabaco, una categoría clave, se aceleró al 13,6% desde el 12,4%

Otra complicación es que el crecimiento económico no se está resintiendo tanto como algunos habían previsto, por lo que el impacto deflacionista de una inminente recesión invernal será probablemente más limitado de lo que se pensaba.

La inflación, alimentada inicialmente por los cuellos de botella de la oferta en la reapertura pospandémica, se ve ahora impulsada por la subida de los precios de los alimentos tras una mala cosecha y por los elevadísimos costes de la energía como consecuencia de la guerra de Rusia en Ucrania.

Es posible que vuelva a subir en los próximos meses, sobre todo a finales de año, cuando se revaloricen los contratos energéticos, pero es probable que disminuya de aquí a 2023 y vuelva a situarse en torno al 2% a finales de 2024.

Un descenso tan rápido carece de precedentes históricos, advierten algunos dirigentes monetarios, lo que sugiere que es poco probable que la leve moderadción de noviembre cambie el rumbo de los tipos a lo largo del ciclo de endurecimiento monetario.

(Reporte de Balazs Koranyi; edición de Catherine Evans; editado en español por Flora Gómez)