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Cambio en el Cardenal Newman: cómo y cuántos son los colegios donde los chicos y las chicas estudian por separado

·9  min de lectura
El Colegio del Salvador
El Colegio del Salvador

“Todavía me impacta ver chicas en mi colegio [el Champagnat], pero me agrada que las haya, porque el otro formato prescribió”, escribió en su cuenta de Instagram el reconocido ambientador Martín Roig, junto a la foto del tradicional colegio Cardenal Newman, que anunció que, a partir de 2023, va a incorporar mujeres, un hito que rompe una tradición de 74 años de historia. “Qué bueno que ahora incluyan niñas. ¿Cuál será el próximo en aggiornarse?”, preguntó y esbozó algunos nombres.

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No son muchos los colegios que todavía subsisten con la modalidad diferenciada, así es como se llama a los que no son mixtos. Desde fines de la década del 90, la mayor parte de los casi 200 colegios tradicionales fueron sumándose a la tendencia de incorporar aulas en las que los chicos y las chicas estudien juntos. En la Capital, apenas quedan 16 instituciones que no son mixtas y todas pertenecen al sector privado. En la provincia de Buenos Aires, hay unas 20, varias de ellas están ubicadas en la zona norte del conurbano y son bilingües.

En la lista del Ministerio de Educación porteño, figuran el San Pablo, el San Martín de Tours, el Jesús María y el Colegio del Salvador, donde todos los años, según dijeron las autoridades, se consulta a los padres si quiere cambiar la modalidad. También hay instituciones de la colectividad judía, como Beth Rajel y la Escuela Religiosa Israelita Argentina, entre otras.

Los Molinos, el Buen Ayre, el Michael Ham, el San Juan Precursor y el Santa Inés son algunos de los más tradicionales de la provincia, a los que LA NACIÓN consultó, acerca de si estaban evaluando un cambio de modalidad.

“Nuestro proyecto educativo que lleva más de 50 años siempre tuvo este estilo y las familias lo valoran. Por una cuestión de practicidad, ahora nos pidieron unificar campos de deportes los fines de semana para chicas y chicos. Pero nada más”, dice Gerardo Tumini, director general de Los Molinos (para varones) y el Buen Ayre (para mujeres). “Para nosotros, acompañarlos en la enseñanza es más sencillo. Porque encontramos la forma de motivar a cada grupo por separado. Ellas son más del trabajo colaborativo y de expresar emociones, ellos van por la competencia. Aprovechamos lo que naturalmente se les da más fácil y en la preadolescencia no tenemos conflictos con el cambio de etapa ni con la diferencia en la maduración”, afirma. “Además esta educación favorece que no haya estereotipos. Los coros de varones tiene 60 chicos, cuando en los mixtos hay muy poquitos. Lo mismo pasa con las chicas en las actividades de ingeniería. Participan mucho y no ocurre en otros colegios”, indica.

En el interior del país también existen otras 200 instituciones donde los chicos y las chicas estudian por separado, pero ya no con un perfil de elite educativa, sino más vinculadas a las formas más tradicionales de educación religiosa. Es decir, colegios administrados por monjas, para ellas, y por sacerdotes, para ellos.

El colegio Newman
Facebook


El Colegio Cardenal Newman anunció que en 2023 incorporará alumnas con la apertura de un jardín de infantes (Facebook/)

Aulas separadas

En el país, el cambio llegó con fuerza a partir de la primera década de 2000. El colegio Michael Ham, tradicionalmente de mujeres, comenzó en 2003 la construcción de una sede en Nordelta que abrió en 2006 y es completamente mixta. Mientras que el edificio fundacional, en Vicente López, que se emplaza en lo que era la residencia de la familia Ham, sigue siendo solo para mujeres. Por muchos años, en sus enormes patios y barrancas se festejaba de forma conjunta los cumpleaños de 15 de todas las alumnas. Y para las fechas festivas, las estudiantes concurren a clases con moños en el peinado.

“El Michael es un solo colegio con dos sedes. Ya hace 18 años que decidimos abrir la de Nordelta, porque registramos un cambio en las preferencias de la sociedad y de las exalumnas jóvenes hacia el sistema coeducativo”, explica Lucía Monsegur, directora de Relaciones Institucionales de la institución.

El sistema combinado es parte de la transición para muchos colegios. Lo llaman coeducación y es una modalidad que les permite, aunque la matrícula sea de mujeres y varones, asignar aulas separadas dependiendo del contenido. Esa fue la transición que hizo el Pilgrims’ College, que desde 1982, en San Isidro dictaba clases a varones solamente. En 2001, con la apertura de la sede de Pacheco, se decidió que las nuevas camadas fueran mixtas. “Fue un cambio gradual. Dos años después, hicimos lo mismo en San Isidro, empezando por el nivel inicial para que las familias que habían optado por un colegio solo de varones no se vieran afectadas”, explica Jerónimo Cernadas, director ejecutivo del Pilgrims. “Pero comprobamos que la sociedad ya estaba preparada para ese cambio. Siempre hay algún exalumno nostálgico que le cuesta ver el patio de la escuela con chicas, pero hubo buena aceptación”, recuerda.

El patio del San Martín de Tours será el "techo" de un estacionamiento
Ricardo Pristupluk


San Martín de Tours, un instituto porteño para varones (Ricardo Pristupluk/)

Cuando optaron por pasar de un sistema diferenciado a uno mixto, dedicaron dos años a evaluar ventajas y desventajas. Tenían la opción de que la sede de Pacheco fuera para mujeres y la de San Isidro, para varones. Finalmente, cuenta, que había más ventajas en la modalidad mixta. “Desde lo pedagógico, ellos y ellas tienen tiempos distintos de aprendizaje. Con ese argumento, por mucho tiempo se los separó. Pero vimos que en realidad no era así, sino que se enriquecen mutuamente. No hay uno mejor que otro, sino hay ventajas y desventajas. Hubo un aprendizaje institucional. Cuando incorporamos las chicas, al principio había cierto temor sobre cómo iban a recibirlas, a compartir los ámbitos. Pero después vimos que valía la pena y que las ventajas eran mayores”, dice Cernadas.

De todas formas, el sistema de coeducación implica que aunque el grado o curso es mixto, para distintas materias, mujeres y varones aprenden separados. “Por ejemplo, para matemática es mejor que estén juntos, pero en clases de profundización, de educación emocional, catequesis o educación física los separamos”, apunta.

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Iniciativa

¿Cuáles son las desventajas del colegio mixto? “Los lazos de amistad cuando tenés un curso con otras 25 personas de tu mismo sexo son más fuertes. En cambio, cuando la mitad son del sexo opuesto, se reduce el universo para encontrar a tus mejores amigos. Pero eso, también puede ser relativo, porque trabajamos para que la integración sea por camadas”, afirma Cernadas.

Silvia Iturriaga es consultora escolar. Desde hace 30 años, asiste a padres en busca de colegios para sus hijos. “En general estas instituciones son elegidas por exalumnos. No es muy frecuente que hoy los padres busquen colegios solo de mujeres o de varones. Hace unas décadas, sí. Hubo un gran cambio hace unos 20 años, y la caída en la matrícula y el cambio social llevó a muchos colegios tradicionales a cambiar su propuesta y hacerse mixto”, explica.

“Fue un proceso complicado. No es solo abrir la matrícula. No es solo permitir que entren. Incluir al otro sexo es más amplio que eso. Por mucho tiempo se insistió en el argumento de que las chicas y los chicos aprenden a distinto ritmo. Pero hay que pensar que la escuela no es solo cuestión de contenidos. La socialización de pares es tanto o más importante. Y pensemos que en estos colegios, los chicos crecen en un mundo de pares en el cual no existen pares del sexo opuesto. Muchas veces, chicos o chicas que se cambian a una escuela mixta tienen supuestos problemas de conducta. En realidad, no es así, sino que faltan habilidades sociales para relacionarse con los otros. Y la característica de esta época es poder relacionarse con la diversidad”, completa Iturriaga.

Existe una Asociación Latinoamericana de Centros de Educación Diferenciada que tiene su sede en la Argentina y que nuclea a los establecimientos que sostienen la enseñanza separada de varones y mujeres. Son pocos, pero bastante activos en sus redes. Ellos revindican que el aprendizaje alcanza niveles de mayor excelencia cuando las chicas y los chicos estudian por separado. Puede parecer anacrónico. Sin embargo, son parte de una tendencia mundial que sostiene esta idea, no con argumentos de tipo religiosos. Al mismo tiempo que muchas escuelas tradicionales abandonaron la modalidad de solo varones o solo chicas, otras impulsan esta teoría. De hecho, en los últimos 15 años, en los Estados Unidos, por ejemplo durante la presidencia de Barack Obama, se abrieron escuelas diferenciadas y se sostuvo el argumento de que mejoró el rendimiento escolar y disminuyó la deserción. Lo mismo ocurrió en algunos países de Europa, como Alemania. En España, por el contrario, el movimiento despertó una cadena de acciones judiciales por considerarlo discriminatorio.

“En mi casa, todos los hombres íbamos al Champagnat y las mujeres al Jesús María. Entiendo de qué se trata este tipo de educación. No lo viví traumáticamente. Era la única opción que había”, cuenta el ambientador Roig. “Todos los profesores eran hombres, muchos hermanos maristas. A la tarde, había profesoras de inglés. Había muchas normativas que hoy pienso que fueron muy ridículas y eran estériles. Porque no servían de nada. No fue algo traumático, pero si no tenías hermanas, no se interactuaba con mujeres hasta que eras grande. Esto parece absolutamente de otro tiempo y celebro que las instituciones se estén actualizando”, agrega.

“El subsistema de educación de gestión privada encuentra su fundamento en la libertad constitucional de enseñar y aprender”, apunta Martín Zurita, secretario ejecutivo de la Asociación de Institutos de Enseñanza Privada de la Provincia de Buenos Aires (Aiepba). “Con independencia de la postura personal que cada uno pueda sostener con relación a la cuestión de la enseñanza mixta o no, cada familia tiene el derecho de procurar una escuela que ofrezca un proyecto educativo que valora. Del otro lado, debe haber escuelas con libertad de generar propuestas de interés. Si por idiosincrasia, una familia o una escuela optan por una población estudiantil no mixta, es importante respetar esta postura si deseamos vivir en una sociedad signada por la diversidad”, dice.

“El avance de los colegios hacia una modalidad mixta es deseable, virtuosa y se adecúa a los tiempos que se viven. En los últimos 25 años estamos viendo cambios más sustantivos que los que se registraron a lo largo de la historia. Esto trae nuevos retos a las instituciones educativas. Se requiere que los ambientes en los que los chicos aprendan se parezcan cada vez más a la realidad donde van a realizar sus vidas como ciudadanos. Naturalmente se irán diluyendo las fronteras dentro del aula. La sociedad no tiene una representación por géneros”, indica Rodolfo De Vincenzi, vicepresidente de la Confederación de Asociaciones de Institutos de Enseñanza Privada (Caiep).

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