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Carne artificial: la alternativa que hace temblar a los ganaderos y aún provoca recelo en consumidores

¿Comer carne sin matar animales? Parece imposible, pero está más cerca de hacerse realidad de lo que podríamos esperar. Un grupo de científicos de la Universidad de Bath está investigando la manera de producir carne cultivada en el laboratorio que, según ellos, podría convertirse en una fuente de proteína alternativa para alimentar al mundo.

Pero, ¿cómo es posible generar carne de manera artificial? Basándose en el modelo de toda la vida de alimentar al ganado con pasto y luego comer su carne. Pero, en este caso, estos científicos plantean un modelo en el que hay que ‘dar de comer’ a células cultivadas. La clave son las células madre de los animales, en este caso, del cerdo. Según explican los responsables del estudio, se debe tomar una muestra del tejido del porcino, aislar las células madre para luego poder cultivar otras y después ponerlas en un biorreactor. Así hasta que sea posible la expansión masiva de esas células. El resultado final sería un tejido muscular puro, sin el sabor y la textura familiar de la carne. Algo que los científicos ya tienen en cuenta y cuya solución pasa por añadirle células de grasa y células conectivas.

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Foto: Getty

Por tanto, si se consiguieran desarrollar estos biorreactores a gran escala y de manera rentable y segura, se podría proporcionar carne cultivada a nivel mundial, sin que tenga que morir ni un solo animal, ya que siempre se tendrá esa célula primaria o ‘inmortal’ disponible.

Pero esta ‘carne’ puede resultar interesante no solo para aquellos más concienciados con el sufrimiento animal, sino también para aquellos más comprometidos con el medio ambiente. Y es que, según explica Richard Parr, dirigente para Europa de The Good Food Institute, esta carne de laboratorio necesita mucha menos tierra y mucho menos agua. Por si fuera poco, emite menos dióxido de carbono y puede ayudar a acabar con problemas como la contaminación de alimentos. El único ‘pero’, podría ser respecto al gasto energético, del que no se conocen resultados concretos.

Las ventajas son múltiples, pero los retos también. En primer lugar, el proyecto aún se encuentra en fase de desarrollo. No se sabe a ciencia cierta si se podrá lleva a cabo de manera masiva o no, aunque se estima que en cinco años podría estar vendiéndose. Por otro lado, existe todo un sector ganadero tradicional que tratará de resistir y que, en caso de que no lo consiga, sufrirá un gran desempleo. En cuanto a este punto, los investigadores dicen apostar por un sector en el que ambas ramas puedan convivir, si bien el sector primario tradicional se centrará más en la agricultura.

El último de los retos, y quizás el más importante es conseguir la aprobación de la opinión pública. La sombra de ‘la falacia naturalista’, la creencia de que lo natural es bueno y lo no natural malo, es, seguramente, quien más puede hacer peligrar el éxito de la propuesta. Según encuestas realizadas en Reino Unido, el 40% de la población no comería esta carne, mientras que el 20% sí. Otros sondeos muestran que los más jóvenes y aquellos con mayor nivel adquisitivo parecen estar más abiertos a la idea.

Por tanto, queda por ver si esta nueva carne y todas sus ventajas conseguirán acabar con esa mala reputación y convencer al consumidor. Al final será su paladar quién decidirá el éxito o fracaso de la iniciativa.

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