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Carrera ejecutiva. Cuatro excusas a erradicar para evitar el autoboicot

·5  min de lectura
El miedo al fracaso muchas veces lleva a paralizar a las personas
Shutterstock

Las excusas son un veneno. La lista de kilómetros de largo de las razones que puede encontrar una persona para justificar sus temores y “protegerse” del riesgo destruirá lentamente sus sueños. Pero si aprende a neutralizar esas excusas cuando surgen, es posible deshacerse de los temores que representan.

A continuación cuatro de las mayores excusas de la gente que les impiden dar el salto.

Liderazgo adaptado. Aprender de la ola que nos revolcó

1. “Tengo miedo a fallar”

Esta es la razón número uno por la que la gente duda en dar un salto en su carrera. Y lo mejor es aprender que el fracaso es inevitable. En mi caso, lo aprendí a una edad temprana. Cuando yo estaba creciendo mi papá siempre me preguntaba: “¿Qué es lo peor que te sucedió hoy?” Es una pregunta extraña pero la hacía por un motivo. Buscaba aumentar mi resiliencia y hacerme más fuerte. Yo le contaba mi último fracaso humillante y él decía lo siguiente. “El mío es tanto peor que el tuyo, Kim. Escucha lo que me sucedió hoy”.

Mi familia celebraba quien había tenido el peor fracaso. Normalizamos el fracaso y desarrollamos la tolerancia al mismo porque eso le quitaba su poder y su misterio. Normalizarlo hizo que el potencial de fracaso fuera menos aterrorizante.

Décadas más tarde llamé a mi papá para contarle uno de mis últimos fracasos. Hice un gran negocio global que iba a dar a la compañía suficiente dinero para operar un año entero y, al mismo tiempo, uno de mis empleados clave, el ingeniero que necesitábamos que construyera el contrato que acabábamos de cerrar, renunció. ¿Cómo iba a cumplir el contrato sin él? ¿Cómo podía hacer algo sin él? Estaba tan segura de que no se podía superar este fracaso. No hay manera de que mi papá pueda superar esto, pensé para mí. Pero él demostró que me equivocaba. Dijo: “Kimmy, fue bueno tu intento. Eso suena duro, pero yo te supero. Ayer no pude pagar los sueldos por lo que estaba por llamarte para pedirte un préstamo”. Le di el préstamo, pagó la nómina y su negocio se recuperó.

¿Qué aprendí de mi papá? El fracaso duele. Mucho. Fallar es inevitable. No se puede evitar. El fracaso lo derriba a uno. Pero cuando uno es derribado tiene que levantarse y seguir adelante.

2. “No tengo suficiente tiempo”

Mi papá siempre creyó que ocho horas era sólo medio día de trabajo. Cuando yo estaba creciendo, al volver de la escuela me preguntaba: “¿qué harás el resto del día?” (Eso en el lenguaje de mi papá quería decir “¡consigue un trabajo!”.) Trabajé en una pizzería. Trabajé en una tienda de golosinas local mientras estudiaba. Doblé camisas e hice inventario en The Gap. Vendí trajes en Nordstrom. A lo largo de mi juventud trepé la escalera de los empleos después de clases. No tener suficiente tiempo fue una excusa que mi papá eliminó antes de que siquiera pudiera usarla.

Si uno pasa ocho horas durmiendo y ocho horas trabajando aún le quedan ocho horas de oportunidad. ¿Qué hace en sus ocho horas de libertad? Incluso si elimina dos horas para cosas como hacer ejercicio, cocinar y hacer mandados, aún le quedan seis horas libres. Trabajar en dos empleos también requiere tiempo, por lo que cuando se está en esa situación hay que ser creativos para maximizar horas e ingresos. Pero si, al igual que mucha gente, dedica sus ocho horas libres a mirar TV, jugar videojuegos o meterse en las redes sociales puede cambiar sus prioridades en ese tiempo para concentrarse en su meta.

Se puede empezar por algo pequeño. Dedicar 30 minutos por día o unas pocas noches por semana a trabajar en favor de sus objetivos de largo plazo y prepararse para dar el salto. Y probablemente se encuentre queriendo poder dedicar aún más tiempo.

De eso no se habla. El tabú del poder y la influencia en las empresas

3. “No tengo plata”

Esta es una excusa que aparece frecuentemente cuando hablo con aspirantes a emprendedores. Mi tendencia es responder con una pregunta: “¿para qué necesita ese dinero?” Una cosa es si está planeando lanzar un restaurante o una línea de productos y necesita capital para provisiones, ingredientes, alquiler o costos de producción. Pero en una era en la que muchos negocios pueden conducirse enteramente online, puede lanzar algo nuevo con un par de cientos de dólares en su cuenta bancaria. Se puede empezar por hacer marketing a través de las redes sociales, intercambiar capacidades con sus amigos para tener infraestructura y un sitio en la red.

¡Por supuesto que estoy fuertemente a favor de ahorrar dinero activamente! Si ahorrar siempre ha sido difícil para usted hágalo de la misma manera en la que encontró más tiempo: de manera lenta y consistente.

La falta de tiempo es otra de las excusas a las que apelan las personas para no asumir riesgos
Shutterstock


La falta de tiempo es otra de las excusas a las que apelan las personas para no asumir riesgos (Shutterstock/)

Una opción es ahorrar el 5% del sueldo o cualquier monto pequeño al que pueda comprometerse de modo continuo. Cree una cuenta por separado para este dinero de modo de no tentarse de usarlo en otros gastos y vea cómo crece su balance. Todo esto puede hacerse mientras se trabaja a tiempo completo, esperando a tener los ahorros suficientes para dar el salto.

4. “No tengo experiencia”

Soy una mujer que lanzó una compañía publicitaria online desde la mesa de su cocina luego de unos pocos años en la fuerza laboral: esta no es una buena excusa. Vivimos en un tiempo en que hay recursos ilimitados para ayudarlo a obtener la capacitación y la experiencia que necesita. En internet hay respuestas, cursos y grupos online que lo ayudarán a cubrir los baches de su experiencia.

La escritora Jenny Lawson cuenta una historia acerca de grabar la versión en audio de su primer libro Hagamos de cuenta que esto nunca sucedió y lo que hizo para seguir adelante pese a su falta de experiencia. “Se escuchaba el temblor de mi voz en cada palabra… Me excusé para tomar agua pero en secreto le estaba mandando un correo a mi amigo, Neil Gaiman, para preguntarle cómo lograba grabar tantos de sus libros y sonar tan tranquilo y con dominio de sí mismo. Su respuesta vino casi de inmediato: hacé de cuenta que sos buena haciéndolo”.

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