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Casas de paja contra el cambio climático

La idea era tan vieja que parecía revolucionaria. En el año 2014 la primera casa de paja de España estaba lista para ser habitada aunque en Zamudio, un pueblo de Vizcaya, la humedad y la lluvia fueran las compañeras más frecuentes. Nada de eso impidió que sus inquilinos decidieran que la paja era el material idóneo para resguardarse.

Ecopaja Biocontrucciones Modulares se convertía así en la primera empresa de todo el país que levantaba una vivienda de este tipo, aunque llevaran tiempo perfeccionando sus técnicas a base de un material que se empieza a abrir paso a cuentagotas. Si hasta ese momento, la compañía situada en Vitoria había levantado casas con estructura y cierre de paja, en el 2014 habían logrado perfeccionar su técnica hasta conseguir unos módulos de paja prensada capaces de armar cualquier tipo de edificación.

En España solo el 2% de los nuevos edificios se construyen con madera / Getty Images

“No tiene sentido construir sin tener en cuenta el consumo energético de la vivienda”, explica José Veiga, gerente de Ecopaja y arquitecto técnico, que apunta a su aislamiento térmico como una de sus grandes ventajas. A esto hay que añadirle el consiguiente ahorro energético de las edificaciones, responsables de un tercio de las emisiones contaminantes arrojadas a la atmósfera.

Los nuevos retos que impone la realidad ambiental han obligado a la Unión Europea a poner fecha de caducidad al derroche energético y, a partir del 2020, las viviendas deberán construirse bajo severos criterios de eficiencia energética. La directiva europea exige que las edificaciones tengan un consumo casi nulo de energía, y la mayoría que consuman, producida por fuentes renovables. En este contexto, los materiales de construcción son los grandes aliados. “Pero la legislación no se refiere a los materiales, sino a la eficiencia energética”, se lamenta Veiga, puesto que han predominado materiales como el hormigón y el ladrillo.

Las llamadas viviendas pasivas, cuyo consumo energético es casi nulo, tiene en la paja y la madera una ventaja natural con respecto a otros materiales, pues multiplican hasta quince veces su aislamiento y ahorran hasta un noventa por ciento el consumo de energía. Pero en España, dice el responsable de la única constructora de casas de paja acreditada por la Entidad Nacional de Acreditación (ENAC), “estamos a años luz”.

Siguiendo la estela de países como Francia, en la última década se han desarrollado este tipo de construcciones que rompen moldes, tendencia y prejuicios, a pesar de que desde la administración no se promuevan. “Esas faltas de las administraciones lo suplimos nosotros con garantías, que son incluso mayores. Y aunque para lo ecológico haya más reticencias, se va abriendo”, dice Veiga.

Para edificar este tipo de viviendas, cuyos materiales no contempla el Código Técnico de Edificación (CTE) –la guía normativa de las construcciones–, Ecopaja ha sometido los módulos de paja prensada a pruebas de laboratorio para conseguir el certificado; una acreditación que facilita permisos de obra, seguros para la vivienda y el trabajo al arquitecto, que no tiene que justificar el uso de estos módulos. “La acreditación nos faculta para que el arquitecto se quite la responsabilidad”, explica Veiga, que incide en que si bien no son los únicos en construir con este material, sí los que han sometido sus paneles a pruebas de laboratorio.

Los mitos sobre la conservación y envejecimiento de materiales como la madera o la paja han espantado a muchas personas/ Cortesía de Ecopaja

Es así como se ha demostrado el potencial de los bloques como aislantes acústicos y térmicos. Sus paneles, además, soportan cargas de hasta 45 toneladas y, en las pruebas contra el fuego –quizá el mayor interrogante en una casa de paja…– ha multiplicado por cinco los límites legales.

Al contemplar una de estas casas, nada hace sospechar que entre las paredes de piedra, cal o pintura, haya bloques de paja, uno de los componentes más ecológicos. Se calcula que para conseguir 3,5 metros cúbicos de madera, un haya tiene que crecer durante un siglo. Sin embargo, esa misma cantidad de paja lo provee poco más de media hectárea de campo de trigo en solo un año.

Los orígenes de estas construcciones lo encontramos en el estado de Nebraska, Estados Unidos, en 1908. Los granjeros no tenían otro material varios kilómetros a la redonda y decidieron construir su hogar con lo que les rodeaba: trigo. Con el tiempo, a estas viviendas se las conoció como ‘estilo Nebraska’ y su conservación, lejos de caducar, son muy duraderas. La casa Feuillette, construida en 1920 en Loiret, Francia, hoy sigue habitada.

Poco tienen ya que ver las técnicas de hace un siglo con las actuales, y los fardos de paja han evolucionado a unos bloques prensados que lo asemejan a la madera, un material común en la construcción, aunque en España su uso sigue siendo anecdótico y del que se sirve la empresa para armar el esqueleto de las viviendas que proyecta.

Si en los países nórdicos el 98 por ciento de las construcciones son de madera y en Alemania el cuarenta, en España solo el dos por ciento de los nuevos edificios se construyen con este material, cuyas ventajas –y tradición– lleva décadas arraigadas en otros países. A sus cualidades aislantes, se suma que provienen de fuentes renovables y que, durante su ciclo de vida, los árboles y plantas capturan dióxido de carbono. Tampoco existen emisiones de CO2 durante su construcción, ni siquiera durante una futura demolición. Otra ventaja comparativa, añade José Veiga, es que los edificios de hormigón que actualmente se construyen no tienen más de cincuenta años de esperanza de vida, por lo que se rompería el mito de su durabilidad.

Las viviendas pasivas cuentan con un consumo energético es casi nulo y tienen en la paja y la madera una ventaja natural con respecto a otros materiales / Getty Images

Frente a eso, el empleo de la madera –“ha evolucionado a un nivel estratosférico”– se abre como uno de los grandes protagonistas de la construcción del siglo XXI, después del predominio del hormigón en el siglo XX. “Somos la primera generación que estamos construyendo a sabiendas de lo que hacemos, de cómo actúan los hongos o como protegerlos”, prosigue el responsable de la empresa. Aun así, las inercias son demasiado fuertes y los mitos sobre la conservación y envejecimiento de este tipo de materiales han espantado a muchas personas, que ahora se chocan con una realidad: la urgencia de restringir la contaminación.

La directiva europea que limitará el consumo energético se une a la incipiente conciencia ecológica que multiplicará las viviendas de paja y madera en los próximos años a pesar del sobreesfuerzo en demostrar que los materiales ecológicos son viables, trabas que Veiga achaca a lobbys e intereses, como ya sucedió con el impuesto al sol.

Con todo, el aumento de la demanda de estos edificios en España se empieza a materializar en esqueletos de madera entre bosques de hormigón, con proyectos innovadores nunca vistos y a expandir el número de casas de consumo casi nulo; una tendencia al alza que tiene en Noruega su máximo exponente: el rascacielos de madera más grande del mundo. Tiene 85 metros y fue inaugurado en marzo pasado, aunque en Japón ya proyectan una torre de madera de 350 metros.