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Censurar libros no es la labor de comisionado de Miami-Dade apoyado por Trump | Opinión

Por muy entusiasta que parezca —a los 8 años ya sabía que quería ser político—, el nuevo comisionado de Miami-Dade, Kevin Cabrera, lamentablemente ha comenzado mal.

A esa tierna edad, se puso un traje formal para ir a Publix con su madre para que sus futuros electores se llevaran una buena primera impresión.

Y pasó a estudiar política en la Universidad Internacional de la Florida (FIU) y a trabajar en campañas de alto perfil que deberían haberle enseñado mucho, como la reelección fallida del presidente Donald Trump en 2020.

El candidato a la Comisión del Distrito 6 del Condado de Miami-Dade, Kevin Marino Cabrera, celebra en Beat Culture Brewery en Miami, después de derrotar al comisionado de Coral Gables, Jorge Fors, el martes 8 de noviembre de 2022.
El candidato a la Comisión del Distrito 6 del Condado de Miami-Dade, Kevin Marino Cabrera, celebra en Beat Culture Brewery en Miami, después de derrotar al comisionado de Coral Gables, Jorge Fors, el martes 8 de noviembre de 2022.

Pero Cabrera, de 32 años, aparentemente no ha aprendido nada acerca de lo que hace que este país, que incluye a Miami, a pesar de que la tradición local indique lo contrario, sea una democracia.

Privilegio cubano

Hace dos semanas, Cabrera prestó juramento en una ceremonia afuera de la icónica Torre de la Libertad de Miami.

El lunes pasado, Cabrera comenzó su labor como comisionado del condado con ataques en Twitter y emitiendo una declaración condenando a FIU y a la querida tienda Books & Books de Coral Gables por presentar a la autora de un libro sobre la política de inmigración cubana el 9 de diciembre.

A Cabrera no le gusta que el libro de la autora Susan Eva Eckstein —“Cuban Privilege: The Making of Immigrant Inequality in America” (“Privilegio cubano: la creación de la desigualdad de los inmigrantes en América,” —examine el hecho bien conocido de que durante seis décadas a los inmigrantes cubanos se les ha otorgado privilegios de legalización poco después de su llegada, privilegios que otros grupos no obtienen.

Prerrogativas, como el estatus legal permanente después de un año bajo la Ley de Ajuste Cubano promulgada por el demócrata Lyndon B. Johnson en 1966; privilegios acompañados del acceso a derechos sociales y a un camino expedito hacia la ciudadanía.

En contraste, los haitianos, por ejemplo, son habitualmente rechazados, y el camino hacia la legalización para aquellos que lo logran, es largo y costoso.

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No ha leído el libro

El comisionado no se había molestado en leer el libro antes de abrir la boca para hablar sobre un evento que no tiene nada que ver con su puesto en el gobierno local no partidista.

Pero es alumno y devoto de Trump.

Hundirse en el río revuelto de la demagogia es parte de la descripción de su labor.

Se une a la nueva clase de enjuiciadores irreflexivos surgidos en esta ciudad al afirmar que el libro está “lleno de odio” y es “anticubano”. Una opinión formada con base en un breve videoclip de la profesora de la Universidad de Boston que vio.

Eckstein señaló en una entrevista con el Miami Herald que ella no aboga por la eliminación del privilegio cubano, sino por un trato justo y similar para otros inmigrantes. Tales detalles, sin embargo, son ignorados por Cabrera, cuyo motivo no es informar sino incitar y crear una narrativa falsa.

Cabrera, que debería atender las prioridades del Distrito 6, tales como los problemas del deterioro de la calidad de vida, en lugar de decirle a su alma mater y a una librería local qué es lo que deben hacer, confunde la labor académica con escritos de relaciones públicas.

Extralimitación del papel de la Comisión

También se excede en los límites de sus funciones en la Comisión de Miami-Dade.

Usar su posición en el gobierno del condado para crear una atmósfera hostil en torno a un autor y a un evento en el distrito que representa es repugnante, pero tiene precedentes.

En 2018, fue uno de los participantes entusiastas (una vez más) de una protesta que incluyó a miembros del grupo de odio Proud Boys y que se convirtió en una escena de turba aterradora. El grupo trató de impedir que la presidente de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y la congresista Donna Shalala celebraran una reunión en la oficina congresual de Shalala.

No, el comportamiento democrático no es el fuerte de Cabrera. Pero su acto inicial de censura supera incluso su intento de silenciar a líderes demócratas.

Escenificó su toma de posesión donde refugiados como mis padres, que huyeron de la censura en Cuba, tramitaron su documentación en la década de 1960.

Mi madre tuvo que renunciar a ser maestra, vocación que adoraba, porque la obligaban a enseñar comunismo; y aquí tenemos al hijo de exiliados cubanos que intenta imponernos cuál académico podemos o no leer, qué autor puede o no puede presentarse en la ciudad.

Lo más vergonzoso es la evocación que hace Cabrera de los ex presos políticos cubanos que, según él, viven en su distrito, como excusa para atacar el evento. Tonto, ¿de verdad crees que fueron a la cárcel para luego presenciar la ruina de la democracia en Miami?

Intenté hablar con Cabrera. Pero su jefe de personal, Manny Orbis, a quien me dijeron se le había entregado mi mensaje, no se molestó en devolverme la llamada.

Están tan seguros de que tienen a los votantes en el bolsillo.

Dorado y privilegiado

El libro de Eckstein actualiza lo que han escrito otros académicos, incluyendo a cubanoamericanos como Alejandro Portes, de la Universidad de Princeton. No es innovador y tiene algunos errores históricos y estereotipos, me dice un académico que está en el proceso de su revisión.

Pero, aun así, se debe discutir y debatir.

Eso espero que ocurra en la nueva encarnación del evento, ahora programado para FIU por el presidente de la universidad, quien también agrego un conocido activista político contra el régimen cubano, Orlando Gutierrez-Boronat, tras enfrentar serias críticas por invitar a Eckstein.

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Al comienzo de su distinguida carrera de sociólogo, Portes, quien ha enseñado en la Universidad de Miami, fue el profesor que acuñó el término “Exilio dorado” y lo entrevisté al respecto.

Portes no se refiere al éxito en el exilio, sino específicamente al tema que ahora revisita Eckstein: el hecho de que los cubanos comenzaron su historia en este país con un estatus preferencial; de ahí lo “dorado”.

Esta mano amiga allanó el camino al éxito obtenido a base de trabajo duro, haciendo posible que los cubanoamericanos se convirtieran en uno de los grupos minoritarios más poderosos políticamente de Estados Unidos.

Es trágico que esto ahora esté sirviendo como herramienta para socavar la democracia.

En cuanto a nuestra reputación como comunidad, ni académicos como Eckstein ni periodistas que informan sobre los hechos la están arruinando. Son los extremistas como Cabrera y su base crédula y fanática quienes exhiben constantemente comportamientos deplorables.

Su falta de respeto por los valores democráticos, como la libertad académica, escriben feos capítulos de la historia cubanoamericana en Miami.