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“El colegio no era para mí”, dice el adolescente que se hizo millonario acumulando Bitcoins

Jose Mendiola

Más de tres millones de dólares en la cuenta corriente y apenas 19 años… ¿Lo imaginas? Esta situación privilegiada es una realidad para Erik Finman, un joven que lleva con gala el título de ser el millonario de Bitcoins más joven del globo. Y ahora, además, emprendedor en un proyecto también atípico: crear un traje robótico.

Pero atípica es, en realidad, toda la historia que rodea a este peculiar y afortunado personaje. Todo comenzó cuando nuestro protagonista contaba apenas con doce primaveras, y ni siquiera movido por un interés emprendedor, sino por una causa ‘revolucionaria’. El jovencísimo Finman, en lugar de jugar a la consola o ver la ‘tele’ se encontraba inmerso, de la mano de su hermano, en una causa anti-sistema en la que Wall Street era el enemigo a derribar.

“El Bitcoin era revolucionario”, explica a Digital Trends, “y aprendí todo sobre él en medio de una cortina de gases lacrimógenos”, en referencia a las manifestaciones a las que asistía acompañando a su hermano mayor. Se trataba de un movimiento contracultural que, paradójicamente, le situó a sí mismo del lado de los millonarios.

La desconfianza, en aquel tiempo, hacia los gobiernos comenzaba a brotar y Finman fue creciendo en medio de ese ambiente casi antisistema. Fue en este clima cuando su abuela regaló mil dólares a cada uno de sus nietos, y nuestra estrella hizo algo que el resto ni se planteó: invertir esta suma en esa cosa tan rara y alternativa como los Bitcoin, que en la época, apenas contaban con tres años de vida.

“La gente sabía que aquello crecería y pensaban que era posible ganar dinero con eso, pero nadie lo veía en realidad como una inversión”, confiesa. “En el fondo, nadie creía del todo en la moneda”, y Finman lo compara con la paz mundial, que todo el mundo la desea “pero nadie cree que llegará algún día en realidad”. Pero su ‘paz’ llegó.

“A lo máximo que puedes aspirar es a un McDonalds”, dijo su profesor

Antes de bañarse en ‘bitcoins’ el joven tenía claras algunas cosas, como por ejemplo, su odio a la escuela: “el colegio no era para mí”, sostiene, “uno de mis profesores me animaba a que lo dejara y fuera a trabajar a un McDonalds, porque eso es a lo máximo que podía aspirar en mi vida”. Y de hecho, le hizo caso… en parte. Finman dejó la escuela pero en lugar de preparar Big Macs se centró en su inversión en la criptomoneda.

En sus inicios inversores, un Bitcoin cotizaba a apenas 10 dólares , o dicho de otra manera, su inversión de 1.000 dólares alcanzaba los 100 Bitcoins, y su pequeña obsesión se centró en amasar cada vez más monedas. “Era como un videojuego en el que tienes que amasar cada vez más monedas; yo acumulaba más y más bitcoins”.

A los quince el regalo de su abuela ‘vitaminado’ cotizaba ya hasta acumular los 100.000 dólares y el adolescente creció hasta hacerse emprendedor: vendió sus Bitcoins y creó su propio negocio online. Se trataba de una red de profesores virtuales repartidos por el globo, y como podrás suponer, su negocio aceptaba la criptomoneda como forma natural de pago. Y nuevamente, su inversión volvió a crecer acumulando otra vez bitcoins.

Llegó entonces la gran montaña rusa de la moneda, cuyo valor se disparaba exponencialmente por minutos. “Eran momentos muy divertidos”, confiesa, “la cosa no paraba”. Esta locura llegó a alcanzar su máximo el 17 de diciembre del año pasado, cuando un solo Bitcoin cotizaba por 17.900 dólares (un máximo, por cierto, que duró apenas unas horas y luego cayó en picado).

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Este ir y venir nos lleva a la actualidad, en la que Finman amasa 401 bitcoins, equivalentes a 3,3 millones de dólares. Así las cosas, el Enfant terrible convertido en millonario, llegó a un arreglo con sus padres: su lograba alcanzar su primer millón antes de los 18, evitaría tener que ir a la universidad (conviene recordar que sus progenitores ostentaban el título de doctor universitario). Y claro, lo logró.

A partir de ese punto y sin apenas barba en su rostro, Finman se dedicó a viajar por el mundo impartiendo charlas en diversos foros o en TedX y respondiendo el clásico AMA de Reddit. Con el dinero llegó la fama y se fue forjando el mito: se fotografiaba en Instagram viajando en jets privados o tumbado en camas rodeado de dólares.

Lo del traje robótico

Pero en esta orgía de éxito y dinero fácil, Finman tuvo el arrojo de mostrar su parte más seria: crear una empresa que desarrolle un traje robótico. Cercano a Doctor Octopus en los cómics de Spider Man, la idea es dotar de brazos adicionales y mecánicos a su portador (no sabemos muy bien con qué objetivo).

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El proyecto se hizo tangible gracias a una impresora 3D y ocho motores acompañados por micro controladores permitieron a estos brazos llegar a moverse y levantar objetos. El portador gestiona las articulaciones mediante un par de mandos situados en los dedos de cada mano y a su vez en sendos guantes.

Pero atentos porque aquí nada es lo que parece: la idea del traje robótico no es del propio Finman, sino del hijo de uno de sus mentores, Aristou Meehan de (redoble de tambor) 10 años. Nuestra estrella invirtió parte de su capital en desarrollar el traje y contrató “un grupo de ingenieros” para hacerlo realidad.

Por el momento, no es más que un prototipo que mostrar en demostraciones, pero todos parecen emocionados con el resultado. “De momento es como un ‘concept car’”, explica, “pero ya he hablado con bastantes personas que están interesadas en hacer algo con ello”. Y aquí no termina su faceta de empresario: ha recuperado su primera empresa de formación que vendió con 15 años y la quiere convertir en toda una auténtica plataforma de formación. Genio y figura.