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Comida chatarra en el aula: a ocho años de las reglas para prohibir estos productos, escuelas de la CDMX mantienen su venta

Comida chatarra en escuelas
Comida chatarra en escuelas

A ocho años de que se prohibió vender comida chatarra dentro de las escuelas de educación básica, en la mayoría de estas instituciones en la Ciudad de México esto no se acata y se siguen vendiendo alimentos poco saludables, de acuerdo con análisis de organizaciones civiles y recorridos realizados por este medio.

La venta de comida chatarra continúa en hasta nueve de cada 10 planteles, de acuerdo con la organización El Poder del Consumidor. 

Una niña de seis años que cursa primero de primaria en una escuela privada, el Instituto Estado de México, en la alcaldía Azcapotzalco, cuenta que en la cooperativa de su colegio venden papas, Doritos, Paletas Payaso, chocolates, Mamuts y jugos artificiales, entre otros productos. 

Los Lineamientos generales para el expendio y distribución de alimentos y bebidas preparados y procesados en las escuelas del Sistema Educativo Nacional, emitidos en 2014, señalan especificaciones en cuanto a porción y contenido calórico para la venta de alimentos. 

Liliana Bahena, coordinadora del proyecto Mi Escuela Saludable, de El Poder del Consumidor, explica que esto implica que no se pueden vender productos como refrescos, refrescos light, leche de sabor con azúcares añadidos, botanas saladas, galletas, pastelitos, dulces, postres y yogur con azúcar.  

En contraste, los lineamientos señalan que el refrigerio escolar deberá estar constituido por verduras y frutas, cereal integral (se recomienda consumir una porción de amaranto, avena o granola sin azúcar añadidos), oleaginosas (cacahuates, pepitas, chícharo seco, semillas de girasol, almendras, nueces) y leguminosas (garbanzos o habas secas sin sal), así como agua simple potable a libre demanda.

Pero en la Secundaria Diurna 300, también en Azcapotzalco, tres alumnos refieren que, aunque ya no venden refrescos, papas o pastelitos, en su escuela siguen vendiendo frituras, dulces, jugos enlatados y en envase de cartón. 

Dos alumnas de la Escuela Primaria Revolución, en la colonia Doctores, alcaldía Cuauhtémoc, también dan testimonio de que los lineamientos para prohibir la comida chatarra no se cumplen a cabalidad donde ellas estudian. 

Las niñas —en presencia de sus madres— dicen a Animal Político que, aunque ya no venden refrescos ni papas, sino tortas, tacos, enchiladas y alimentos similares, aún hay venta de helados y galletas. 

De las puertas hacia afuera

A la salida de la Escuela Primaria Revolución, dos vendedores ambulantes ofrecen helados, paletas y botanas. Más adelante, un puesto vende banderillas, nachos y jugos, y al lado hay otro con todo tipo de dulces. 

“De nada sirve que adentro de la escuela intenten ya no vender tanta comida chatarra si los niños salen y ven aquí en el camino los puestos con dulces, papas y helados. Muchos los piden y los papás se los compran”, dice la mamá de una de las niñas, que pide omitir sus nombres. 

A la vuelta de la entrada de la primaria, donde se ubica un jardín de niños, a las 12:30 sale una pequeña de la mano de su mamá. Lo primero que ve son los cuatro puestos de papas y dulces que hay justo frente a la puerta. 

En la Escuela Secundaria 300, de Azcapotzalco, afuera hay puestos donde venden hasta chicharrones preparados y dorilocos. 

El estudio de El Poder del Consumidor, realizado en junio de 2022, analizó 77 primarias de la CDMX y halló que nueve de cada 10 incumplen con la regulación.

De estas, 73% vendían comida rápida, 75% botanas dulces, 67% botanas saladas y 40% bebidas azucaradas, incluyendo refrescos. En tanto, 90% tenían venta ambulante de comida chatarra afuera de los planteles y 76% no contaban con acceso a agua potable para consumo.

Por qué no se cumplen los lineamientos

De acuerdo con los lineamientos que regulan la venta de comida en las escuelas, la autoridad educativa es la encargada de vigilar su cumplimiento, mientras que la autoridad sanitaria debe ayudar en el cumplimiento de los mismos. 

Respecto de la venta de alimentos afuera de los colegios, los lineamientos señalan que las autoridades educativas deberán trabajar coordinadamente con las autoridades municipales y con los órganos políticos administrativos de las demarcaciones de la CDMX, y demás instancias competentes, para promover acciones para regular el comercio ambulante próximo a las escuelas. 

Este medio solicitó una entrevista tanto a la Secretaría de Educación Pública (SEP) como a la Secretaría de Salud para saber por qué no se cumple la regulación en materia de expendio y distribución de alimentos y bebidas en las escuelas, pero hasta el cierre de edición no hubo respuesta. 

Liliana Bahena, de El Poder del Consumidor, señala que una barrera importante para que se cumpla con estos lineamientos, además de la oposición de las industrias de bebidas y alimentos, es la falta de supervisión y las omisiones para llevarlos a la práctica

Por ejemplo, la regulación marca que debe haber un Comité de Establecimientos de Consumo Escolar, conformado en su mayoría por madres y padres de familia, encargados de desarrollar “las acciones relacionadas con la preparación, expendio y distribución de alimentos y bebidas en la escuela, de acuerdo con los criterios de una alimentación correcta”. 

En las escuelas visitadas, nadie sabe de la existencia de estos comités. 

Una profesora que pidió no ser identificada señala que donde ella trabaja esta instancia no existe. 

“En el 97% de las escuelas no está conformado este comité, al que además se le delega la responsabilidad de la implementación directa de los lineamientos, y claro que los padres de familia podrían ser un acompañamiento importante en esto, pero no se les explica que hay que conformarlo, no se les da capacitación, no hay manuales, nada”, dice Bahena.

Lee: Más cerca de las pantallas y la comida chatarra: las consecuencias de la pandemia en niños

Respecto de la supervisión y vigilancia del cumplimiento de los lineamientos, aunque la regulación señala que corresponde a SEP con apoyo de Salud, la investigadora advierte que las autoridades tienden a “echarse a bolita”. 

“Salud, por ejemplo, dice que el ente que debe regular es SEP, porque a ellos ni siquiera los dejan entrar a las escuelas sin autorizaciones previas. Y es que sí hay una ambigüedad en los lineamientos porque no dice qué área de las dependencias es la encargada de hacer el monitoreo y las evaluaciones”, dice Bahena. 

Un supervisor de la SEP que pide omitir su nombre dice que sí se hacen visitas para verificar que en las cooperativas no se venda comida chatarra y se solicita a los directores firmar una carta compromiso, “pero es difícil lograr que cese la venta, porque se hacen las visitas, se apercibe a los directores y después vuelven a vender los alimentos chatarra y no se pueden estar haciendo visitas constantemente”. 

La profesora entrevistada cuenta que los dueños de las cooperativas deben pasar una cuota diaria a la escuela de alrededor de 100 o 150 pesos, y si venden solo alimentos saludables no sacan buena ganancia porque los alumnos están acostumbrados a comprar golosinas. 

Esto forma un círculo en el que juegan la falta de vigilancia, los intereses de vendedores y los hábitos de alimentación, y pierde la salud de niñas y niños, advierten las organizaciones civiles. 

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