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Comprar comida o pagar renta, las decisiones en una economía pandémica

Tiffany Hsu
·5  min de lectura
Lonn Dugan, quien trabaja en mercadotecnia digital y páginas web, fuera de su casa en Sylvania, Ohio, el 17 de abril de 2020. Dugan y su esposa han perdido cada uno un tercio de sus ingresos durante la pandemia. (Erin Kirkland/The New York Times)
Lonn Dugan, quien trabaja en mercadotecnia digital y páginas web, fuera de su casa en Sylvania, Ohio, el 17 de abril de 2020. Dugan y su esposa han perdido cada uno un tercio de sus ingresos durante la pandemia. (Erin Kirkland/The New York Times)

Dos días antes de enterarse de que iba a perder su empleo, Lissa Gilliam gastó cientos de dólares en línea en productos para bebé.

Gilliam, una futura madre de 37 años, había planeado pedirles a los padres de su comunidad en Seattle cochecitos usados y pijamitas de segunda mano, en un intento por evitar generar más desechos. Pero cuando la pandemia del coronavirus empezó a azotar la región, se dio cuenta de que comprar nuevos artículos entregados en cajas era una opción más segura.

Gilliam calculó que podía costear el gasto, ya que ganaba 50 dólares la hora como contratista de tiempo completo para el diseño de planes de estudio en una organización sin fines de lucro. Pero días después, el 2 de abril, su empleador redujo sus horas y le comunicó que su contrato culminaría a principios de mayo, pocas semanas antes de su fecha de parto.

De repente, como muchas otras personas, Gilliam se volvió muy consciente de sus gastos. Ella y su esposo, un profesor de física de bachillerato, ahora hacen un doloroso recuento diario de sus prioridades financieras: ¿Es realmente necesaria esa suscripción mensual de 5 dólares a esa revista digital? ¿Cuánto cuesta regar el jardín? ¿Cuándo tendrán que recurrir a sus escasos ahorros?

“Estamos bien por ahora”, dijo Gilliam. “Pero todo se nos podría venir abajo”.

A medida que millones de estadounidenses pierden sus empleos, les recortan sus salarios, cierran negocios y reciben familiares en sus hogares, están siendo obligados a repensar en dónde invierten su dinero. Incluso antes de que pueda empezar la lucha por nuevos empleos, las personas están lisonjeando a sus acreedores, buscando trabajos esporádicos o simplemente reduciendo gastos para poder superar estas primeras semanas desconcertantes.

Leer: EEUU: 26 millones de personas solicitan ayuda por desempleo

Para algunos, la pregunta es tan simple como si vale la pena comprar un rompecabezas en línea para evitar volverse “locos por el corona”, y cuánto habría que darle de propina a la persona que lo entregue. Pero para muchos otros, lo que está en juego es mucho mayor: sacrificar un buen historial crediticio para pagar algunas cuentas antes que otras, o cenas racionadas de ramen para que el dinero de los víveres se pueda destinar a un fondo de emergencia.

Para ahorrar dinero, se ha reducido el nivel de las calefacciones, se han ignorado los descuentos para comprar ropa y se han cancelado las pólizas de seguros de automóviles. Las ventas minoristas cayeron un 8,7 por ciento en marzo, por mucho el descenso mensual más grande que se haya registrado. Los planes para visitar Disneylandia, que está cerrado, se convirtieron en recreaciones en casa y largas sesiones de Disney Plus, Animal Crossing y Zoom. Las rentas siguen sin pagarse, mientras las personas esperan semanas a que llegue la ayuda gubernamental.

Lissa Gilliam junto a su esposo, Matiah Shaman, en el exterior de su casa en Seattle, el 8 de abril de 2020. (Ruth Fremson/The New York Times)
Lissa Gilliam junto a su esposo, Matiah Shaman, en el exterior de su casa en Seattle, el 8 de abril de 2020. (Ruth Fremson/The New York Times)

“Un choque económico como este podría tener un impacto a largo plazo en las personas que solían pensar que eran cautelosas, que no despilfarraban su dinero, pero que no tenían que preocuparse por poder pagar la renta o adquirir alimentos”, afirmó Stephanie Aaronson, directora de estudios económicos de la Institución Brookings. “Podrían acumular más deudas, lo que hará que sea más difícil realizar gastos en el futuro, o podrían simplemente sentirse menos seguros, lo que podría estimular el ahorro y potencialmente frenar la recuperación”.

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Gilliam y su esposo están esperando que el estado de Washington otorgue beneficios por desempleo a los contratistas, a través de un programa federal de ayuda, y esperan beneficiarse de un programa estatal de asistencia a la maternidad una vez que nazca su hija. Han suspendido un proyecto de construcción de 15.000 dólares que tenían planeado para la parte posterior de su casa. Cancelaron sus membresías del gimnasio, su servicio de emisión en continuo de Hulu, varios periódicos, e incluso el software Adobe Acrobat que Gilliam utiliza para su trabajo como diseñadora.

“Estamos intentando no gastar dinero”, dijo Gilliam. “Como mínimo, tenemos que conservar nuestra casa”.

Incluso cuando la economía era fuerte, muchos estadounidenses ya estaban en una situación financiera precaria, mal preparados para soportar inconvenientes incluso menores y a menudo agobiados por las deudas.

En general, afirmó Aaronson, las finanzas familiares “estaban en relativas buenas condiciones hasta hace seis semanas, de hecho, estaban bastante saludables”. Ahora, dijo ella, “comparado con lo que normalmente vemos en una recesión, hay muchos más hogares experimentando una pérdida total de ingresos”.

Esas personas dependen en la actualidad de la buena voluntad de extraños y de programas de corporaciones y del gobierno para permanecer de pie. Se han suspendido los embargos hipotecarios y los desalojos conexos. A los prestatarios se les han otorgado reducciones de deuda estudiantil. Los bancos, fabricantes de automóviles, empresas de servicios públicos y otras compañías han establecido programas de aplazamiento de pagos.

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Más de la mitad de los adultos con bajos ingresos en Estados Unidos han afirmado que tendrán dificultades para pagar las cuentas de este mes, en comparación con un cuarto de sus contrapartes con ingresos medios y el 11 por ciento de los que pertenecen al nivel de ingresos más altos, de acuerdo con una encuesta realizada por el Centro de Investigaciones Pew a casi 5000 adultos. Los investigadores definieron un ingreso anual de 37.500 a 112.600 dólares para un hogar de tres personas, como “de ingresos medios”. En general, más de la mitad de los que esperan una inyección de estímulo federal usará la mayoría del dinero para cubrir gastos esenciales, mientras que una de cada cinco personas dice que tiene planeado ahorrar esos fondos.

Para crear un amortiguador financiero, muchas personas están buscando trabajos temporales o de medio tiempo. Las búsquedas de “trabajos desde casa” se incrementaron en un 126 por ciento en marzo en FlexJobs, mientras que el tráfico en ese sitio web se disparó un 58 por ciento en comparación con el año pasado. En Upwork, las compañías están buscando personas que ofrezcan soporte técnico a sus empleados confinados en casa o que redacten mensajes corporativos sobre el coronavirus.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company