U.S. markets open in 5 hours 31 minutes
  • F S&P 500

    3,287.75
    +24.25 (+0.74%)
     
  • F Dow Jones

    26,565.00
    +156.00 (+0.59%)
     
  • F Nasdaq

    11,231.75
    +99.00 (+0.89%)
     
  • RTY=F

    1,547.10
    +7.90 (+0.51%)
     
  • Petróleo

    37.25
    -0.14 (-0.37%)
     
  • Oro

    1,881.80
    +2.60 (+0.14%)
     
  • Plata

    23.41
    +0.05 (+0.20%)
     
  • dólar/euro

    1.1740
    -0.0010 (-0.08%)
     
  • Bono a 10 años

    0.7810
    0.0000 (0.00%)
     
  • Volatilidad

    39.22
    +5.87 (+17.60%)
     
  • dólar/libra

    1.3001
    +0.0013 (+0.10%)
     
  • yen/dólar

    104.2900
    -0.0110 (-0.01%)
     
  • BTC-USD

    13,137.40
    -104.56 (-0.79%)
     
  • CMC Crypto 200

    260.47
    -12.22 (-4.48%)
     
  • FTSE 100

    5,582.80
    -146.19 (-2.55%)
     
  • Nikkei 225

    23,331.94
    -86.57 (-0.37%)
     

Gobiernos limitan privacidad personal para contener el coronavirus

Natasha Singer and Choe Sang-Hun
·7  min de lectura
Un miembro del personal de un hospital ataviado con equipo de protección habla con una mujer que podría estar infectada de coronavirus en la entrada del Centro Médico Nacional de Seúl, Corea del Sur, el miércoles 26 de febrero de 2020. (Jean Chung/The New York Times)
Un miembro del personal de un hospital ataviado con equipo de protección habla con una mujer que podría estar infectada de coronavirus en la entrada del Centro Médico Nacional de Seúl, Corea del Sur, el miércoles 26 de febrero de 2020. (Jean Chung/The New York Times)

En Corea del Sur, las agencias gubernamentales están usando los videos de las cámaras de vigilancia, los datos de localización de los teléfonos inteligentes y los registros de compra de las tarjetas de crédito para rastrear los movimientos recientes de los pacientes con coronavirus y establecer las cadenas de transmisión del virus.

En Lombardía, Italia, las autoridades están analizando los datos de ubicación que transmiten los teléfonos móviles de los ciudadanos para determinar cuántas personas están cumpliendo la orden de cierre de emergencia que emitió el gobierno y las distancias típicas que recorren todos los días. Alrededor de un 40 por ciento se mueve “demasiado”, comentó hace poco un funcionario.

En Israel, la agencia de seguridad interior del país está lista para usar una provisión de datos de ubicación de teléfonos móviles —que en un inicio tenía como objetivo operaciones de contraterrorismo— con el propósito de ubicar a los ciudadanos que tal vez hayan estado expuestos al virus.

A medida que los países de todo el mundo se apresuran para contener la pandemia, muchos están desplegando herramientas de vigilancia digital como un medio de control social, incluso poniendo las tecnologías de las agencias de seguridad en contra de sus propios ciudadanos. Es comprensible que las autoridades sanitarias y de seguridad estén ansiosas por emplear todas las herramientas que tengan a su disposición para dificultar el paso del virus… aunque las iniciativas de vigilancia amenacen con alterar el precario equilibrio entre la seguridad pública y la privacidad personal a una escala mundial.

No obstante, si ahora aumenta la vigilancia para combatir la pandemia, después podría abrir las puertas de manera permanente a formas más invasivas de fisgoneo. Es una lección que aprendieron los estadounidenses tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, según expertos de las libertades civiles.

Casi dos décadas más tarde, las agencias de seguridad tienen acceso a sistemas de vigilancia de más alto poder, como el rastreo detallado de una ubicación y el reconocimiento facial: tecnologías que podrían readaptarse para satisfacer agendas políticas como las políticas antinmigración. Los expertos en libertades civiles advierten que el público tiene pocos recursos para desafiar estos ejercicios digitales del poder del Estado.

“Con mucha facilidad, podríamos terminar en una situación en la que estaríamos empoderando a los gobiernos federal, estatal y local para que tomen medidas en respuesta a esta pandemia, las cuales en esencia cambiarían la envergadura de los derechos civiles de los estadounidenses”, comentó Albert Fox Cahn, director ejecutivo de Surveillance Technology Oversight Project, una organización sin fines de lucro con sede en Manhattan.

Como ejemplo, Fox citó una ley que promulgó el estado de Nueva York este mes que le da autoridad ilimitada al gobernador Andrew Cuomo para gobernar conforme órdenes ejecutivas durante crisis estatales como pandemias y huracanes. La ley le permite emitir directrices de respuestas de emergencia que podrían invalidar cualquier regulación local.

Un aumento en la vigilancia y la divulgación de los datos sobre la salud de la gente también ha deteriorado la capacidad de las personas para mantener privado su estado de salud.

Este mes, la ministra de salud de Australia reprendió públicamente a un doctor a quien acusó de haber tratado a pacientes aunque él estuviera experimentando síntomas del virus: en esencia lo expuso al nombrar la pequeña clínica en Victoria donde trabajaba con un puñado de otros médicos.

Sin embargo, en emergencias como las pandemias, la privacidad debe sopesarse con otras consideraciones, como salvar vidas, mencionó Mila Romanoff, directora de datos y gobierno en el Pulso Mundial de las Naciones Unidas, un programa de la ONU que ha estudiado el uso de los datos para mejorar las respuestas de emergencia frente a epidemias como el ébola y el dengue.

“Necesitamos tener un marco que permita la cooperación de las empresas y las autoridades públicas, para posibilitar una respuesta adecuada por el bien del público”, comentó Romanoff. Para reducir el riesgo de una violación a la privacidad de las personas a causa de los esfuerzos de vigilancia del coronavirus, los gobiernos y las empresas deberían limitarse a recolectar y usar solo los datos necesarios, según Romanoff. “El desafío es determinar cuántos datos son suficientes”, agregó.

Sin embargo, el rápido ritmo de propagación de la pandemia está dando pie a que los gobiernos implementen una variedad de medidas para la vigilancia digital en nombre de sus propios intereses, con poca coordinación internacional relacionada con su eficacia y pertinencia.

En cientos de ciudades chinas, el gobierno les está exigiendo a los ciudadanos que usen un software en sus teléfonos que clasifica de forma automática a cada persona con un código de color —rojo, amarillo y verde— para indicar el riesgo de contagio. El software determina quiénes son las personas que deberían estar en cuarentena o tener permiso para entrar a lugares públicos como el metro. Sin embargo, los funcionarios no han explicado el proceso que realiza el sistema para tomar las decisiones y los ciudadanos se han sentido incapaces de cuestionarlo.

En Singapur, el Ministerio de Salud ha publicado información en línea sobre cada uno de los pacientes con coronavirus, a menudo con un detalle impresionante, incluidas relaciones con otros pacientes. La idea es advertir a los individuos que tal vez se hayan cruzado en su camino, así como alertar al público sobre las ubicaciones que podrían estar infectadas. Una entrada del sitio web del Ministerio de Salud menciona que el “Caso 219 es un hombre de 30 años”, quien trabajaba en “la estación de bomberos de Sengkang (50 Buangkok Drive)”, está “en un habitación de aislamiento en el Hospital General de Sengkang” y “es pariente del Caso 236”.

En Estados Unidos, recientemente, la Casa Blanca habló con Google, Facebook y otras empresas tecnológicas sobre una idea para utilizar los datos agregados de localización provenientes de los teléfonos móviles de los estadounidenses para vigilar al virus con fines de salud pública. Posteriormente, varios miembros del Congreso escribieron una carta para instar al presidente Donald Trump y al vicepresidente Mike Pence a proteger todos los datos relacionados con la propagación del virus que las empresas hayan recolectado de los estadounidenses.

Los preceptos digitales podrían permitir que los gobiernos ejerzan más control social y hagan cumplir el distanciamiento social durante la pandemia. También generan preguntas sobre los límites de la vigilancia.

En enero, el gobierno de Corea del Sur comenzó a publicar historias detalladas sobre la ubicación de todas las personas que habían salido positivo en las pruebas del coronavirus. El sitio web ha incluido una enormidad de información, como detalles sobre las fecha en las que las persona salieron a trabajar, si usaron mascarillas en el metro, el nombre de las estaciones donde transbordaron, los salones de masajes y bares de karaoke que frecuentaban y los nombres de las clínicas donde les hicieron la prueba del virus.

No obstante, en una sociedad tan conectada como la surcoreana, las multitudes del internet abusaron de los datos de los pacientes que divulgó el sitio del gobierno para identificar a la gente por su nombre y acosarla.

Mientras otros países aumentaban la vigilancia, Corea del Sur tuvo una reacción inusual. Este mes, los funcionarios del sector salud, preocupados de que las invasiones a la privacidad pudieran desalentar a los ciudadanos de realizarse la prueba del virus, anunciaron que iban a pulir sus lineamientos para compartir los datos a fin de minimizar el riesgo de los pacientes.

“Equilibraremos el valor de la protección de los derechos humanos y la privacidad de los individuos con el valor de la defensa del interés público para evitar infecciones masivas”, comentó Jung Eun-kyeong, directora de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Corea del Sur.

Noticias relacionadas

Coronavirus: la advertencia de la OMS sobre los estafadores que están usando el nombre de la organización para robar dinero y datos

El ingenio al poder: nuevas ideas de negocio que surgen con el coronavirus

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company