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Cooperación y confianza en la victoria alimentan la resiliencia de los ucranianos

Leópolis (Ucrania), 6 dic (EFE).- Los ucranianos se apoyan en la cooperación y en la creencia en una eventual victoria mientras intentan encontrar una nueva normalidad bajo los ataques rusos, que implican apagones extendidos por todo el país.

"Estoy preparada para cualquier escenario", dice Olena Mykula mientras enciende velas en su apartamento de un quinto piso de un bloque de viviendas en Leópolis (oeste).

Otro ataque con misiles ha terminado solo hace pocas horas. Aunque partes de la ciudad siguen sin luz su efecto psicológico inmediato no parece probablemente ser el que los planificadores de esos ataques pueden haber tenido en mente.

"Me asusté en el primero o segundo ataque pero ahora es que simplemente creo que nuestras fuerzas armadas nos protegen", explica Olena. Normalmente sigue meticulosamente las alertas antiaéreas y se protege en el baño, donde tiene almacenados los suministros de emergencia.

Esta vez abandonó el refugio doméstico a media alerta porque ella y su marido, Olexandr, seguían los informes de redes sociales al minuto sobre el desarrollo del ataque, en el que 60 de 70 misiles rusos no lograron acertar en sus objetivos.

Esta pareja joven es una de los millones de ucranianos que tienen que pasar varias horas al día sin electricidad. Hay programados cortes de luz para garantizar que todo el mundo recibe al menos algo de corriente puesto que el sistema de distribución no puede abastecer toda la demanda.

Además de las velas, Olena emplea varias guirlandas alimentadas con baterías para iluminar la habitación: "me siento mucho mejor si hay luz dentro a pesar de los apagones", dice.

También muestra una batería portátil que la pareja usa para alimentar su router de wi-fi, sus móviles y ordenadores portátiles durante los apagones. Otro está por llegar y un pequeño infiernillo de acampada sirve para calentar la comida.

No todo el mundo puede comprar esos aparatos, cuyos precios se han disparado por el incremento de la demanda, reconoce Olena. Como los distintos barrios de la ciudad se quedan sin luz por turnos, la pareja ya ha alojado o visitado a amigos durante los cortes.

Olena cree que puede confiar en la ayuda de sus amigos que tienen dispositivos con los que ella no cuenta, como grandes bombonas de gas para cocinar. Si las cosas se ponen realmente difíciles está también la opción de ir a una oficina de su empresa, que tiene un generador eléctrico.

Vika, cuyo apartamento está en el piso dieciocho de un bloque en Odesa, dice a EFE que la ayuda entre los ciudadanos es la clave. Su edificio apenas ha sufrido cortes de electricidad o de agua.

Junto con sus vecinos, ha invitado a los residentes menos afortunados de las casas vecinas y que sufren los cortes más a menudo a venir para darse una ducha, recargar sus dispositivos y lavar la ropa.

Cuenta que aunque hay algunos negocios que lo están pasando mal, muchas tiendas tienen ahora generadores que permiten que la gente recargue sus móviles y puedan hervir algo de agua.

Algunos de sus amigos con niños están pensando en emigrar al extranjero a quedarse con familiares si no hay luz aunque en realidad nadie quiere marcharse. Vika está decidida a quedarse en Odesa con su marido.

"Sabíamos que el invierno sería muy difícil así que muchos se han preparado", afirma. "Muchos sufren por la falta de luz pero los ataques de nervios se alternan con los sentimientos patrióticos", asegura.

Volodímir Stanchyshyn, psicoterapeuta autor del libro "Cambios emocionales en la guerra", dice a EFE que los ucranianos están comprensiblemente cansados después de nueve meses de guerra y que los apagones son una nueva fuente de ansiedad.

Destaca sin embargo que los repetidos golpes contra las infraestructuras no les quebrarán. Por el contrario, piensa que los apagones hacen que los ucranianos se enfaden más con Rusia, lo que amortigua el dolor y les da una determinación añadida para luchar hasta ganar.

"La sensación de que estamos en realidad ganando en el campo de batalla ayuda a contrarrestar la ansiedad", considera.

Rostyslav Averchuk

(c) Agencia EFE