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El inesperado auge de la costura pone en aprietos a productores y vendedores de máquinas de coser

Ivette Leyva
·5  min de lectura
Tailor at Work on Sewing Machine.
Las manos de una persona trabajando con una máquina de coser. Foto: Getty.

Leer, cocinar, cuidar el jardín… La actual pandemia del coronavirus ha llevado a millones de personas a pasar casi todo el día dentro de su casa y a encontrar hobbies y oficios a los que dedicarse. Uno de ellos es confeccionar mascarillas faciales de tela.

En medio de esta situación se ha producido un fenómeno curioso: se han disparado las ventas de máquinas de coser en Estados Unidos. Tanto ha sido así que estas han desaparecido de los estantes de las tiendas que las venden, una realidad que ha obligado a las fábricas que las producen a ponerse las pilas para incrementar la fabricación y así satisfacer la gran demanda.

Sin embargo, mantener el ritmo no está siendo fácil, según nos cuenta un reporte de CNN.

Así las cosas, se ha puesto nuevamente de moda lo que fue un hábito diario de nuestras abuelas, una tradición que hace más de veinte años había emprendido el camino de la desaparición en nuestros hogares.

“El fervor por la costura realmente estalló en abril, casi inmediatamente después de que los CDC dijeran que todos debían usar mascarillas”, dijo Jeff Fuller, vicepresidente de marketing de Tacony Corporation, empresa radicada en St. Louis, Missouri, proveedora mayorista de máquinas de coser marca “Baby Lock” para cientos de vendedores independientes en todo el país.

“Era un viernes cuando se anunciaron las nuevas medidas. Y ya el lunes, experimentamos el mayor aumento en la demanda de máquinas de coser que jamás hayamos visto”, recordó.

La oferta de Tacony va desde máquinas asequibles hasta de alta gama, tanto para uso en el hogar como para talleres y fábricas, con precios que van desde los 99 hasta los 30.000 dólares.

De acuerdo con Fuller, la demanda se disparó “de cinco a ocho veces” en abril. Luego, en los últimos tres meses este marcador se habría calmado un poco, si bien las ventas de todos los tipos de máquinas de coser, desde el nivel básico hasta el de gama alta, continúan siendo impactantes.

“Nadie en nuestra industria esperaba este gran aumento en las ventas”, dijo Fuller.

El peor momento se produjo cuando los proveedores, sorprendidos por la demanda, se encontraron con una escasez en el inventario.

Se ha puesto de moda otra vez lo que fue un hábito diario de nuestras abuelas, una tradición que hace más de veinte años había emprendido el camino de la desaparición. (Foto AP / Mary Altaffer)
Se ha puesto de moda otra vez lo que fue un hábito diario de nuestras abuelas, una tradición que hace más de veinte años había emprendido el camino de la desaparición. (Foto AP / Mary Altaffer)

Hasta Walmart, el minorista más grande del mundo, quedó en apuros, al pasar en solo 24 horas de tener un suministro de máquinas de coser para 100 días, a apenas cinco días de inventario.

Desde esta cadena de mercados aseguran que la demanda sigue siendo alta y que están trabajando con los proveedores para aumentar su inventario de máquinas de coser.

Según Jeff Fuller, las máquinas más baratas -de menos de 1,000 dólares- están volando de los estantes, lo que provoca que aumenten los pedidos a los fabricantes y que por momentos la demanda sea imposible de satisfacer.

“Por lo general, toma 12 semanas desde que se realiza un pedido con un fabricante hasta la entrega”, aclaró.

Se trata de máquinas de coser que se importan de China, Japón, Taiwán, Vietnam y otros lugares.

En el otro extremo del planeta, los fabricantes también estarían lidiando con este incremento de los pedidos desde Estados Unidos y el resto del mundo.

“En general, estamos en una situación mucho mejor que en abril, pero sigue siendo una batalla”, dijo Fuller. “Estamos corriendo para satisfacer la demanda”, precisó, consciente de que es probable que sus clientes todavía tengan que esperar de uno a tres meses para hacerse con algunos modelos de menor precio.

Algo parecido pasa con Moore's Sewing Centers, una empresa familiar de cuarta generación que vende máquinas de coser y otros equipos domésticos, y que ha empezado a ofrecer clases de costura en sus seis tiendas del sur de California.

De acuerdo con George Moore, su CEO, tuvo que ponerse creativo cuando el pasado abril sus proveedores le dijeron que no tenían inventario. Por eso pasó a ofertar máquinas de coser de uso, debidamente reparadas, además de aumentar la cifra de sus pedidos a los distribuidores y fabricantes.

Moore también cree que el uso de estas máquinas tiene que ver con algo más que con la demanda explosiva de todo tipo de mascarillas y cubiertas faciales reutilizables.

"En las primeras semanas [de la pandemia], hubo un lado caritativo”, recordó. “La gente estaba recurriendo a la costura para hacer máscaras faciales para donarlas”.

Luego las personas de pensamiento rápido habrían visto el filón de una oportunidad empresarial con esas máscaras faciales.

De hecho, en Etsy, uno de los mercados digitales más grandes para los artesanos, las máscaras faciales se han convertido en el nuevo producto de moda. Según esta plataforma, hasta 110.000 vendedores han vendido un total de 29 millones de máscaras faciales por un valor de 346 millones de dólares.

El otro lado de la historia es la imperiosa necesidad de dedicarse a algún pasatiempo mientras permanecemos encerrados en casa.

“La costura tiene una parte terapéutica. Puede ser muy gratificante”, recalcó Moore.

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