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“Cuatro litros de Coca”. Así se alimenta el ganador de una carrera de 160 km por Córdoba

·10  min de lectura
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En lo que hoy es el pueblo de Yacanto (Calamuchita), hace más de 5.000 años habitaban las etnias conocidas como comechingones. Recorrían y corrían por sus dominios desde que el sol iluminaba las sierras hasta que las estrellas brillaban sobre sus laderas. Cinco milenios más tarde, una carrera vino a recrear esas sendas secretas y ocultas que los comechingones transitaban por las altas cumbres cordobesas.

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Se larga de de noche y propone ver el amanecer corriendo. Incluye un gran abanico de distancias. Es la Ultra Trail Amanecer Comechingón (UTACCH). Se realizó entre el viernes 1 y el domingo 3 de octubre. Los tres días fueron necesarios para quienes desafiaron la distancia mayor: 160 kilómetros. Durante un máximo de 40 horas, con sus pisadas despertaron el espíritu de los ancestros que habitaron estas sierras.

160 km fue la distancia mayor que se corrió en la Ultra Trail Amanecer Comechingón, en Yacanto, Córdoba
Mariano Castro Vaccarono


160 km fue la distancia mayor que se corrió en la Ultra Trail Amanecer Comechingón, en Yacanto, Córdoba (Mariano Castro Vaccarono/)

“Ocho sándwiches, cuatro litros de Coca-Cola, 80 gomitas, 10 sobres de sales minerales dentro de la caramañola, dulce de membrillo…”, Pablo Nadalez rememora todo lo que comió durante su competencia de 160 kilómetros: “Calculo que igual perdí unos 2 o 3 kilos de peso”.

Está sentado, con los codos apoyados sobre sus rodillas, extenuado. Del otro lado de la grada, un pequeño grupo de fans le grita: “¡Genio, ídolo! ¡Te amo!”. Pablo las mira y sonríe, no tiene energía para más. Acaba de correr sin parar durante 21 horas y 38 minutos. En nueve ediciones, nunca nadie completó tan rápido el desafío más largo.

Cuádriceps explotados

“Tengo los cuádriceps explotados, no quiero bajar una pendiente nunca más en mi vida”, confiesa con una sonrisa cansada, el ganador de la prueba. “La verdad es que hasta los 30 km pensé que era imposible llegar primero, nos sacó muy fuerte Gustavo [Reyes]”, detalla Pablo. Había partido el viernes al mediodía (es la única distancia que no larga de noche), corriendo a la par de Gustavo y Facundo Nuñer. “Juntos pasamos una noche espectacular”, rememora Nadalez. Pero para el kilómetro 134 Pablo sintió que la carrera podía ser suya, y salió a ganarla… aunque los otros pensaran distinto.

Los corredores que compitieron en la distancia de 160 km tuvieron un límite de 40 horas
Los corredores que compitieron en la distancia de 160 km tuvieron un límite de 40 horas


Los corredores que compitieron en la distancia de 160 km tuvieron un límite de 40 horas

“En el km 128 me fui primero, creí que la ganaba -confiesa Facundo Nuñer, otro corredor del tridente de punta- luego me alcanzó Pablo. Es más, hasta la última cima iba segundo… y ahí me quedé sin piernas”. Faltaban 25 kilómetros para la llegada. “Caminé 5 km y pensé en abandonar. Nunca caminé tanto en una carrera, aún me faltaban 20 km pero me era imposible correr”, relata Facundo, se emociona, busca los motivos de porque decidió sufrir tanto en vez de simplemente abandonar.

Luego de esa dolorosa caminata Facundo terminó tercero con 23h03m, fue superado por Gustavo Reyes (el más ganador de la prueba) en los kilómetros finales. Completaron el podio masculino y un par de horas más tarde llegaría la primera mujer: Mariela Vigliocco. “Nunca había corrido más de 70 kilómetros en trail”, confiesa Mariela después de sumarle 90 km más a su mayor experiencia.

Está sentada en el pasto de la plaza principal de Yacanto, frente al arco de llegada. La espalda apoyada contra un cantero de piedra, se mira los pies, acaban de suportar la paliza que les dio durante 160 kilómetros. “Las llagas se me habían hecho una sola, en toda la planta”, cuenta divertida. Recién volvió de la enfermería, le colocaron una plantilla de recuperación y le vendaron completos ambos pies. Camina, despacio, sobre las vendas, no hay calzado que puedan contenerlos.

Varias de las distancias de la carrera se largan de noche
Santiago Rochietti


Varias de las distancias de la carrera se largan de noche (Santiago Rochietti/)

Cuando Mariela cruzó la llegada, con 25h50m, solo cinco varones habían arribado antes. Bajo el arco la esperaban sus dos hijos, Sara (6) y Lucas (10). “Luqui me dice antes de largar: ‘traé la copa mamá'. Imagínate con la presión que corro”, sonríe Mariela y explica como la motivan: “En la carrera voy pensando en ellos; en el tiempo que, por salir a entrenar, los dejos solos”.

Lucas la llama desde la llegada, está por llegar su tía, la otra hermana Vigliocco, que corrió una distancia menor. Se levanta lentamente, camina como procurando no hacer ruido y va rumbo al arco. Se abraza con su hermana, sonríe. Los pies ya se recuperarán, y ya verá como hace para largar el fin de semana siguiente la maratón de Boston. “Y sí, estoy anotada y no puedo dejar pasar este año”, explica Mariela. “Los conozco, mis pies se van a curar”, dice.

Varias distancias

Los más de 2.700 corredores que fatigaron las sendas de los Comechingones no lo hicieron solo en una distancia tan abrumadora como 160 kilómetros. También se realizaron competencias de 110, 70, 55, 42, 26, 16 y 9 km. Hubo para todo tipo de gustos y nivel de locura. Lo curioso es que una de las carreras de montañas más convocantes del país y surgió con la idea de ocupar un par de cabañas.

Pablo Nadalez, en la foto junto con su liebre (Adrián Sangoi), fue el ganador de la prueba más dura
Marce Merlo--Marcemerloph@gmail.com


Pablo Nadalez, en la foto junto con su liebre (Adrián Sangoi), fue el ganador de la prueba más dura (Marce Merlo--Marcemerloph@gmail.com/)

“Empezamos con mi marido para promover nuestras cabañas”, explica Tania Diaz Slater, directora de la carrera. “Por eso la hicimos en invierno, que es la época de menos turismo”, agrega. Tania llegó a Yacanto hace 20 años. Con Rodrigo Peiretti, su marido, realizaron la primera edición en 2012, no se puedo hacer en 2020 por la pandemia y este año fue la primera vez que no se realizó en invierno por el mismo motivo. “Queríamos mostrar, con el circuito, el legado histórico del lugar. Yacanto es un pueblo muy campechano, acá en cualquier esquina te cruzás los gauchos a caballo”.

La carrera, que reúne un equipo de trabajo de 300 personas, es la única que ofrece 160 kilómetros en la provincia de Córdoba. Tania es una de las mejores corredoras de largas distancias de la Argentina. “La verdad siempre me dan ganas de largarla, yo soy más corredora que organizadora, el alma de todo esto es Rodrigo”, confiesa. ¿Y qué pasó con las cabañas? “Al final no las pudimos alquilar más a turistas”, se ríe y explica: “Esto creció mucho, hacemos siete carreras en el año y no podemos dedicarles mucho tiempo, las alquilamos permanentes. Al final un montón de corredores, al descubrir el lugar, terminaron comprando un lote y construyendo en Yacanto”.

Pueblo corredor

El censo del 2010 contó 1.634 habitantes en el pueblo, pero hoy se estima que viven 4.000 personas. La que viajó 500 kilómetros desde Godoy Cruz (Mendoza) para regresar a ese pueblito en expansión fue María Belén Aranguez. “Hace un año falleció mi papá”, dice para explicar el motivo de su participación. Luis Mario Aranguez, “Cacho”, su padre, era el principal fan de María. “Él me llevaba a todas las carreras”, recuerda su hija, que empezó siendo corredora de calle. “En el 2017 papá me trajo acá, está fue mi primera carrera de trail”, dice. Desde la muerte de su padre María no había vuelto a competir, hasta que regresó a UTACCH para largar los 42 km. “Yo quería volver para dedicársela a él”, explica. Luego de 4 horas y 57 minutos entre las sierras, cruzó el arco primera y pudo dedicarle el triunfo a su papá.

En los 110 km, tres hombres -un arquitecto, un comerciante y un ingeniero en sistemas- cruzaron el arco de llegada en el primer puesto
Santiago Rochietti


En los 110 km, tres hombres -un arquitecto, un comerciante y un ingeniero en sistemas- cruzaron el arco de llegada en el primer puesto (Santiago Rochietti/)

Aunque el resultado más extraño sucedió en los 110 kilómetros. Tres hombres -un arquitecto, un comerciante y un ingeniero en sistemas- cruzaron el arco de llegada en el primer puesto.

El comerciante Diego Prandalizzi fue uno de ellos. “Yo no vengo por el puesto, para mí es un desafío personal, que me vea llegar mi hijo Valentino. A las 20 termino de laburar y salgo a correr. Valentino tiene todas mis medallas, ahora con seis años empieza a darse cuenta de lo que hago y me motiva más”, explica.

El arquitecto Gustavo Vega Moreschi fue el otro: “Diego es super alentador, excelente persona. Nos conocimos hoy corriendo pero charlamos todo el camino y le conté porqué estaba acá. Ni en pedo pensaba en un podio, en agosto falleció de cáncer mi papá, Osvaldo. Yo tenía planificado que él viniera a esta carrera conmigo. Fue mi motivación, por eso se lo dedico a él”.

El ingeniero en sistemas Fernando Bossio fue el tercero. “Cuando veníamos por la mitad de la carrera dijimos que si llegábamos juntos al final entrábamos los tres juntos”, explica el ingeniero. “Es difícil que mis colegas me entiendan… pero me compré auriculares inalámbricos para caminar alrededor de la computadora”. Esa pulsión cinética lo llevó, en plena cuarentena estricta del 2020, a realizar la contravención de salir oculto a correr 100 kilómetros. “No fui el único, conmigo iban cuatro locos más”, apela sonriente Fernando. Más allá de la cuarentena, sabe lo que es no poder correr, incluso trotar un kilómetro y sentir que se moría. “Hace cuatro años superé un linfoma, tenía un huevo en el cuello”, recuerda.

Mirko Chacoma (21), una de las grandes promesas del trail argentino, ganó en la distancia de 55 km
Marce Merlo--Marcemerloph@gmail.com


Mirko Chacoma (21), una de las grandes promesas del trail argentino, ganó en la distancia de 55 km (Marce Merlo--Marcemerloph@gmail.com/)

De repente, el locutor pide atención, preparan la cinta de llegada. Aparece rumbo al arco un chico flaquito, con sonrisa tímida, toma con delicadeza la cinta y saluda respetuoso. Es Mirko Chacoma (21) una de las grandes promesas del trail argentino. Viene de ganar los 50 km de la Valhöll Ultra Trail y en el momento en que cruza la línea de llegada de los 55 km la UTACCH, a su escolta aún le queda por delante media hora de carrera.

Joven promesa

Mirko es de Cosquín (Córdoba). Allí trabaja desde los 15 años en una granja de gallinas ponedoras. “Entré cortando el pasto, pero ahora ya estoy a cargo de darles el alimento”, aclara el flamante ganador. Ingresa de lunes a sábado a las 8 de la mañana para terminar la jornada a las 6 de la tarde. Mientras tanto, realizó toda la escuela secundaria en horario nocturno. Como complemento, luego del trabajo sale a vender maples de huevos por las afueras de Cosquín. En algún hueco entre esos compromisos, Mirko entrena, todos los días.

Es sábado por la tarde, Chacoma tendría que estar en la granja, pero como el domingo pasado también trabajó, pudo juntar los dos francos y acercarse hasta Yacanto para competir. Responde a la entrevista con timidez y respeto, en el medio de la charla un corredor lo interrumpe.

-Pibe, vos sabés como hacer para aflojar acá-, el corredor -50 años, con sobrepeso-, le señala el lateral de la pierna.

-Es un músculo complicado señor, creo que mejor si lo deja descansar. Puede tomar esto-, dice y saca de su mochila un analgésico antinflamatorio y se lo da, junto con una sonrisa atenta.

La noche del sábado cubre Yacanto. Está fresco, unos fuegos prendidos en la plaza dan más misterio que calor. El apodo de UTACCH es “la mística”, dicen que surgió en la primera edición, donde era tanto el frío en julio que Diego Sorba, el tradicional locutor de la carrera, prendió fuego en un brasero que tenía, solo para calentarse un poco.

Ajena a cualquier temperatura externa, Betiana Pintener (44) mantuvo su fuego interior encendido durante 33 horas y 9 minutos. Ese tiempo le llevo recorrer 160 km, en la llegada la espera su pareja, Germán Cordisco (54). “Yo en realidad me anoté para acompañarlo a él”, cuenta Betiana y bajando la voz, explica: “Para que también salga a correr. Estaba medio deprimido por esto estar tanto encerrados”. Largaron juntos, ella terminó a la media noche del sábado, él abandonó en el kilómetro 35.

“Siempre me hace lo mismo”, sonríe Betiana. Del otro lado de la valla Germán la espera orgulloso y explica: “Ella tiene mucha cabeza”. Betiana aclara: “¡Y entreno un montón! No hay día que no salga a correr”. Ambos son de San Nicolás (Buenos Aires), habían visitado Yacanto dos meses antes solo para conocer el circuito y prepararse mejor para la carrera. Betiana confiesa: “Cuando vi en la que me metía, me asusté más todavía. Es que lo mío no es la montaña, yo solo vine para acompañarlo a él”.

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