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El día que Scaloni descubrió el (buen) periodismo

Lionel Scaloni, en el entrenamiento de la selección argentina del viernes en Doha
Lionel Scaloni, en el entrenamiento de la selección argentina del viernes en Doha - Créditos: @Aníbal Greco

“Aunque sea verdad, ¿vos querés que gane Argentina o que gane Holanda? Tu trabajo no es escribir qué pasa ahí adentro. El entrenamiento de ayer fue a puertas cerradas. Y se acabó: a puertas cerradas. No se puede saber absolutamente nada de lo que pasó ayer. Lo que estoy diciendo es que hoy me siento en la rueda de prensa y la mitad de las preguntas eran sobre eso”.

Lionel Scaloni dio, involuntariamente, una clase de periodismo. Una muy buena, además, de esas que dejan al alumno una enseñanza que no olvidará. Para siempre. En este caso, por oposición: el ejercicio periodístico se trata de hacer lo contrario a lo que él postuló desde un estrado de Doha (una conferencia de prensa), un día antes del partido entre Argentina y Países Bajos, que le dará al ganador el premio de la clasificación a las semifinales del Mundial.

El párrafo anterior es la clase completa. Por si alguien no lo sabe: su reacción (su enojo) estaba vinculada a que la prensa había publicado que Rodrigo de Paul sufría una lesión muscular, y que su presencia en el partido era una duda grande. Real. Eso lo sacó. “¿Si me enoja? No me enoja, fue a puertas cerradas el entrenamiento”, ironizó luego, ya en un mano a mano con periodistas de los canales de TV que tienen derechos de transmisión del Mundial (TyC Sports, DSports y TV Pública). Había bajado del estrado, pero seguía en el púlpito. Y cuando le repreguntaron, remató: “No entiendo la necesidad de generar una alarma. El rival está atento a esas cosas”.

Rodrigo De Paul, eje de la previa del partido entre Argentina y Países Bajos
Rodrigo De Paul, eje de la previa del partido entre Argentina y Países Bajos - Créditos: @Aníbal Greco

En defensa de Scaloni se pueden esgrimir variados argumentos. Que no es el primero en confundir para qué está el periodismo es uno. O sea, el hombre no fue original. Si nos remontamos a la historia de la selección argentina, y sin bucear demasiado, encontraremos la tensión siempre al borde del desprecio de Daniel Passarella, cuyo plantel afrontó el Mundial de Francia ´98 sin hablar con la prensa. O el recordado “vos sos contra mío”, descerrajado por Alfio Basile contra el colega Román Iucht luego de un triunfo. Dicho de otro modo: Scaloni (como Passarella, como Basile) cree que la tarea del periodismo es “jugar” para la selección, no ejercer una tarea profesional. Ocultar los problemas (si podemos elevar a esa categoría una lesión de un futbolista). No investigar, mucho menos informar.

Quien esto escribe respeta el trabajo del entrenador, al que le encuentra virtudes variadas. Una de ellas es la sensatez: su discurso siempre va por el lado de relativización de este fenómeno inconmensurable llamado fútbol. “Al final, mañana sale el sol”, dijo durante esta experiencia qatarí, tratando de descomprimir, y bajarle el precio, a sus propias reacciones nerviosas durante el partido con México, que lo llevaron al llanto. Seguramente Scaloni, el DT más joven del Mundial, cree en eso que dice. Pero le cuesta ponerlo en práctica. ¿Enojarse porque la prensa ventiló un dato de un jugador?

En todo caso, Scaloni está confundido, dicho esto con el mayor respeto. Y la prensa, justamente, ayuda diariamente a generarle a los protagonistas esa confusión. Cuestión de hacerse cargo de lo que a cada uno le toca. Este artículo no es una defensa corporativa, sino apenas una mirada sobre un hecho puntual. Scaloni está equivocado, sí. ¿Y cuánto colaboramos desde los medios de comunicación a que cometa ese error? El periodismo dedicado a la cobertura deportiva lleva años alejado de los grises. Ese enfoque analítico sólo admite dosis homeopáticas, y en general no es consumido masivamente. El ruido, los paneles multitudinarios en estudios de TV, el entretenimiento como valor central, el “periohincha” que cubre la actividad de los clubes… Todo eso cotiza mucho más alto que la mirada alejada del fanatismo o la desmesura.

Banderazo de hinchas de la Selección Argentina en la previa al partido contra Países Bajos: el Mundial genera una atracción y una cobertura periodística únicas
Banderazo de hinchas de la Selección Argentina en la previa al partido contra Países Bajos: el Mundial genera una atracción y una cobertura periodística únicas - Créditos: @Matías Boela

Se lee más, se mira más, se escucha más, se sigue más al que se pone a la altura del protagonista que a aquel que respeta los principios básicos de esta profesión intrínsecamente trabajosa: preguntar, investigar, chequear, contrastar. Disculparse por un error. No sentirse jamás parte, por más que el propio ejercicio cree inevitablemente lazos con los objetos noticiosos. Si quien hizo “clic” en este artículo y se animó a llegar hasta esta línea, tendrá motivos para pensar que lo antepuesto aplica también al periodismo que trabaja sobre los temas de fondo (recordemos: el fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes de la vida). Quien firma, suscribe. Pero no es el tema central de este texto.

El DT de la selección argentina cree que los periodistas tenemos que manejarnos como si fuéramos parte del colectivo que él conduce. Y no. Se puede entender que, como argentinos, muchos tengamos el deseo de que la selección gane. Que salga campeona en Qatar. Y también lo contrario: ¿quién puede arrogarse la potestad de ordenar qué debe sentir cada quien? Pero el ejercicio periodístico no tiene nada que ver con los gustos o deseos personales. Se puede (se debe) ser crítico y a la vez desear el éxito de la selección, cómo no. Marcar errores, virtudes, matices. Contar lo que los protagonistas (Scaloni) no quieren que se cuente. Eso. Tan simple y tan difícil, a veces, como eso.