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De asistente con glamour a vendedores forzados: la historia de los tripulantes de Ryanair

Jaime Quirós – Corría el año 1930 y la enfermera Ellen Church se convirtió en la primera azafata de la historia. “Inauguraba” una de las profesiones más apreciadas a nivel mundial. Con el paso de los años, la formación académica que desde sus inicios era requisito para ocupar ese puesto empezó a dejar de serlo. Su función se redujo a que “simplemente” ayudaran en el bienestar de los pasajeros. Más tarde dejó de ser una labor exclusiva para el sexo femenino y se incorporaron hombres.

El oficio siempre fue el sueño de millones de jóvenes con sed de aventuras, e inclusive con un toque de glamour. Hasta que llegaron las “temibles” aerolíneas low cost.

[También de interés: “Así es trabajar para Amazon en España: miedo y presión constante”].

FOTO: Boeing 737-800 de Ryanair. REUTERS/Regis Duvignau

La compañía irlandesa Ryanair abrió el camino y cambió las reglas del juego de la aviación civil en Europa. Estuvo en boca de todos y hoy lo vuelve a estar. La interminable historia de huelgas y desacuerdos entre la compañía y sus trabajadores nunca acaba. Hasta tal punto, que por desgracia se ha convertido en una tradición más del verano.

Entre muchos motivos, está la presión que ejerce Ryanair a sus empleados. Gracias a la información proporcionada por el diario El Español, que ha tenido acceso a una batería de correos electrónicos internos de la compañía irlandesa, se ha desvelado el abuso hacia sus trabajadores. En los mensajes enviados por parte de cargos de la aerolínea o de las empresas de trabajo temporal que le suministran personal se evidencia la falta de humanidad.

Es desproporcionada el énfasis que pone en maximizar sus beneficios a costa de dejar de lado el trato humano hacia los operarios. Los trabajadores denuncian que el seguimiento de las ventas a cada tripulante es excesivo hasta el punto de ser absurdo. Un perfume diario, un menú o algo fresco del bar y 8 papeletas de tómbola aérea son las metas que deben alcanzar.

Presiones y exigencias

Con la excusa de que las ventas a bordo son la clave en el servicio durante el vuelo, la aerolínea convierte sus amonestaciones en intimidaciones. Califica la falta de ventas como inaceptables y amenaza al empleado argumentando que no está realizando su trabajo. El problema es que estas cuotas de ventas no se mencionan en los contratos de los tripulantes, por lo que no se puede exigir a éstos cifras de ventas.

Ryanair no tiene escrúpulos y hasta amenaza a los trabajadores que piden “demasiados días” de baja médica. ¡Cómo si enfermarse fuera algo premeditado! Llega al punto de calificar al sistema sanitario español ineficiente y exige revisiones en el mismo Dublín. ¿Y las sanciones? Consisten en comités disciplinarios en la capital irlandesa, cambios de base o hasta el despido.

Cansados de la mala situación, los tripulantes pierden el miedo y están dispuestos a pelear por un trabajo digno. Exigen que sus contratos se rijan a la normativa española, ya que Ryanair es la única aerolínea que no lo hace. Acción que cambiaría mucho su situación actual.

La huelga está programada para los próximos 25 y 26 de julio en los países de España, Italia, Portugal y Bélgica. Contará con alrededor de 4.000 trabajadores, donde más de la mitad son españoles. Un paro de 48 horas que afectará alrededor de 300.000 personas, sólo en España.

Desde luego un fastidio para el viajero que lleva todo el año esperando sus vacaciones. Pero al mismo tiempo, por solidaridad humana y poniéndose en el lugar del trabajador de Ryanair, muy comprensible. La eterna dicotomía entre que postura adoptar. Quizá si se producen cambios antes de que llegue la fecha de la huelga ganemos todos. Unos condiciones laborales, otros reputación corporativa, y el resto vacaciones felices.

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