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Desbloqueando el recuerdo de la otra película de dinosaurios del año de 'Parque Jurásico'

Los 90 fueron la cima de la dinomanía. Ni que decir tiene que Parque Jurásico fue la responsable de que todo el mundo se obsesionase con los dinosaurios, creando una nueva generación de cinéfilos que venerarían la película de Steven Spielberg como una de las obras cinematográficas más redondas de la historia, creando muchos aspirantes a director y paleontólogo. Desde 1993, los niños (y no tan niños) de todos los rincones del globo se aficionaron a los animales prehistóricos, y el cine trató de seguir los pasos de la primera entrega jurásica con productos similares, pero ninguno se acercó ni remotamente a la grandeza de aquella inolvidable película.

Sin embargo, hubo un título animado, nacido en pleno apogeo de la dinomanía, que sí acabó abriéndose hueco en el corazón de los espectadores más pequeños. Y no, no estoy hablando de En busca del valle encantado, que es anterior (y muy querida, por supuesto), sino de otra película algo más desconocida que, aun estando semi-olvidada hoy en día, tuvo su considerable impacto entre la generación millennial: Rex, un dinosaurio en Nueva York, una aventura fantástica que en realidad poco tenía que ver con Parque Jurásico más allá de los dinosaurios, y que muchos recordamos como un sueño extraño de nuestra infancia.

Cartel oficial de 'Rex, un dinosaurio en Nueva York' (Amblin/Universal Pictures)
Cartel oficial de 'Rex, un dinosaurio en Nueva York' (Amblin/Universal Pictures)

Cuando hablamos de clásicos animados de los 80 y 90 que no pertenezcan a la factoría Disney, pocos se acuerdan de ella, pero en cuanto alguien la saca a colación, se produce un fenómeno curioso, un desbloqueo de recuerdos colectivo que nos devuelve a esa época de inocencia y asombro en la que el cine nos llevaba en viajes alucinantes a diario y cualquier película, sin importar si era buena o mala, podía marcarnos para siempre. Las películas de Don Bluth en los 80 (Fievel y el nuevo mundo, NIMH, la mencionada En busca del valle encantado) y más tarde cosas como Balto, El gigante de hierro o La ruta hacia El Dorado nos enseñaron que hay vida más allá de Disney. Y Rex, un dinosaurio en Nueva York nos enseñó que esa vida puede llegar a ser muy rara.

Contrario a lo que se pudiera creer, Rex no nació como respuesta a Parque Jurásico, sino que el proyecto fue desarrollado de forma paralela y llegó a los cines el mismo año, solo que unos meses más tarde. La película se basa en el relato de 1987 We’re Back! A Dinosaur’s Story (que se conservó como título original en inglés) y se puso en marcha en 1990, durante la producción de Fievel va al Oeste. Los derechos de la historia pertenecían originalmente a Hanna-Barbera, pero Universal Pictures se acabaría haciendo con ellos para que Spielberg produjese la película a través de su estudio Amblimation, pasando a encabezar dos proyectos sobre dinosaurios en la misma época, de los cuales Rex se vendería más adelante como la versión infantil de Parque Jurásico.

El relato original solo contaba con 20 páginas y tuvo que adaptarse con una historia que se ajustase al formato largometraje, ya que caería de una trama definida. Y de ahí nació una de las premisas más raras de la animación noventera (que ya es decir). Rex, un dinosaurio en Nueva York cuenta la historia de cuatro dinosaurios que viajan al futuro (nuestro presente) y se vuelven seres inteligentes al ingerir un cereal creado por el científico Capitán Neweyes, que sueña con hacer a los dinosaurios accesibles para todos los niños. Sin embargo, los dinosaurios deberán enfrentarse al gemelo malvado del científico, el profesor Screweyes, que quiere cazarlos para convertirlos en la atracción principal de su circo, tratando así de escapar de sus garras con la ayuda de dos niños que se han escapado de casa, Louie y Cecilia.

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A pesar de la cantidad de proyectos que barajaba a la vez, lo cierto es que Spielberg estuvo muy involucrado en la película, que contó con tres directores, Phil Nibbelink, Simon Wells y Dick Zondag. Al igual que habría hecho recientemente con Fievel y el nuevo mundo, que también produjo, el director de La lista de Schindler supervisó de cerca el trabajo de guion, descartando una versión inicial a favor de una visión más oscura, y a pesar de las reticencias de Nibbelink, que no estaba muy de acuerdo con él. Resulta que el director tenía su razón, porque la película no funcionó del todo bien en pases de prueba, entre otras cosas por ese carácter tenebroso. Por eso, Universal decidió añadir nuevas escenas como la de la cabalgata en las calles de Manhattan, con una canción original que aportaba un tono más ligero, y Spielberg acabó descartando a dos actores de renombre, John Malkovich y Christopher Lloyd, por sonar demasiado terroríficos para los niños como voz del villano.

Eso sí, a pesar de los intentos por hacerla más luminosa y divertida, la oscuridad prevaleció en la película, como pudimos comprobar al ver la versión que acabaría llegando a los cines (y a nuestros vídeos VHS), con escenas verdaderamente inquietantes como la del circo y momentos que se quedaron grabados en nuestra inocente memoria como la dramática visión de los dinosaurios haciendo regresión a su estado salvaje, una vez capturados por el villano. Por no hablar de la muerte de Screweyes, que acaba devorado por una bandada de cuervos que solo dejan su ojo (un tornillo) cuando acaban con él, una escena absolutamente terrorífica. Otra cosa quizá no, pero Rex, un dinosaurio en Nueva York no nos dejó indiferentes.

Sin embargo, la película fue un estrepitoso fracaso de taquilla. La idea era aprovechar el tirón de los dinosaurios y la pasión que había generado Parque Jurásico para crear una análoga animada (de hecho hay un guiño al film de Spielberg, cuyo título aparece en una marquesina de cine durante la escena del desfile en Nueva York), pero Rex se hundió ante la competencia, con Sra. Doubtfire llevándose el trozo del pastel del público familiar durante las vacaciones de Acción de Gracias. En su primer fin de semana y a pesar de una fuerte campaña de promoción, quedó muy por debajo de las expectativas recaudando solo 4,6 millones de dólares, cayendo un 60% en su segunda semana para acumular en total unos ridículos 9,31 millones en Estados Unidos (Box Office Mojo). La crítica tampoco la trató muy bien, señalando sobre todo su confuso argumento, y no fue capaz de hacer frente a la nueva era dorada de Disney, que arrasaba con clásicos como La Sirenita, La Bella y la Bestia y Aladdin. Ni siquiera los dinosaurios pudieron con la casa del ratón.

¿Se ha convertido Rex, un dinosaurio en Nueva York en un clásico de culto con el tiempo? No exactamente. De hecho, se suele recordar más bien poco, y cuando aparece en algún medio, no es siempre en un contexto positivo, ya que se sigue considerando una película animada por debajo de la media de la época. Sin embargo, la nostalgia es muy poderosa y somos muchos los que la guardamos en un lugar muy especial de nuestro corazón cinéfilo, ya que nos transporta directamente a la época en la que, precisamente gracias a Parque Jurásico entre otras, empezábamos a ver el cine con otros ojos, descubriendo su magia y sus posibilidades a medida que crecíamos.

Puede que Rex, un dinosaurio en Nueva York no sea una gran película, pero para algunos de nosotros es una pieza, tan importante como otras, de nuestra formación como personas y amantes del cine. Recientemente se ha incorporado al catálogo de Netflix, brindándonos la oportunidad perfecta para regresar a esos días en los que la veíamos una y otra vez y mirarla, seguramente con renovado asombro por lo oscura que era en algunas partes, en busca de un destello del niño o niña obsesionado con los dinosaurios que fuimos. Y que en cierto modo todavía somos.

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