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Despedidos en la sala de estar: el caos de los recortes de personal remotos

Sede principal de Google en Manhattan, el martes 24 de enero de 2023. (John Taggart/The New York Times).
Sede principal de Google en Manhattan, el martes 24 de enero de 2023. (John Taggart/The New York Times).

Kerensa Cadenas abrió Slack el viernes por la mañana y encontró un mensaje cargado de improperios de un colega que, en esencia, decía: “Me despidieron”. Cadenas, armándose de valor, revisó su correo electrónico. Luego procedió a escribir su propio improperio. También la habían despedido. Sola en su apartamento en la ciudad de Nueva York.

Cadenas, junto con más de 100 de sus colegas de Vox Media, así como miles de otros trabajadores esta semana y la pasada, fue arrastrada por una ola solitaria y surrealista de despidos remotos. Las personas recibieron la noticia a través de correos electrónicos, mensajes de Slack o videollamadas, luego procedieron a enviar sus notas de despedida y apagaron sus computadoras, sin tener alrededor a algún colega para pasar el mal trago con una cerveza.

“Normalmente piensas: ‘OK, puedo salir a emborracharme’”, afirmó Cadenas, de 37 años, y señaló que junto a la soledad viene la frustración con la inestabilidad que tantos trabajadores de los medios han llegado a aceptar como un hecho de su vida laboral. “Es aterrador porque uno piensa: ‘¿Tendré alguna vez una cuenta de ahorros? ¿Podré ser dueña de algo en algún momento? Probablemente no’”.

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Este mes, la angustia se ha extendido por las pantallas de las computadoras portátiles. Docenas de compañías han anunciado despidos masivos e incluso los lugares de trabajo más grandes y bien establecidos encontraron maneras diversas de generar un caos adicional en el proceso. Más de 1000 empresas de tecnología despidieron a casi 160.000 trabajadores el año pasado según Layoffs.fyi, que da seguimiento a los recortes de personal en toda la industria. Otras 185 compañías han despedido a cerca de 57.000 trabajadores de la industria de la tecnología desde principios de este año.

Los despidos son una de las experiencias de vida más desafiantes. Según un estudio, causan más estrés psicológico que incluso un divorcio. Perder un empleo puede trastocar las finanzas de los trabajadores y su percepción de sí mismos. En muchos casos, los despidos en el mundo del trabajo a distancia han sido especialmente desestabilizadores: los errores de los empleadores alimentan la incertidumbre e incógnitas innecesarias.

En Twitter, se les notificó a los empleados que habían sido despedidos en mitad de la noche, y al menos un trabajador se enteró durante una llamada del equipo cuando perdió el acceso a las cuentas de la compañía. En la empresa de préstamos hipotecarios Better.com, Rena Starr, de 33 años, no pudo entrar a una breve e inesperada reunión de Zoom en 2021, luego le envió un mensaje de texto a su jefe para enterarse de que ella y más de 900 de sus colegas habían sido despedidos durante esa reunión. En una ronda posterior de recortes de personal en Better.com, algunos empleados se enteraron de que habían perdido sus empleos cuando las indemnizaciones por despido llegaron a sus cuentas de nómina; esto sucedió meses después de que el director ejecutivo se disculpara por despedir de manera sumaria a casi el 10 por ciento de los empleados de la compañía en una llamada de unos tres minutos justo antes de las vacaciones navideñas.

“Te cortan de inmediato tu conexión tecnológica”, afirmó Sandra Sucher, profesora de Administración en la Universidad de Harvard que ha estudiado los despidos durante más de una década. “He escuchado sobre varias empresas en las que las personas estaban realizando una tarea que no pudieron continuar y no sabían a quién preguntarle al respecto”.

La entrada al campus de Meta en Menlo Park, California, el 1.° de enero de 2023. (Aaron Wojack/The New York Times).
La entrada al campus de Meta en Menlo Park, California, el 1.° de enero de 2023. (Aaron Wojack/The New York Times).

Muchos trabajadores despedidos se quedan con una larga lista de preguntas y una absoluta falta de claridad sobre quién puede ayudarlos. A una reclutadora de Amazon se le dijo en menos de cuatro meses de haber comenzado su trabajo que casi con toda seguridad sería despedida, y se le exhortó a aceptar un paquete de indemnización. Tuvo que enviar por correo la computadora de su trabajo y no tiene una personal, lo que dificulta la búsqueda de un nuevo empleo.

En algunas empresas, las personas señalaron que sus compañeros de equipo les habían ayudado mucho más que sus empleadores tras un despido. Poco después de perder su trabajo en una compañía de mercadeo de comercio electrónico en noviembre, Erika Kwee, de 32 años, fue contactada por un colega que había encabezado un esfuerzo colectivo para ensamblar una lista de oportunidades y contactos de reclutadores para ayudar a Kwee a transitar su proceso de búsqueda.

Pero muchos trabajadores a distancia ni siquiera tienen los números telefónicos de sus colegas, y no saben a quién acudir en busca de consuelo o información. Beth Anstandig, psicoterapeuta en el área de la bahía de San Francisco, está viendo a sus pacientes lidiar con los estragos mentales de este periodo.

“Suelo escuchar que las personas no logran dormir, o que solo duermen un par de horas seguidas en su sofá”, contó Anstanding, quien en la actualidad trabaja tanto con clientes que realizan despidos como con quienes los experimentan, muchos de los cuales están angustiados y agobiados. “Lloran durante nuestros encuentros”.

Millones de trabajadores estadounidenses nunca han conocido un mundo sin el fantasma de los despidos masivos. Ese tipo de inestabilidad ha caracterizado a la economía desde finales de la década de 1970 y 1980, cuando se arraigó la noción de darle prioridad a los accionistas por encima de todo y las compañías adoptaron la estrategia de crecer rápido y luego realizar despidos de forma drástica. Algunos ejecutivos no tardaron en retratar esa conmoción como algo intrínseco a la vida corporativa: en 1996, Robert Eaton, director ejecutivo de Chrysler Corp., afirmó que la reducción de personal y los despidos son parte del precio de volverse “más competitivo”. En la actualidad, el 85 por ciento de los trabajadores califica la pérdida de empleo como una de sus preocupaciones principales, según el Edelman Trust Barometer (Barómetro de Confianza Edelman) más reciente.

Los gigantes tecnológicos culminaron el año pasado realizando recortes laborales: Meta despidió a más de 11.000 trabajadores, cerca del 13 por ciento de su fuerza laboral, y Lyft despidió al 13 por ciento de sus trabajadores. La empresa matriz de Google, Alphabet, declaró la semana pasada que planea eliminar 12.000 puestos de trabajo, es decir, cerca del 6 por ciento de su fuerza laboral global; Microsoft planea eliminar 10.000 puestos, o el 5 por ciento de sus empleados; Spotify declaró esta semana que reduciría el 6 por ciento de su fuerza laboral. Para muchas de estas empresas, estos recortes llegan tras años de beneficios abundantes y acuerdos laborales flexibles que formaron parte de lo que se denominó una “guerra por el talento”.

“Esa es una de las grandes contradicciones de la vida corporativa”, afirmó Sucher. “Todas las corporaciones afirman que ‘las personas son nuestro activo más importante’, pero en realidad no parecen creer eso”.

“Llamar a alguien ‘talento’ es muy diferente a llamarla persona”, añadió. “Las personas no son un recurso que puede agotarse con el tiempo”.

Sin embargo, los expertos en administración enfatizan que las empresas no tienen por qué transitar los periodos de turbulencia económica de forma tan descuidada.

Sucher señaló que Nokia, durante su reestructuración en 2011, avisó con un año de anticipación a las cerca de 18.000 personas que se verían afectadas y les ofreció varios caminos a seguir: la compañía los ayudaría a encontrar nuevos cargos dentro de la empresa, conseguir nuevos empleos externos, comenzar sus propios negocios o iniciar programas educativos, entre otras opciones.

Las métricas de éxito de Nokia se basaron en si las personas tenían un empleo nuevo esperándolos cuando dejaran la compañía, y si se iban con una impresión suficientemente positiva como para considerar regresar en el futuro. Casi dos tercios de las personas que salieron sabían cuáles serían sus próximos pasos.

© 2023 The New York Times Company