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Despedidos y humillados: una empresa tira los objetos personales de 55 trabajadores a un contenedor el día que los echa

Pepe Barahona y Fernando Ruso
·7  min de lectura
Empleados de la empresa logística LTK, de Cádiz. Foto Fernando Ruso
Empleados de la empresa logística LTK, de Cádiz. Foto Fernando Ruso

Cuando Jesús pasea por Cádiz todavía siente que la gente lo mira con cierta admiración. Jugó como profesional durante catorce temporadas en el equipo de su tierra, el Cádiz CF, y para toda la ciudad, ya sean más o menos futboleros, él es Velázquez, uno de los héroes del penúltimo ascenso a Primera División del club. También lo fue para sus propios compañeros el día que tuvo que colgar las botas de tacos y anudarse las botas de seguridad en la que ha sido su empresa durante más de nueve años. Con el estallido de la burbuja inmobiliaria, y los impagos que se derivaron de esta, acabó dejando el fútbol e iniciando una nueva andadura en una empresa aeronáutica. Pero para sus compañeros siempre fue, y es, Velázquez. Ahora, una nueva crisis ha vuelto a complicarle las cosas. Este domingo se enteró como, por sorpresa, lo dejaban en la calle. Al llegar el lunes al que fue su puesto de trabajo se encontró sus cosas, y las de sus otros compañeros, en un contenedor de basura. Y denuncia: “Nos han tratado como a perros”.

Jesús López Velázquez, exjugador del Cádiz CF y oficial de tercera en LTK. Foto Fernando Ruso
Jesús López Velázquez, exjugador del Cádiz CF y oficial de tercera en LTK. Foto Fernando Ruso

“Yo viví situaciones muy duras en los vestuarios: con rachas de meses sin cobrar. Pero los jugadores nos uníamos, nos ayudábamos entre nosotros cuando algunos compañeros no tenían ni para comer. Los propios aficionados nos arropaban. Y dar pena es lo peor que puede sentir un ser humano. Y más cuando tú tienes muchas ganas de trabajar. El viernes me fui del trabajo, después de haberlo dado todo —explica Velázquez—, y el domingo me llamaron diciéndome que estaban desalojando nuestra empresa. Con todo lo que hemos trabajado. Sin avisarnos. No tiene nombre. He visto a compañeros de 50 años llorando desmorecidos. No hay derecho”.

Velázquez y otros 70 trabajadores más formaban parte de la plantilla de la empresa logística LTK, que da servicio a las factorías de Airbus y de Alestis en Cádiz y que ha anunciado su cierre sin dar explicaciones a los trabajadores. Todos lo supieron en la noche del pasado domingo, cuando entre ellos fue circulando la información de que se estaban desmantelando las instalaciones. La empresa, que tiene actualmente en un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE) a más de 50 empleados —todos menos los mandos— ha informado a su plantilla que el apéndice temporal pasará a ser definitivo.

“Quien diga que esto nos pilla de sorpresa se engaña a sí mismo. La pandemia y la restructuración de Alestis es vox populi. Sabíamos que esto podía pasar, pero jamás nos imaginábamos que sería así”, asegura Francisco Manuel Tocino, empleado de 40 años de edad con más de nueve de experiencia como oficial de tercera en la empresa.

Llorando de humillación

Ninguno de ellos se esperaba que las pertenencias que acumulaban en sus puestos de trabajo acabarían tiradas a la basura en los contenedores de la Zona Franca, donde se asienta la empresa. Allí encontraron de todo. Desde documentos, a ropa, e incluso fotos de sus familias o recuerdos hechos por sus hijos. A través de las redes sociales han circulado los vídeos de los trabajadores rebuscando entre la basura para rescatar sus objetos personales.

Francisco no fue uno de ellos. “No quise hacerlo, no podía hacerlo”, explica. “Pienso que si han hecho esto pensando que iba a atacarme la dignidad se equivocaban. Para mí fue duro ver a mis compañeros llorando al encontrar sus cosas en la basura después de ser despedidos. Eso no tiene perdón”.

Días después, los trabajadores se reunían con sus abogados para iniciar la lucha en los tribunales. En encuentro, al que también han asistido los reporteros de este medio, tenía lugar en la nave de LTK, en la Zona Franca, en un espacio vacío y abandonado que contrasta con la apabullante actividad de varios días antes. Hay varias pintadas en las paredes. Todos los empleados, en círculo, escuchan los consejos legales de sus asesores en un pasillo extremadamente largo, abierto por los extremos y ventilado. Ahí su abogada explica los plazos para recurrir y el procedimiento al que se enfrentan.

Un momento de la asamblea de trabajadores de LTK. Foto Fernando Ruso
Un momento de la asamblea de trabajadores de LTK. Foto Fernando Ruso

Francisco guarda con cariño los recuerdos de los nueve años que pasó en esa nave. Antes de conseguir ese trabajo había sufrido las consecuencias del sector de la construcción, y llegar a la aeronáutica le pareció un sueño cumplido.

Lucha sindical para defender “la lotería”

Este sector era otro nivel: no te tenías que pelear por los derechos porque ya venían de serie. La base de cotización alta, los días de vacaciones, las pagas, un horario fijo. Yo esto lo veía como una cosa imposible de conseguir —asegura Tocino—; lo valoraba mucho. Los primeros días me acordaba de los días que pasaba en la obra. El frío y el calor. Y saber que estás en una nave, tan a gusto, con compañeros buenos, eso no tenía precio. No me creía que estuviese aquí. Era como si me hubiese tocado la lotería”.

Su futuro. “Luchar por esto, sindicalmente y judicialmente, pero solo un tiempo razonable. Soy padre de familia, tengo dos niños, sé de donde vengo y no tengo problema en trabajar donde sea”, asegura.

La compañía LTK fue adquirida en los arranques de este 2020 por los alemanes Rhenus International, una multinacional del sector logístico. Y, según ha podido saber este medio por medio de sus trabajadores, Alestis habría roto de forma unilateral con contrato después de pasar meses sin conseguir reunirse con los responsables de su empresa auxiliar. Otras fuentes dicen que entre los planes de Alestis está asumir internamente el trabajo que antes realizaba LTK.

Ana Isabel Malines, representante de Comisiones Obreras en el comité de empresa de LTK. Foto Fernando Ruso
Ana Isabel Malines, representante de Comisiones Obreras en el comité de empresa de LTK. Foto Fernando Ruso

A Ana Isabel Malines, verificadora con nueve años de experiencia en LTK, 34 años de edad y una hija de seis años, solo le consta que Alestis ha roto unilateralmente el contrato. Esa es la información que ha obtenido como miembro del comité de empresa. Ella sí ha podido hablar con el director de recursos humanos y con el responsable del proyecto de Alestis, aunque no parece nada conforme con las explicaciones que ha obtenido de uno y otro.

Todavía no da crédito a la forma en la que se han precipitado los acontecimientos. “Estaba el domingo en mi casa, con mi hija y a las diez y media de la noche recibí la llamada de un compañero. Me pidió que me sentara porque me podía caer de la impresión. Me senté y me dijo que había un vigilante de seguridad en la puerta del trabajo y que todas nuestras pertenencias estaban en contendedores de basura”, recuerda.

“Alguien nos está engañando”

Empecé a llorar. Mi hija me pedía que no llorase más, pero no podía parar. Tenía ansiedad, me costaba respirar, me asfixiaba. Estaba destrozada. No me lo podía creer. Esa noche no dormí. Y a las siete de la mañana fui al trabajo. Allí traté de entrar en la empresa, pero me lo impidieron. Luego conseguí hablar con el director de recursos humanos, que me confirmó que estaríamos en la calle a partir del 1 de diciembre y que hasta entonces estábamos de permiso retribuido”, pormenoriza.

“He hablado con LTK y con Alestis —detalla Marine—, que me dice que mi empresa no se ha querido sentar a negociar, que lleva desde enero sin negociar la bajada de carga y los contratos. No sabemos quien dice la verdad. Alguien no está engañando”.

Pintadas en las instalaciones abandonadas de LTK. Foto Fernando Ruso
Pintadas en las instalaciones abandonadas de LTK. Foto Fernando Ruso

A Ana Isabel le ha dolido ver sus pertenencias en los contenedores. Rebuscando consiguió encontrar un par de chalecos con sus identificadores. También ha encontrado documentos con los datos médicos de sus revisiones. Le consta que otros compañeros han encontrado currículums. “Algo que es denunciable porque incumple con la ley de protección de datos”, apostilla.

A ella le duele el despido, pero sobre todo las formas con las que se ha hecho. “Si nos hubiesen informado, nos hubiesen avisado de la ruptura con Alestis, invitado a que recogiésemos nuestras cosas… Pues imagínate lo fácil que hubiese sido. Habríamos acabado despedidos, pero no es lo mismo”, denuncia.

Tanto como ella como el resto de compañeros ha tenido que verse a sí misma en los vídeos que circulan por las redes sociales. Y la estampa se le ha hecho dura. “La dignidad nos la deja por los suelos”, sostiene Marine. “Es de vergüenza haber tenido que rebuscar nuestras pertenencias en un contenedor. Ha sido una humillación a nosotros y a nuestras familias. Sentimos que para la empresa somos basura. No les importamos. Somos números. Nos han tratado como perros. No han tenido humanidad”.

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