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El dinero de la UE para los refugiados hermana a sirios y turcos en Turquía

Estambul, 9 dic (EFE).- Camillas sin estrenar, un laboratorio reluciente, aparatos de última generación... Así es el nuevo hospital de Kilis, capital de la provincia homónima fronteriza con Siria en el sur de Turquía, conocida por tener la mayor densidad de refugiados del país, casi el 40 por ciento de la población.

El hospital, inaugurado oficialmente el martes pasado, luce en la fachada la bandera turca y la de la Unión Europea: es parte del programa de ayuda de la UE a los refugiados sirios en Turquía, iniciado en 2016 tras la oleada migratoria del año anterior.

El trato fue criticado tanto en Europa, donde se interpretó como un pago a Turquía a cambio de evitar la acogida de refugiados, como por parte del Gobierno turco, que reprochaba a Bruselas la fórmula de transferir el dinero solo poco a poco para proyectos concretos destinados a mejorar la vida de los sirios.

Pero seis años y casi 7.000 millones de euros después, el hospital de Kilis refleja más bien el éxito del planteamiento, en opinión tanto de los funcionarios europeos como de los turcos.

Salud y Educación son los dos aspectos principales de la intervención comunitaria para ayudar a los 3,7 millones de refugiados sirios en Turquía, y en ambos casos se trata de reforzar el sistema público turco, ya que es esta infraestructura la que da servicio a los refugiados.

ACCESO A LO PÚBLICO

Si las primeras gestiones de emergencia tras la masiva llegada de refugiados sirios a Turquía en 2013 y 2014 aún se centraban en crear hospitales específicos y colegios para niños sirios, Ankara pronto cambió el rumbo y permitió a los sirios el acceso gratuito al sistema de salud pública en igualdad de condiciones con los ciudadanos turcos.

Asimismo se acabaron los colegios con clases en árabe financiados por ONGs, a menudo islamistas, de Catar y otros países del Golfo y se trabajó por incorporar a todos los niños sirios a la escuela pública turca.

Hoy por hoy, de los 1,1 millones de sirios menores de 18 años, unos 780.000 están escolarizados, según explica el embajador de la Unión Europea en Turquía, Nikolaus Meyer-Landrut, a un grupo de periodistas, entre ellos EFE, durante un viaje a Kilis financiado por la UE.

"Hay un enorme número de niños" en la comunidad siria, observa el embajador, "a menudo 4-5 hijos por familia", una media bastante superior a la de la comunidad local, y es urgente la ampliación de las infraestructuras turcas de enseñanza para evitar la masificación de las aulas.

Por eso, la UE también financia la construcción de colegios en las provincias con alta densidad de refugiados - ya se han terminado 132 escuelas de un total de 411 previstas - y facilita cursillos de lengua turca y clases de apoyo a los niños sirios.

También hay programas para facilitar la integración de los sirios en el mercado laboral, con formación profesional y ayudas financieras para la creación de pequeñas empresas.

TAMBIÉN PARA TURCOS

Estos programas, recuerda Meyer-Landrut, se ofrecen no solo a los sirios sino también a ciudadanos turcos que tengan necesidades similares: se trata de no crear una diferenciación entre dos comunidades que pudiera despertar recelos o envidia en la sociedad de acogida.

El resultado en Kilis da la razón a este enfoque: a diferencia de Estambul o Ankara, donde se han registrado algunos pogromos puntuales contra refugiados, no se observan tensiones sociales en la provincia, donde los 90.000 sirios componen el 38 por ciento de la población total.

Los sirios "son muy activos en el comercio, incluyendo el transfronterizo con Siria, además de trabajar en agricultura y construcción, pero muchos también tienen negocios y empresas", señala Meyer-Landrut.

Diez años después de la llegada masiva de sirios, el enfoque de no separar sino de abrir las estructuras públicas a los refugiados a la vez que las facilidades establecidas para los recién llegados también se ofrecen a los ciudadanos turcos ha llegado a una exitosa integración de la población refugiada en la población local.

Una integración que nadie quiere llamar así, apuntan fuentes diplomáticas europeas, porque la palabra no tiene cabida en el discurso oficial de Ankara, especialmente en una campaña electoral en la que los sirios son un punto de debate polémico.

La oposición intenta utilizar ciertos resentimientos en la población contra el alto número de sirios en el país para atacar el Gobierno del presidente, Recep Tayyip Erdogan, y este responde prometiendo que va a fomentar cuanto antes el regreso voluntario de un millón de sirios a su país.

En realidad, después de diez años de vivir en Turquía, a menudo con niños nacidos y criados aquí, muchas familias sirias ya no tendrán motivo de regresar a Siria, ni siquiera si en un futuro, ojalá próximo, se alcance la paz.

Ilya U. Topper

(c) Agencia EFE