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¿A dónde van los ricos los fines de semana?

Sí, los más ricos de cada país son como nosotros, solo que tienen acceso -gracias a su dinero- a sitios de los que nosotros sólo hemos oído escuchar. Y algunos de estos son sus retiros de fin de semana.

Para los altos ejecutivos de Silicon Valley son áreas exclusivas del valle de Sonoma y Napa, a aproximadamente una hora y media hacia el norte de San Francisco.

Las Alcobas, hotel de lujo en el valle de Napa. Foto: Town and Country

“Los Hamptons son a Nueva York lo que la región vitícola es a San Francisco”, dice Ginger Martin, agente de Sotheby’s en la zona.

No se refiere aquí a la riqueza que implica vivir en California, sino más bien al valor de un “sitio para salir de Silicon Valley y distenderse”, no muy lejos de la gran urbe.

“Es un lugar de fin de semana”, puntualiza.

Lo mismo está ocurriendo con los Hamptons. Ubicados a unas dos horas de Nueva York, esta estrecha franja de localidades de vacaciones posee enormes playas arenosas y restaurantes excelentes y, como nota distinguida, se puede acceder a ella en auto, helicóptero, y hasta en avión.

Vista aérea de los Hamptons, Nueva York. Foto: The Corcoran Group

La singularidad de esta franja habitacional que ahora mismo está siendo muy cotizada es su carácter discreto, “pese a ser muy de alta gama”, de acuerdo con Michaela Keszler, agente inmobiliaria de Southampton para la firma inmobiliaria Douglas Elliman.

Quienes aquí vienen “pueden tener mucha vida social si quieren, pero también lo opuesto, mantener la intimidad y la tranquilidad”, dice.

Esto mismo ocurre en otras partes del mundo. Mientras Nueva York tiene a los Hamptons, las personas más ricas de Hamburgo, en Alemania, escapan a Sylt, una isla en el Mar del Norte, y los milaneses más potentados tienen al Lago de Garda, al tiempo que las celebridades de Los Ángeles se pueden refugiar en una localidad como Ojai.

También en Alemania, el equivalente de los Hamptons se encuentra al otro lado de la frontera en Austria. “Kitzbühel es los Hamptons de Múnich”, garantiza Keszler.

Kitzbühel, destino de los más solventes en Alemania. Foto: Wikimedia Commons.

“Es el lugar al que va la gente de Múnich el fin de semana -detalla-, y es el mismo circo: cargan a los niños y el perro en el auto el viernes por la noche, con esperas de media hora en el tránsito, para volver el domingo por la noche. Lo único bueno que tiene es que en Alemania no hay límites de velocidad, de modo que se puede circular más rápido”.

Por su parte, las personas acaudaladas de Toronto viajan por 2 o 3 noches a Muskoka, una ciudad a orillas del Lago Joseph, sobre la escarpada piedra gris del Canadian Shield, mientras que los más favorecidos brasileños se desplazan sin ningún temor a San Sebastián, una franja de 63 millas de costa de arena blanca pespunteada por hermosas y confortables mansiones, a solo tres horas al este de Sao Paulo.

Del otro lado del Atlántico, los parisinos nacidos o formados en cunas dorados tienen toda la costa del sur de Francia para sus residencias de verano, sus clubes de tenis y golf, y sus carísimas discotecas.

Sin embargo, un enclave como Dinard, en la costa norte de Bretaña, se ha convertido en “un lugar completamente parisino”, al decir de Alexander Kraft, presidente de Sotheby’s International Realty France-Monaco.

Dinard, en la costa Esmeralda de Francia. Foto: Travel and Leisure.

Kraft recuerda que Dinard ha sido un destino caro para las vacaciones desde hace más de un siglo, pero solo en los últimos diez o quince años “se volvió muy de alta gama”.

Sin embargo, puntualiza el agente, aquí “no hay grandes propiedades, sino residencias al borde del mar, con ese aire de pueblo que tenían los Hamptons unas décadas atrás”.

Los precios de Dinard, valora Kraft, oscilan entre cerca de un millón de euros (1.1 millones de dólares) y unos tres millones de euros. “Los parisinos no gastan tanto dinero -apunta-, no son personas que paguen 20 millones de euros por una casa de vacaciones”.

En Sonoma o Napa (en California), dice Ginger Martin, los precios oscilan entre unos 4 millones de dólares para una propiedad de un acre (4.046,86 metros cuadrados).

“O cuando hay una nueva construcción en una propiedad de un acre, esta empezará (con un precio) de 6 o 7 millones de dólares”, aclara. “Aunque puede subir más de 10 millones de dólares”.

“Simplemente, digamos que el mercado de bienes raíces del país del vino es enorme”, continúa. “Estamos viendo precios más altos cada año”.

Sin embargo, no hay sitio como los reales Hamptons neoyorkinos. Y no es por su escena social, ni por sus mansiones de 60 millones de dólares, sino por algo más prosaico: “Yo vine por primera vez aquí en 1992 -relata Keszler-, y yo estaba tan impresionado por la belleza de las playas y de la luz… La de aquí es realmente una luz especial”.

Desde los Hamptons en Estados Unidos, hasta Kitzbühel, al sur de Alemania, las personas acaudaladas saben encontrar lugares tranquilos cerca de las ciudades para relajarse y pasar en familia los días de descanso.