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El bien que le harías al planeta si dejaras de tomar café

·5  min de lectura
El café es uno de los placeres de millones de personas que incluso lo necesitan para comenzar sus días. (Getty Creative)
El café es uno de los placeres de millones de personas que incluso lo necesitan para comenzar sus días. (Getty Creative)

POR Emilio López Romero/Nueva York-. Probablemente hay pocas cosas más placenteras que arrancar un nuevo día escuchando las noticias en la radio mientras el ambiente en la cocina se impregna del penetrante olor a café. Una estampa de lo más familiar que se repite cada mañana en millones de hogares en todo el mundo porque como alguna vez llegó a reconocer Voltaire, es un "veneno lento" del que es muy difícil desengancharse.

Lo que los amantes de esta bebida tan popular como adictiva no saben -o prefieren no saber- es que detrás de esta multimillonaria industria hay un lucrativo negocio que esconde unas cuantas sombras.

Los números que maneja dan vértigo: a diario se consumen más de 2,000 millones de tazas de café a lo largo y ancho del planeta, un vasto mercado que mueve anualmente unos 200,000 millones de dólares, convirtiendo al café en la segunda materia prima que más se comercializa, sólo por detrás del petróleo. Sus defensores celebran que el "tinto" da trabajo a más de 125 millones de personas en el mundo y entre sus múltiples cualidades, además de su inconfundible olor y sabor, destacan que es una bebida antioxidante y prácticamente libre de calorías que aporta menos de 5 kilocalorías por taza.

El actual modelo de la industria del café no es sostenible ni para el medio ambiente ni para quienes lo cultivan. (Getty Creative)
El actual modelo de la industria del café no es sostenible ni para el medio ambiente ni para quienes lo cultivan. (Getty Creative)

El consumo mundial en aumento

Según cálculos recientes de la Organización Internacional del Café (OIC), para la campaña 2020-2021 se esperaba un aumento del consumo mundial del 1,9 por ciento, hasta los 167,26 millones de sacos de 60 kilos cada uno, respecto a lo consumido en el ejercicio anterior, cuando se situó en 164,13 millones de sacos. De esa forma, la mayor autoridad mundial del café, que fue creada bajo los auspicios de Naciones Unidas y tiene su sede en Londres, confirma que el consumo está dejando atrás la crisis por las restricciones relativas a la pandemia del covid-19 y ya está reanudando su firme crecimiento de los 10 últimos años.

Si bien el aumento del consumo suena a buena noticia, la realidad es que el actual modelo de la industria del café no es sostenible ni para el medio ambiente ni para quienes lo cultivan, según se desprende de un estudio publicado en 2019 por una coalición mundial de grupos de comercio justo. Su título, "Café: la historia de un éxito que oculta una crisis", aporta muchos y preocupantes datos sobre este mercado: la superficie apta para su cultivo podría reducirse a la mitad en 2050 debido a la erosión de los suelos y la deforestación, por no hablar de la contaminación por el uso de los pesticidas o la pérdida de biodiversidad.

Plantación de café en la Hacienda Casablanca en Floridablanca, Colombia. (Photo by Juan David Moreno Gallego/Anadolu Agency via Getty Images)
Plantación de café en la Hacienda Casablanca en Floridablanca, Colombia. (Photo by Juan David Moreno Gallego/Anadolu Agency via Getty Images)

Una industria muy contaminante: deforestación y contaminación del agua

El cultivo del café, muy arraigado en países como Brasil, México, Guatemala, Costa Rica o Colombia, se hace bajo la sombra de bosques perennes y según un informe de la FAO, el mundo ha perdido en las últimas tres décadas 178 millones de hectáreas de bosques y el índice de deforestación en las zonas cafetaleras ha ido en aumento.

También está asociado a otro grave problema medioambiental: la contaminación del agua que se usa en el proceso de despulpe, en el cual se separa el fruto de la semilla antes de proceder a su secado. El resultado es un nivel de potasio más elevado en el agua, lo cual amenaza la vida marina y supone un riesgo para la salud de las comunidades locales.

Otra de las sombras asociadas al café son los filtros de las cafeteras que usas en casa o los vasos desechables donde te sirven tu macchiato o tu frappuccino en Starbucks. Solo en México, al año se consumen unas 35,000 millones de tazas de café, de las que más de un 30% son fuera de casa, según un reporte de la revista Forbes.

En el caso del Reino Unido, cada año se usan y tiran en los botes de basura una media de 2,500 millones de vasos de café, de los cuales solo acaban siendo reciclados el 0,25 por ciento, es decir, prácticamente nada.

Quizá puedas aportar tu pequeño granito de arena y contribuir a reducir este volumen incontrolado de residuos llevando un vaso reutilizable a tu cafetería favorita donde, quizá también con suerte, hasta te acaban sirviendo un cafecito gratis.

Los filtros de papel que son blanqueados con cloro para darle ese tono blanco impoluto, con su consiguiente impacto ecológico. (Getty Creative)
Los filtros de papel que son blanqueados con cloro para darle ese tono blanco impoluto, con su consiguiente impacto ecológico. (Getty Creative)

El problema de los desechos: los filtros de café y las cápsulas monodosis

Algo parecido pasa también con los filtros de papel que son blanqueados con cloro para darle ese tono blanco impoluto -con su consiguiente impacto ecológico- y que generalmente terminan en los vertederos después de un solo uso. Se estima que anualmente se producen del orden de los 275,000 millones de unidades, para lo cual es necesaria la tala del equivalente de más de un millón y medio de árboles. ¿Por qué no empezar a utilizar otro tipo de filtros que sean elaborados con tela o acero inoxidable? En su caso son reutilizables y aunque algunos sibaritas quieran decirte lo contrario, no alterarán el sabor de tu café.

Finalmente, pero no menos preocupante, están las populares cápsulas monodosis hechas de aluminio. ¿Sabías que su producción mundial se ha disparado en los últimos años, a razón de 39,000 por minuto, hasta llegar a superar los 20,000 millones de monodosis por año? Si a eso le sumas que debido a los componentes con los que están fabricadas pueden tardar hasta 100 años en degradarse por completo… bingo. Si no eres capaz de renunciar a ellas, entonces ¿por qué no te animas a usar las reutilizables? Pierdes un poco más de tiempo rellenándolas manualmente, pero ayudas un poco a salvar el planeta.

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