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El negocio de sembrar árboles: empresas que ganan dinero salvando el planeta

Fotografía del 8 de mayo de 2018, que muestra un bosque en la localidad de Perote, en el estado de Veracruz (México). Cumplido el objetivo de restaurar el millón de hectáreas que prometió la administración saliente al inicio de la legislatura en 2012, las políticas de reforestación de los bosques en México generan opiniones dispares sobre si es la mejor manera de manejar la cubierta forestal del país. Foto EFE/STR

La alarmante deforestación que ha sufrido el planeta en las últimas dos décadas y media, calculada por la FAO -oficina de la ONU para la Alimentación y la Agricultura- en poco más de 130 millones de hectáreas de superficie forestal, ha promovido el interés por la siembra de árboles como una necesidad latente para compensar ese efecto arrasador que han tenido las actividades humanas de forma consciente o inconsciente.

Pero aparte de las iniciativas gubernamentales que en cada territorio procuran impulsar la reforestación como políticas públicas que renueven el inventario forestal -la FAO estima que son 4.000 millones de hectáreas, aunque la tasa de deforestación se sitúa en 3.3 millones de hectáreas anuales-, en los años recientes han surgido propuestas particulares que han querido inmiscuirse en ese interés y sacar provecho económico de una actividad sana y legal como lo es la siembra de árboles.

Dichas empresas son, en su mayoría, expertas en soluciones sostenibles que con su experticia han sido escaparate para que muchas otras compañías con deseos de compensar sus emisiones de carbono mediante la plantación o la protección de reservas forestales lo puedan hacer, pagándoles a las que sí saben hacerlo para que el trabajo quede bien hecho.

El World Resource Institute -WRI- y The Nature Conservancy -TNC- reportaron de forma conjunta en su informe El negocio de sembrar árboles (2018) cómo esta se ha convertido en una opción atractiva de inversión en todo el planeta, creando una nueva economía: la de restauración ecológica.

“La economía de la restauración se refiere a la red de empresas, inversionistas y consumidores que se involucran en actividades económicas relacionadas con la restauración de tierras. Considerando los amplios beneficios de la restauración, los mercados finales para los bosques y paisajes restaurados incluyen desde madera sostenible y otros productos de consumo (alimentos, medicinas, esencias, entre otros) hasta alimento para el ganado”, señalan ambas entidades, y destacan la ausencia de datos oficiales sobre esta actividad.

Estudiantes participan en una campaña de reforestación de El Salvador en el parque ecológico Walter Deininger en La Libertad, 34 km al sur de San Salvador, el 5 de junio de 2017 (AFP | Oscar RIVERA).

Sin embargo, cita un estudio hecho en EE.UU. en el que da cuenta de la generación de 9.500 millones de dólares en producción anual “y creó otros 15.000 millones en producción indirecta e inducida”.

El informe de WRI y TNC hace foco en 14 empresas globales que se han dedicado a la restauración de tierras. De ellas afirman que algunas generan hasta 50 millones de dólares en ventas, y tienen hasta 450 empleados.

Entre las 14 compañías analizadas incluyeron una de Latinoamérica: la brasileña Symbiosis, cuya actividad comercial se centra en la gestión y la restauración de la selva húmeda atlántica con especies nativas.

Otros casos destacados son los de Land Life Company, una empresa de los Países Bajos que desarrolló la patente para un producto que permite que los árboles crezcan en terreno árido y degradado.

En el artículo Cultivar árboles y generar ganancias: ¿las empresas de restauración son rentables?, publicado en 2017 en el blog de la WRI en México, los autores Andrew Wu, Sofía Faruqi y Erick Brolis comentan que la restauración del uso de las tierras debe ir más allá de los recursos públicos y el interés filantrópico de algunas personas o entidades, y que se requiere de la participación de los sectores comercial y privado para que este ejercicio surta efecto. En otras palabras, acelerar el negocio para que el fin mismo resulte según lo esperado.

“Ciento catorce países se han comprometido a la restauración de 162 millones de hectáreas (área equivalente a seis veces la superficie del Reino Unido), como parte de sus planes para hacer frente al cambio climático. Sin embargo, restaurar el uso de la tierra a gran escala significa que no podemos confiar únicamente en recursos públicos o filantrópicos. Para conseguir los 26 mil millones de dólares que se requieren cada año para que los países cumplan con sus metas —en virtud del Acuerdo de París— es necesario involucrar a los sectores privado y comercial”, se lee en el artículo.

Dicho análisis hace énfasis en que la siembra de árboles para restaurar tierras degradadas es capaz de generar tantos ingresos como ganancias de capital, y que ese potencial comercial lo han descubierto empresas de todos los sectores, ya que su relación con dicha actividad puede ser directa, es decir que se dedican a la plantación de especies arbóreas, por ejemplo, o indirecta, cuando ofrecen la consultoría para la restauración.

¿Y Latinoamérica?

Costa Rica ha sido uno de los países ejemplo en la reforestación, tanto por las iniciativas gubernamentales que fomentan el pago por servicios ambientales a particulares -desde 1997, según información de la Presidencia de ese país-, sino por la vinculación de esfuerzos privados que han coadyuvado para que más de la mitad de su territorio esté cubierto por bosques -en 1983 ese porcentaje era del 26%, citando datos del Banco Mundial-.

El uruguayo Diego Martino, director de la empresa Asesoramiento Ambiental Estratégico -AAE-, subraya la integración que en Costa Rica ha habido entre el Gobierno y las empresas privadas para la compensación de huella de carbono mediante la siembra de árboles. Esto ha permitido que, por ejemplo, todos los recursos que generan los bosques aporten un 2% del PIB nacional.

Cosa contraria, opina Martino, ocurre en Uruguay, donde el negocio de la plantación de árboles como método de compensación es aún “incipiente”, y por ahora avanzan las consultas entre el sector empresarial, de modo que el país apenas se prepara para iniciar con un proceso similar o al menos que tenga el mismo norte.

“El negocio para quien genera las emisiones de carbono pasa por exhibirse ante el mercado como una empresa que tiene conciencia social y en ese sentido lo usa como estrategia de marketing para mostrar su preocupación por el medio ambiente. Del otro lado, hay propietarios de tierras que pueden ser individuos o comunidades cuya ganancia pasa por certificar que sus predios han absorbido determinadas cantidades de carbono o que evitaron una deforestación específica y con eso no se emitieron gases. Luego van y comercializan esto a un comprador interesado”, sostiene el director de AAE.

Muy parecido al uruguayo se presenta el panorama al otro lado del Río de la Plata, donde en consideración de Darío Rodríguez, coordinador de la campaña Banco de Bosques, “la compensación de huella de carbono en nuestro país es mínima y, en general, lo realizan empresas internacionales que tienen una directiva desde sus casas centrales en países dónde sí le dan importancia a este tema”.

Han sido las ONG, responde Darío a Yahoo Finanzas desde Buenos Aires, las que se han encargado de la mayoría de plantaciones que se realizan con arboles nativos en áreas que necesitan restauración o compensaciones evitando deforestación de bosques nativos en peligro.

Rodríguez comentó que con el Plan Nacional de Restauración de Bosques Nativos, se espera que en 2018 sean sembradas más de un millón de unidades, y hasta 2023 serían casi 15 millones de árboles nuevos los que engrosarían el inventario forestal de Argentina, lo cual podría fomentar la creación de empresas que se dediquen a esta actividad.

En Colombia, por ejemplo, existe un programa denominado Banco2, mediante el cual, en una alianza público-privada, familias campesinas reciben un pago frecuente por la protección de bosques en cuencas hidrográficas que son reservas, y también prestan sus terrenos para la siembra de nuevas especies.

También en ese país han surgido empresas consultoras cuya experticia son los servicios ambientales, entre ellos la siembra de árboles. Álvaro Trujillo, representante de Contreebute, señala en un video institucional que hay dos maneras de generar un proyecto: de forma obligatoria, cuando las compañías cuya actividad económica impacta el medio ambiente, y por ende deben cumplir con una obligación impuesta por las autoridades ambientales; y por iniciativa propia, sin mediar algún compromiso con ninguna entidad.

“Nuestras siembras se realizan evaluando las condiciones del sitio, el análisis de cobertura, la protección del recurso hídrico y la recuperación de los ecosistemas”, comenta Trujillo. Uno de los casos de éxito de esta empresa se presentó con la multinacional cementera Argos, cuyo plan de compensación incluyó la plantación de más de 27 mil árboles.

Uno de los casos más reconocidos en este país es el de la empresa Proteak, la principal en el sector forestal del país y con presencia en Colombia, Costa Rica y Panamá. Dicha compañía dice tener más de 18.500 hectáreas de plantaciones, y además de dedicarse a la producción de madera, también ha procurado desarrollar un proyecto de captura de carbono, que comprende cerca de 4.200 hectáreas.

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