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En coronavirus altera el comportamiento de las personas, las empresas y los gobiernos

Al principio de la crisis del coronavirus, había esperanzas de que el daño económico y la recuperación posterior tuvieran forma de V, es decir, caída libre y luego una rápida recuperación a medida que las cosas se encaminen.

Pero este podría no ser el caso, escribe Torsten Sløk, director económico de Deutsche Bank. ¿Por qué? Porque el confinamiento por el coronavirus podría cambiar fundamentalmente gran parte del comportamiento de las personas, las empresas y los gobiernos. 

“Cuando se reabra la economía global, es probable que veamos un cambio en el comportamiento de los hogares, las empresas y el sector gubernamental”, escribió Sløk. “Estos cambios de comportamiento son la razón por la que no tendremos una recuperación en forma de V y no hay política fiscal que pueda cambiar eso”.

Tener por contexto a las unidades de cuidados intensivos desbordadas sin suministros adecuados ha generado una sensación de crisis aguda y trauma para muchas personas en zonas afectadas por el coronavirus (Foto de Noam Galai / Getty Images).

El impacto del bloqueo inmediato, completo y necesario de la economía ha hecho que una gran parte de la economía de consumo discrecional ‒restaurantes y cualquier actividad pública‒ quede en punto muerto, lo que da como resultado una cifra récord de solicitudes de desempleo y un colapso de la bolsa. 

Debido al retraso de la respuesta estadounidense, los cierres de empresas ya se acercan a un mes de duración, un largo período que modifica el comportamiento y que podría ser mucho más largo. El daño va a ser profundo.

“Estimamos que las medidas cada vez más estrictas para combatir la COVID-19 en Europa y Estados Unidos están debilitando el nivel de gasto de consumidores y empresas a niveles que no se veían desde la Gran Depresión”, señalaba un artículo reciente de economistas de Deutsche Bank. “Es probable que la caída en el PIB europeo y estadounidense sea más del doble que durante la crisis financiera global más prolongada de la historia”.

Cómo cambiará tu comportamiento

Tras un mercado alcista aparentemente interminable después de la Gran Recesión, los malos tiempos casi se habían vuelto tema de discusión académica a medida que se desvanecían en la memoria, y muchos trabajadores jóvenes solo han vivido en un mercado alcista. Esta será una clara llamada de atención para prepararse tanto para los malos tiempos como para los buenos.

Para los millennials un poco más mayores, la Gran Recesión dio forma a su psique y a su visión de mundo, alejándolos de las tarjetas de crédito (para acercarlos a las de débito) y obligándolos a ahorrar más que sus padres, a pesar de haber acumulado menos a la misma edad. Los tiempos más traumáticos han dejado efectos muy marcados, ya que, por ejemplo, muchas personas nacidas entre 1901 y 1927 nunca abandonaron sus hábitos de moderación, moldeados indeleblemente por el racionamiento en tiempos de guerra.

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Algunos de los cambios psicológicos que predice el Deutsche Bank son bastante positivos, pero frenan el crecimiento, al igual que el gasto de los consumidores. Cuando todo esto termine, es probable que la gente cambie su opinión sobre los ahorros para emergencias. 

Las recesiones a menudo causan picos en los ahorros dado que las personas se vuelven más reacias al riesgo después de tiempos difíciles (Deutsche Bank).

El aumento repentino del desempleo y las graves preocupaciones financieras para millones de personas pueden dar lugar a más ahorros de emergencia.

Esto no es solo para grupos de bajos ingresos. De acuerdo a datos de AARP y Deutsche Bank, una cuarta parte de los hogares que ingresan 150 000 dólares o más no tienen ahorros de emergencia.

Tras la Gran Depresión de los años 30 del siglo XX, se dispararon las tasas de ahorro personal, tendencia que se repitió durante la Gran Recesión. Si eso acaba por ocurrir durante esta pandemia, coincidiría con las tasas de interés de tarjetas de crédito más altas en décadas, lo que haría que la gente gaste menos.

Los cambios no siempre son obvios. Sløk escribe que podrían cobrar forma con un aumento del espacio entre los asientos de aviones, restaurantes, cines, eventos deportivos, conciertos, conferencias, trenes, autobuses e incluso oficinas.

A corto plazo, habrá menos personas que puedan optar por irse de vacaciones hasta que aparezca una vacuna, lo que en un principio, llevaría un año y medio, dicen muchos expertos.

La gente no puede ir a las tiendas y eso tampoco se incentiva, el comercio electrónico se ha visto impulsado y servicios como la entrega de alimentos a domicilio se han ampliado rápidamente para hacer frente a la demanda. Cuando se apacigüe la crisis, muchos consumidores decidirán seguir usando el servicio de entregas.

Mostrador de Southwest Airlines vacío en el Puerto Aéreo y Espacial Internacional de Midland, Texas, después de que el estallido del brote de COVID-19 en Estados Unidos haya causado una disminución drástica en los viajes aéreos (Eli Hartman / Odessa American a través de AP).

Para evitar el contacto con pacientes infectados con la COVID-19, muchos hospitales han adoptado estrategias de telemedicina cuando es posible, y esta tendencia permanecerá.

Los efectos no serán los mismos para todo el mundo. La crisis del coronavirus (que el Deutsche Bank llama “crisis del virus” en algunos puntos) afectará mucho más a los grupos de bajos ingresos, ya que estos grupos tienen menos vacaciones pagas, menos prestaciones sanitarias y es posible que no puedan trabajar desde casa.

El sector empresarial también cambiará por la pandemia

Las restricciones prolongadas también tendrán un efecto en el mundo de los negocios. Las empresas podrían decidir que muchos viajes de negocios son menos necesarios, ya que se han vuelto más comunes las videoconferencias a través de Slack, Zoom, Hangouts, Meet, FaceTime, Skype y WhatsApp. 

Sløk escribe que los horarios de trabajo podrían volverse más escalonados y flexibles y que, a medida que haya más personas que adopten métodos de trabajo desde el hogar de forma permanente, podrían haber menos cubículos y asientos en las oficinas. 

Surgirán primas de seguros médicos más altas tanto para las empresas como para las personas, así como una mayor presión por parte de los trabajadores para mejorar prestaciones laborales como la licencia por enfermedad con goce de sueldo y la protección de los trabajadores que hacen trabajos ocasionales.

Cambios gubernamentales y permanencia

La crisis del coronavirus también cambiará la forma del gobierno. Sløk predice más restricciones de viaje a zonas de alto riesgo y más escáneres de temperatura en las fronteras. Podrían surgir nuevas regulaciones que presionen a las empresas y a los hogares a tener ahorros de emergencia, al sistema de salud para que esté mejor preparado frente a desastres y a una planificación más sistematizada en todos los ámbitos; incluida una reserva estratégica reforzada de suministros médicos fundamentales para no depender de otros países durante una crisis.

Los casos confirmados de coronavirus siguen aumentando (David Foster / Yahoo Finance).

Otro artículo de Deutsche Bank incluso sugiere: “La solidaridad europea está siendo cuestionada y amenaza con convertir una crisis socioeconómica en una crisis política”.

Mohamed El-Erian, asesor económico principal de Allianz SE, popularizó el término “la nueva normalidad” tras la crisis financiera de 2008 y señaló que el evento pudo haber sido lo suficientemente significativo como para cambiar la sociedad, en lugar de resultar en una vuelta a la normalidad previa a la recesión. En 2008, dijo que Estados Unidos salió de esa situación posterior a la recesión cuando se disparó el crecimiento económico.

Lo que predice Sløk es una redefinición parecida de la normalidad, y la naturaleza única de la pandemia de coronavirus podría dar lugar a un cambio mucho más acusado que el 2008. Además de las impactantes cifras de desempleo, nos encontramos con el estrés y el miedo a un virus que ya ha matado a más de 10 000 personas en Estados Unidos.

Este es un desastre mortal que ha cambiado la forma de vivir de todo el mundo, incluso de los famosos y los multimillonarios. Podría haber y habrá efectos mucho más allá de las predicciones de primer y segundo orden que presenta Sløk, ya que el aislamiento cambia nuestro comportamiento. Gran parte de esto, sin embargo, es difícil de predecir. Cuando termine, ¿pasarán las personas más tiempo juntas, privadas del contacto social en la vida real? ¿Volverán a retomar sus costumbres originales? ¿O permanecerán replegadas? 

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Ethan Wolff-Mann