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Encontró un producto que no hacía nadie y hoy factura millones vendiéndole a firmas como Starbucks y Juan Valdez

·3  min de lectura
Gonzalo Perrin, de Pasticcino
Gonzalo Perrin, de Pasticcino

Para algunas personas, que haya o que no haya puede ser la razón para sentarse en una cafetería o seguir de largo, pero lo cierto es que el mercado de las galletitas que acompañan al café estaba bastante desatendido, hasta que, en 2008, Gonzalo Perrin dio con esa necesidad. Fue el germen de Pasticcino, la empresa que tiene con su padre y un amigo, que se hizo fuerte en ese rubro, y también hace cookies, galletas con limón, alfajores y waffles, entre otras categorías.

“Tenía 22 años, había estudiado hotelería y turismo y conocí a un proveedor de Café Martínez que me dijo que estaban buscando a alguien que les hiciera las galletitas para acompañar el café. Y, más allá de esa eventualidad, me pareció un lindo mercado para desarrollar y el disparador para arrancar una empresa”, contó Perrin en diálogo con LA NACION sobre los inicios de la compañía.

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En 2008 empezó a trabajar con el horno de su casa haciendo las primeras pruebas y recién un año después pudo comenzar a venderle a Café Martínez, cuando estuvo lista la fábrica que pusieron en el pueblo de O´Higgins, en la provincia de Buenos Aires, que tiene 1000 habitantes.

“Pasaron dos o tres años de vender galletitas de café a redes de cafeterías y fabricantes de café y nos dimos cuenta de que podíamos sumar productos. Después conocí a una persona que conocía al CEO de Starbucks y tuvimos una reunión en 2015. Introdujimos en principio dos categorías y hoy ya les vendemos seis. En el caso de YPF, pasó lo mismo: llegamos a ellos a través de distribuidores o empresas. El mercado te hace transitar por un embudo”, continuó.

Hoy, entre sus clientes cuentan también a Nucha, Tostado, Juan Valdez, The Coffee Store, Lucciano´s, Le Pain Quotidien y Cabrales, entre otros. En cuanto a los productos, agregaron a su portfolio alfajores, cantuccinis de almendras y stroopwaffles (una galleta circular de tipo waffle, o gofre, de los Países Bajos).

“Cuando nos vienen a ver auditorías de YPF o Starbucks no saben cómo montamos la fábrica acá. Un poco la motivación de Jorge, mi papá, y de mi socio Germán era poner una fábrica en O´Higgins y dar trabajo. A la planta ingresó gente de 45 años que nunca había tenido un aporte social”, aseguró Perrin a pesar de algunas dificultades que surgieron con la pandemia.

Según relató el CEO de la compañía, debido al Covid-19, tuvo que cerrar una segunda planta que había abierto en San Pablo, Brasil, y en un momento tuvo parada la fábrica de O´Higgins por 100 días. “En pandemia éramos 19 personas trabajando y hoy somos 30. Finalmente, crecimos, pero tenemos créditos que pagar de esa época que, como tenemos una buena cantidad de ventas, se cumplen sin problemas”, confió.

Pero no todo fueron malas noticias, sino que durante la cuarentena aprovecharon a terminar de adoptar normas de calidad, desarrollaron dos categorías de productos que no tenían y lanzaron su propia marca. “Cuando todas las empresas cerraron, salimos con nuestra marca y nuestro packaging y hoy vendemos en algunos lugares gourmet. También tenemos una plataforma de venta web y las galletas de manteca se venden en supermercados. Nuestro fuerte es desarrollar productos para cafeterías, pero paralelamente buscamos hacer crecer nuestra marca propia”, completó.

Actualmente están invirtiendo unos US$300.000 para seguir ampliando la planta y este año prevén facturar $300 millones.

“Somos líderes en las galletitas para acompañar el café y probablemente cuando cualquiera toma un café consume un producto nuestro. Nuestra premisa es fabricar productos listos para la venta a los que no hay que cocinar ni nada que ayudan a las empresas a aumentar su ticket promedio”, cerró.