U.S. markets open in 7 hours 22 minutes

La nueva escasez por COVID-19, las tarjetas de condolencias

Michael Corkery and Sapna Maheshwari
Una serie de tarjetas de condolencias en Nueva York el 23 de abril de 2020. (Taylor Johnson/The New York Times)

La pandemia de coronavirus ha dejado a los minoristas en apuros para satisfacer una demanda aplastante de todo tipo de productos, desde leche hasta papel higiénico, pasando por harina y levadura.

Pero hay otra escasez, tal vez menos obvia pero más desgarradora. En las tiendas, junto a un amplio suministro de tarjetas de cumpleaños y notas de agradecimiento, las tarjetas para ofrecer condolencias están casi todas agotadas.

El pasillo de las tarjetas de felicitación, con sus sobres de colores pastel y sus mensajes para cada ocasión, es como una instantánea del desgarrador costo del virus. Mientras que muchas celebraciones e hitos se han aplazado, el duelo abunda.

Leer: Compras de pánico por el coronavirus: la psicología que hay detrás

“El número de pedidos que vemos llegar de tarjetas de condolencias es impresionante”, sostuvo Alan Friedman, quien dirige una empresa de tarjetas de serigrafía, Great Arrow Graphics, en Búfalo, Nueva York, y es miembro del consejo de administración de la Asociación de Tarjetas de Felicitación, el grupo comercial de la industria. “Parece que casi todo el mundo conoce a alguien que ha fallecido”.

Incluso en un momento de constantes reuniones de Zoom y abrazos virtuales, los grandes minoristas están luchando por satisfacer la demanda de tarjetas de condolencias de la vieja escuela. Las farmacias CVS, uno de los mayores vendedores de tarjetas de felicitación del país, dijo que estaba viendo “una mayor demanda de tarjetas de condolencias que la mayoría de los otros tipos de tarjetas durante la pandemia” y que se estaban agotando en ciertas tiendas. Compradores de todo el país han publicado en redes sociales que su Winn Dixie o ShopRite local se estaba quedando sin tarjetas.

En Etsy, el mercado en línea de manualidades y joyería, las búsquedas de tarjetas para ofrecer condolencias fueron de más del doble del 1.° de marzo al 17 de abril en comparación con el mismo periodo del año anterior.

Una tarjeta de condolencias en Nueva York el 23 de abril de 2020. (Taylor Johnson/The New York Times)

“Me desgarra el corazón cada pedido que llega”, dijo Elizabeth Avalos, que vende tarjetas de felicitación en línea desde su casa en Valley Springs, California. En un mes normal, vende unas seis tarjetas de pésame. Vendió 37 en marzo y más de 275 en lo que va de abril.

Leer: Productos que nadie quiere ni en medio de las compras por pánico

Parte del desabastecimiento ha sido causado por problemas de distribución. Las farmacias y las cadenas de supermercados, centradas en mantener sus estantes llenos de productos básicos para el hogar, no permiten que las compañías de tarjetas entren en las tiendas y reabastezcan regularmente. Puesto que en las tiendas se agotan las tarjetas y la gente no puede salir de casa, muchas de las ventas de tarjetas ahora se realizan en línea y se encuentran en niveles récord, dicen los proveedores.

Antes de la pandemia, la industria de las tarjetas de felicitación había experimentado un descenso en las ventas. Algunos minoristas importantes habían reducido el espacio del pasillo dedicado a las tarjetas. La empresa matriz del minorista de tarjetas de alta gama Papyrus se declaró en quiebra en enero y cerró todas las tiendas de la marca. Pero la comunicación virtual tiene sus límites, especialmente en tiempos de duelo. Puesto que hay muchas personas que no pueden asistir a los funerales ni llevarles comida a sus vecinos afligidos o ni siquiera ofrecer un abrazo, el envío de una tarjeta postal para dar el pésame parece más necesario.

Leer: Los empleados 'aterrorizados' de las empresas de entrega a domicilio van a trabajar enfermos

Hace dos semanas, Barbara Macchiaroli, de 75 años, compró ocho tarjetas de condolencias en su farmacia local de Huntington, Nueva York.

Normalmente pasa un tiempo mirando las imágenes y el texto, tratando de encontrar el mensaje correcto. En este viaje a la tienda, con guantes y cubrebocas, apenas leyó lo que decían las tarjetas porque tenía miedo de tocarlas.

Las tarjetas eran para las familias de personas que ella cree que murieron por el virus: un amigo, dos hombres en un asilo de ancianos y la madre de una amistad. Envió siete en un solo día.

“Me quedaba una más”, dijo. “Y luego alguien más murió”.

Este mes, la misma Macchiaroli ha recibido tarjetas de condolencias. Su pareja de hace mucho tiempo murió por el virus el día después de Pascua en un asilo para ancianos. Tenía 90 años. No se ha celebrado el funeral, pero las tarjetas —34 hasta ahora— han estado llegando a su casa todos los días. Los remitentes han escrito sobre sus recuerdos de su hermosa voz de cantante, su devoción al Club Kiwanis local y su amor por los Ford Modelo A.

Leer: Problemas logísticos por el COVID-19 traban el suministro de alimentos

“Las tarjetas me han reconfortado de una manera que nunca esperé”, afirmó. “Creo que es porque no puedo estar con gente en este momento”.

Para algunos, el trastorno de sus rituales de envío de tarjetas ha sido otro resultado cruel del virus.

Deb Toye-Sweppenheiser estaba de luto este mes cuando visitó un supermercado Winn Dixie en Marco Island, Florida. Su tía de 79 años, que vivía en Hillsborough, Nueva Jersey, había fallecido a causa del coronavirus y quería enviar tarjetas a su familia, lo que incluía al menos a cinco primos.

Pero los estantes de las tarjetas de condolencias estaban vacíos y la escala de la pandemia la impactó de nuevo. Publicó una foto de la estantería de las tarjetas en Facebook, expresando su conmoción con el comentario: “No son noticias falsas, la gente está muriendo”.

Cuando le preguntó a una empleada por las tarjetas, le dijo que se agotaban enseguida.

“Había oído hablar del papel higiénico, de las toallas de papel, del agua”, expresó Toye-Sweppenheiser, de 57 años, quien dirige una concesionaria de autos usados en Factoryville, Pensilvania. “Pero de las tarjetas…”.

This article originally appeared in The New York Times.


© 2020 The New York Times Company