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Europa está intentando deshacerse de los coches contaminantes. Trump quiere más.

(lazyday vía Getty Images)

París tiene un sueño: liquidar la era del automóvil. La dependencia de los vehículos propulsados ​​por gas y diésel ha supuesto un costo enorme para la salud y el medio ambiente de los parisinos en una urbe donde viven 12 millones de personas. La capital francesa, que a menudo está cubierta por una espesa capa de smog, tiene la peor calidad de aire de las ciudades de Europa Occidental, según reveló un estudio elaborado por Greenpeace.

La alcaldesa Anne Hidalgo cree que ha llegado el momento de tomar decisiones radicales. Quiere que la ciudad se convierta en una zona libre de combustibles fósiles, un lugar donde la gente se desplace a pie, en bicicletas, usando el transporte público y, si es necesario, en vehículos eléctricos.

Ha dicho que en 2024 los vehículos diésel estarán prohibidos y el año pasado anunció que todos los autos con motor de combustión deben desaparecer en 2030. Una red de vecindarios parisinos ya ha prohibido la circulación de los vehículos todos los domingos y los coches también están prohibidos en un tramo de carretera que discurre a lo largo del río Sena por el centro de la ciudad. El gobierno de la ciudad incluso está valorando la posibilidad de que el transporte público sea gratuito para animar a los conductores a renunciar por completo a sus vehículos.

Una familia posa en los Campos Elíseos durante un día sin automóviles, en París, el año pasado. (CHRISTOPHE SIMON/AFP/Getty Images)

Christophe Najdovski, el teniente de alcalde de París responsable del transporte, le dijo al HuffPost que la máxima aspiración es peatonalizar el corazón de París. “Los parisinos necesitan espacios donde puedan respirar. También necesitamos crear las condiciones para desarrollar alternativas que permitan experimentar la movilidad de diferentes maneras. Menos estrés, menos ruido, menos contaminación”.

París no es la única ciudad europea que tiene un plan para acabar con el dominio del motor de combustión interna. Oslo pretende erradicar los automóviles en el centro a partir de 2019. Madrid prohibirá a los no residentes conducir por el centro de la ciudad a partir de noviembre y otra ciudad española, Pontevedra, ya ha prohibido que los automóviles accedan al centro de la ciudad.

Los compromisos a nivel nacional también están aumentando, Dinamarca, Noruega, Francia y el Reino Unido son algunos de los países que han establecido una fecha para la eliminación gradual de los automóviles convencionales en las próximas dos décadas, aunque por el momento ninguno ha promulgado una ley al respecto. Además, los miembros del Parlamento Europeo acaban de votar a favor de una reducción del 40 % de las emisiones de los coches para 2030.

Estas decisiones transmiten la sensación de que Europa se está moviendo, aunque lentamente, hacia un “pico automovilista”, un momento en el que el uso y la propiedad de los coches privados se estancará para luego caer. También indica que el motor de combustión interna se encamina a su tumba.

Estados Unidos toma el camino opuesto de la mano de Trump

Sin embargo, en Estados Unidos los recortes en el sector automovilístico no avanzan al mismo ritmo. De hecho, parecen estar retrocediendo a medida que la administración Trump intenta revertir drásticamente la legislación promulgada en la era Obama que fue diseñada para lograr que los coches sean más eficientes y contaminen menos. Si la propuesta sigue adelante, podría significar que bombearemos hasta 931 millones de toneladas métricas de CO2 a la atmósfera para 2035. Y estamos atravesando precisamente un momento crucial para reducir las emisiones y evitar un cambio climático catastrófico pues nos estamos quedando sin tiempo, según indicó un informe histórico de las Naciones Unidas.

Estados Unidos ama los coches. Los índices de propiedad de automóviles y camiones son unos de los más elevados desde la crisis financiera de hace una década. No obstante, esa adicción a los vehículos propulsados por combustibles fósiles sigue teniendo un efecto sumamente perjudicial.

En 2016 el transporte eclipsó la generación de energía convirtiéndose en la mayor fuente de emisiones de CO2 en Estados Unidos. (milehightraveler vía Getty Images)

En 2016 el transporte eclipsó la generación de energía convirtiéndose en la mayor fuente de emisiones de CO2 en Estados Unidos. Además de contribuir al cambio climático, los automóviles propulsados por combustibles fósiles son un factor importante en la contaminación del aire, que causa a nivel mundial 7 millones de muertes prematuras cada año.

Las investigaciones han demostrado que las sustancias contaminantes que salen de los tubos de escape de los automóviles tienen un efecto perjudicial en casi todos los órganos de nuestro cuerpo. Sus efectos sobre los pulmones son más conocidos, pero estos contaminantes también dañan nuestro cerebro. Un estudio de la Escuela de Medicina de Yale relacionó la contaminación atmosférica con una disminución “enorme” del nivel de inteligencia. Otro estudio encontró evidencias de que las personas que viven cerca de carreteras con mucho tráfico tienen un mayor riesgo de padecer demencia.

El efecto de los coches también se aprecia a nivel social. Han hecho que las ciudades estadounidenses sean más grandes y las personas tengan que conducir distancias muy largas para ir a trabajar, lo cual genera una sensación de malestar y aislamiento. En cambio, el bienestar psicológico aumenta cuando caminamos, vamos en bici o usamos el transporte público, según reveló una investigación británica sobre los desplazamientos diarios.

“Estamos viendo que algunas ciudades están tomando medidas muy audaces y agresivas”, comentó Gina Coplon-Newfield, directora de la campaña Transporte Limpio para todos en el Sierra Club. “Los líderes de Estados Unidos deberían estar dispuestos a asumir esos compromisos con vistas al futuro”.

Es cierto que se han tomado algunas medidas para frenar los automóviles, sobre todo en California. Los Ángeles, West Hollywood y Santa Mónica, algunas de las ciudades que se han comprometido con la declaración C40 para reducir el número de vehículos contaminantes en las calles y lograr que sea más fácil moverse a pie por la ciudad. Un proyecto de ley propuesto por un legislador de California propone prohibir los coches a gasolina para 2040.

Sin embargo, estas iniciativas se verán amenazadas si la administración Trump logra eliminar la legislación sobre la eficiencia del combustible. La propuesta de Trump también desafiaría la capacidad de California para regular las emisiones de los automóviles y acabaría con el programa estatal para alentar a las personas y empresas a comprar coches eléctricos.

Algunas novedades ofrecen un rayo de esperanza, como el incremento del número de vehículos eléctricos, que probablemente seguirán en las calles a pesar de las reversiones regulatorias. Según un informe de Bloomberg New Energy Finance, los autos eléctricos podrían ser más económicos que sus homólogos a gasolina en el 2025. Y se espera que los coches que funcionan solo con gas o diésel representen menos del 50 % de todas las ventas de autos nuevos en Estados Unidos, Europa, China e India para el 2031, según un informe de los analistas IHS Markit.

Coches eléctricos en una estación de carga en Ámsterdam. (Getty Images)

La revolución eléctrica también podría extenderse al transporte público. “Los autobuses eléctricos son el candidato idóneo para la electrificación, es una buena opción para que las ciudades inviertan”, dijo Daniel Cohan, profesor asociado de ingeniería civil y ambiental en la Universidad Rice de Houston. Actualmente, solo 300 de los más de 65 000 autobuses en Estados Unidos son eléctricos, aunque ciudades como Nueva York, Los Ángeles y San Francisco han establecido plazos para convertir sus flotas de autobuses en modelos eléctricos en las próximas décadas.

“Si más ciudades se suman a este tipo de acuerdo, podrían desempeñar un importante papel para contribuir a impulsar el mercado de los vehículos eléctricos”, afirmó Cohan.

Sin embargo, aunque existen señales prometedoras, la penetración de los vehículos eléctricos sigue siendo lenta. Los consumidores se desaniman por la falta de infraestructura de carga y el mayor costo de los híbridos y los coches eléctricos en comparación con los vehículos equivalentes a diésel o gasolina. Al menos por el momento, los coches convencionales son más baratos y fáciles de conducir.

En cualquier caso, la sustitución de un tipo de coche por otro no conducirá, por sí sola, a una sociedad sostenible. Los ambientalistas creen que un futuro verdaderamente sostenible exige mucho menos vehículos y alternativas que puedan cambiar el concepto de propiedad privada.

Por un lado, la extracción de las grandes cantidades de litio y cobalto que se necesita para fabricar las baterías de los vehículos eléctricos amenaza con crear un nuevo tipo de problema ambiental. Y algunos expertos dicen que, de todas maneras, los vehículos eléctricos no resolverán el problema de la contaminación ya que los coches serán tan limpios como la energía que produzca Estados Unidos, la cual aún proviene en su mayoría de la quema de combustibles fósiles.

“Para reducir la cantidad de coches en la carretera, necesitamos brindar a las personas la oportunidad de cambiar sus vehículos por otras buenas alternativas, ya sea el transporte público, trasladarse en bicicleta, caminar o compartir el coche en los viajes”, dijo Coplon-Newfield de Sierra Club.

Las personas van en bicicleta por el centro de Copenhague, Dinamarca, una ciudad que ha sido catalogada en muchas ocasiones como una de las más amigables con las bicicletas a nivel mundial. (LeoPatrizi vía Getty Images)

Sin embargo, en lo que se refiere al transporte público, hace décadas que las autoridades estadounidenses no han invertido en ningún gran proyecto. Los programas se han quedados relegados a un rincón por falta de atención y de fondos, aunque muchos confían en que las empresas tecnológicas resolverán los problemas de movilidad con los vehículos eléctricos, incluyendo los scooters eléctricos.

En este debate, los intereses corporativos no han apoyado a los defensores del transporte público que intentan convencer a las personas sobre sus beneficios.

Por ejemplo, el grupo Estadounidenses por la Prosperidad, financiado por los multimillonarios conservadores Charles y David Koch, ha implementado campañas políticas bien organizadas contra los proyectos de trenes y autobuses en Nashville, Phoenix y Little Rock, Arkansas, y en otras áreas metropolitanas en crecimiento en el resto del país.

En mayo, los votantes rechazaron una propuesta para implementar un sistema de tren ligero y nuevas rutas de autobuses en la capital de Tennessee, luego de que el grupo describiera dicho plan como un desperdicio de dinero de los contribuyentes.

Jarrett Walker, consultor de transporte público que trabaja en Portland, Oregón, considera que los partidarios del transporte público deben explicar los desafíos en términos más claros.

“Es importante describir con claridad lo que significa no votar el proyecto de transporte”, explicó Walker. “Los votantes siempre asumen de forma errónea que, si dicen que no, todo permanecerá como está. Pero en una región en crecimiento, no es así. Por tanto, es importante describir todos los terribles problemas que podrían aparecer en un futuro sin el proyecto de transporte, como una mayor dependencia del coche, más contaminación, congestión, problemas de salud y cambio climático”.

Adam Forrest

HuffPost