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Como explicar la nostalgia que sentimos los cubanos | Opinión

El Futuro de la Nostalgia (The Future of Nostalgia) de Svetlana Boym es un libro complejo.

Hasta su muerte, en 2015, a la temprana edad de 56 años, Boym fue profesora de literatura eslava en la Universidad de Harvard. Nacida en Leningrado, URSS (ahora, de nuevo, San Petersburgo) la obra de la profesora Boym explora la nostalgia, en particular, la de los exiliados rusos que escaparon del comunismo. En esta columna tomo prestado de su trabajo, teniendo en cuenta su paralelismo a la experiencia del exilio cubano y de la mía propia.

La profesora Boym define la nostalgia como el anhelo de un hogar que ya no existe o que nunca ha existido. “La nostalgia es un sentimiento de pérdida, de desplazamiento, aunque también tiene algo de fantasía”. Podemos sentir nostalgia por un lugar, pero en realidad anhelamos un momento. Boym explora la nostalgia por un lugar, pero también “por los sueños y visiones de un futuro que no ocurrió”.

La nostalgia no es melancolía. Esta última se refiere a la conciencia individual. Mientras la melancolía cuenta la historia personal y nacional; la nostalgia es sobre la relación entre nuestra memoria personal y la colectiva de nuestros compatriotas. La nostalgia busca “la repetición de lo irrepetible, la materialización de lo incorpóreo”.

La palabra nostalgia fue acuñada por el médico suizo Johannes Hofer en su tesis médica de 1688. Decía que esa enfermedad, evidente en los desplazados de la época, producía “representaciones erróneas que hacía que los afligidos perdieran el contacto con el presente. El anhelo por su tierra natal se convirtió en una obsesión”.

En aquellos días, se pensaba que era una muestra del patriotismo de aquellos que amaban su tierra natal hasta el punto de la enfermedad. Esta “hipocondría del corazón” o mal de corazón era una enfermedad que se trataba con sanguijuelas, emulsiones hipnóticas y opio, pero el mejor remedio era el regreso a la patria.

La nostalgia tiene una historia interesante que va desde lo que se pensaba que era una enfermedad curable en el siglo XVII, hasta la actual condición incurable de la pérdida de la juventud y de oportunidades. El estudio de la nostalgia todavía frustra a psicólogos, sociólogos, filósofos y otros especialistas

La profesora Boym distingue entre dos tipos de nostalgia, que califica como restauradora y reflexiva. La nostalgia restauradora evoca un pasado nacional y busca una reconstrucción atemporal del hogar perdido; mientras que la reflexiva se centra en un anhelo personal. La nostalgia reflexiva ahonda sobre nuestra memoria individual y cultural.

Si somos un nostálgico restaurador, miramos viejas fotografías y contamos historias familiares. Como nostálgicos reflexivos extrañamos el pasado, pero no queremos que vuelva, porque reconocemos que ese mundo ya no existe, y no nos gusta como es ahora.

Los nostálgicos restauradores quieren “reconstruir el hogar perdido, llenar las lagunas de la memoria y no reconocen los defectos del pasado. Como muchos de mis compatriotas, recuerdan la historia como una caricatura”.

Para los exiliados que buscan la libertad, esta idea se limita inicialmente al concepto de libertad de la opresión de sus anteriores gobiernos. Los exiliados piensan que esa libertad está constantemente en peligro. Es quizás por esta razón que los exiliados a menudo parecen estar más dedicados a los ideales de libertad que los nativos de sus patrias adoptivas.

Sin embargo, como exiliados no renunciamos al pensamiento crítico incluso cuando abrazamos un profundo vínculo emocional con nuestra historia. Y aunque nuestra incapacidad para volver a casa es una tragedia personal, también es una fuerza habilitadora.

La profesora Boym cita un dicho ruso que dice que el pasado se ha vuelto mucho más impredecible que el futuro. La experiencia del exilio cubano ha durado toda una vida, y a medida que los recuerdos se desvanecen, nuestro pasado se ha vuelto realmente impredecible.

Hacemos bien en recordar el poema icónico de Emily Dickinson, “La eternidad está compuesta de ahora(s)”. Nuestra nostalgia de exiliados puede ser una emoción creativa si elegimos ser nostálgicos no por el pasado de la manera en que fue, sino por el pasado de la manera en que podríamos haberlo hecho. Tal es el futuro de mi nostalgia.

El último libro del Dr. José Azel es “Libertad para novatos”. Correo: Joeazel@me.com.