Florece una nueva área de la IA aun cuando el sector tecnológico se ensombrece

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Sam Altman, uno de los fundadores y presidente del consejo de OpenAI, un laboratorio que está popularizando la inteligencia artificial generativa, habla en la cumbre New Work en Half Moon Bay, California, el 25 de febrero de 2019. (Mike Cohen/The New York Times)
Sam Altman, uno de los fundadores y presidente del consejo de OpenAI, un laboratorio que está popularizando la inteligencia artificial generativa, habla en la cumbre New Work en Half Moon Bay, California, el 25 de febrero de 2019. (Mike Cohen/The New York Times)

SAN FRANCISCO — Hace cinco semanas, OpenAI, un laboratorio de inteligencia artificial en San Francisco, lanzó ChatGPT, un bot conversacional que responde preguntas en una prosa clara y concisa. La herramienta basada en inteligencia artificial de inmediato causó sensación, pues más de un millón de personas la usaron para crear de todo, desde poesía hasta ensayos escolares y reescrituras de canciones de Queen.

Ahora OpenAI está en medio de una nueva fiebre del oro.

El laboratorio está en negociaciones para llegar a un acuerdo que lo valuaría en unos 29.000 millones de dólares, más del doble de su valoración en 2021, según revelaron dos personas con conocimiento de las conversaciones. El posible trato —en el que OpenAI vendería las acciones existentes de la empresa en lo que se conoce como una oferta pública de adquisición— podría alcanzar un total de 300 millones de dólares, dependiendo de cuánto empleados accedan a vender sus acciones, explicaron las personas. La empresa también está en charlas con Microsoft —que invirtió 1000 millones de dólares en la compañía en 2019— para obtener fondos adicionales, según dijeron dos personas.

El clamor en torno a OpenAI demuestra que, incluso en la recesión más funesta que se ha visto en el sector tecnológico en una generación, siguen proliferando los acuerdos en Silicon Valley. Tras un año aleccionador que incluyó despidos y recortes masivos, los inversionistas del sector, optimistas por naturaleza, no pueden dejar de incursionar en las tendencias de moda.

Ninguna otra área ha generado más emoción que la inteligencia artificial generativa, el término dado a la tecnología que puede generar texto, imágenes, sonidos y otros medios de comunicación a partir de descripciones breves. Desde hace años, inversionistas, especialistas y periodistas han ensalzado la inteligencia artificial, pero esta nueva ola —el resultado de más de una década de investigaciones— representa una clase más poderosa y más madura de IA.

Este tipo de inteligencia artificial promete reinventar todo, desde los motores de búsqueda en línea como Google hasta los editores gráficos y fotográficos como Photoshop y los asistentes digitales como Alexa y Siri. A la larga, podría brindar una nueva manera de interactuar con casi todo tipo de software, pues le permitiría a la gente conversar con computadoras y otros dispositivos como si hablaran con otra persona.

Esto ha acelerado como nunca los acuerdos que involucran a las empresas de inteligencia artificial generativa. En octubre, Jasper, una empresa emergente de IA generativa fundada en 2021, recaudó 125 millones de dólares, con lo que alcanzó una valoración de 1500 millones de dólares. Ese mismo mes, Stability AI, una empresa de generación de imágenes fundada en 2020, recaudó 101 millones de dólares, por lo que ahora se valúa en 1000 millones de dólares. Otras empresas más pequeñas de IA generativa, como Character.AI, Replika y You.com, también han atraído una avalancha de interés de inversionistas.

En 2022, los inversionistas destinaron al menos 1370 millones de dólares a compañías de inteligencia artificial generativa en 78 acuerdos distintos, casi la misma cantidad que invirtieron en los cinco años previos combinados, según datos de PitchBook, que da seguimiento a la actividad financiera en toda la industria.

The Wall Street Journal ya había informado sobre la valoración de OpenAI de 29.000 millones de dólares. Es posible que las firmas de capital de riesgo Thrive Capital y Founders Fund compren acciones en la oferta pública de adquisición, según afirmaron dos personas enteradas. Es difícil determinar la valoración exacta de OpenAI, ya que comenzó como una empresa sin fines de lucro.

OpenAI, Thrive Capital y Founders Fund no ofrecieron comentarios sobre la inversión propuesta.

Muchas compañías han desarrollado inteligencia artificial generativa desde hace años, entre ellas gigantes tecnológicos como Google y Meta, al igual que empresas emergentes ambiciosas como OpenAI. Pero la tecnología no cautivó la atención pública hasta la primavera pasada, cuando OpenAI develó un sistema llamado DALL-E que le permitió a la gente generar imágenes fotorrealistas con tan solo describir lo que querían ver.

Esto inspiró a los emprendedores a meterse de lleno en este ámbito y desarrollar ideas nuevas y a los inversionistas a hacer declaraciones radicales de disrupción. En diciembre, su entusiasmo alcanzó nuevas alturas tras el lanzamiento de ChatGPT por parte de OpenAI, tecnología que los fanáticos aprovecharon para generar cartas de amor y planes de negocio.

“Es el nuevo cambio de paradigma, como el de la telefonía y el internet móviles, que todos hemos estado esperando”, afirmó Niko Bonatsos, inversionista de la firma de capital de riesgo General Catalyst. “Hasta podría ser más grande”.

Los inversionistas de Sequoia Capital escribieron que la IA generativa tenía “el potencial para generar billones de dólares de valor económico”. Además, Lonne Jaffe, inversionista en Insight Partners, comentó: “Sin duda aquí hay un elemento que se siente como los primeros días del lanzamiento del internet”.

En este momento, más de 450 empresas emergentes están trabajando en la inteligencia artificial generativa, según el conteo de una firma de capital de riesgo. Y este frenesí se está exacerbando por el afán de los inversionistas de encontrar la siguiente gran invención en un entorno sombrío.

Michael Dempsey, inversionista en la firma de capital de riesgo Compound, declaró que la recesión del sector tecnológico —que el año pasado incluyó el colapso de las criptomonedas, acciones de bajo rendimiento y despidos en muchas empresas— aletargó a los inversionistas.

Luego “todos se emocionaron con la IA”, continuó. “Para ser honestos, las personas necesitan algo que contarles a sus inversionistas o a sí mismas, que hay algo digno de entusiasmo en el horizonte”.

A algunos les preocupa que el revuelo en torno a la inteligencia artificial generativa se haya adelantado a la realidad. La tecnología ha suscitado preguntas éticas espinosas respecto a cómo podría afectar la IA generativa a los derechos de autor y si las empresas deberían solicitar permisos para usar los datos que entrenan a sus algoritmos. Otros creen que las grandes compañías tecnológicas como Google pronto aplastarán a las pequeñas empresas incipientes, y que algunas de las nuevas compañías tienen poca ventaja competitiva.

“Hay muchos equipos que no tienen experiencia en la inteligencia artificial y se venden como empresas de IA”, mencionó Dempsey.

Estas inquietudes no han mitigado la oleada de emoción, sobre todo tras la llegada de Stability AI en octubre.

Esta empresa emergente había ayudado a financiar un proyecto de software de código abierto que pronto desarrolló tecnología de generación de imágenes que tenía un funcionamiento muy parecido al de DALL-E. La diferencia fue que, mientras que OpenAI solo había compartido DALL-E con un pequeño número de usuarios de prueba, cualquiera podía usar la versión de acceso abierto de Stability AI, llamada Stable Diffusion. Las personas no tardaron en usar la herramienta para crear imágenes fotorrealistas de todo, desde un caballero medieval llorando bajo la lluvia hasta Disneyland pintada por Vincent Van Gogh.

Tras la emoción resultante, Eugenia Kuyda, fundadora y directora ejecutiva de la empresa emergente desarrolladora de bots conversacionales Replika, declaró en una entrevista que “todas las firmas de capital de riesgo en Silicon Valley”, o más de 30 firmas, la habían contactado. Atendió sus llamadas, pero decidió no aceptar más fondos, ya que su compañía, fundada en 2014, es rentable.

“Me siento como alguien que llegó una semana antes al aeropuerto para tomar un vuelo, y ahora por fin estamos abordando”, describió.

Character.AI, otra empresa de desarrollo de chatbots, y You.com, que incorporará tecnología conversacional a su motor de búsqueda en internet, también han sido inundadas por el interés de capitalistas de riesgo, según dijeron ambas compañías.

Radical Ventures, una firma de capital de riesgo en Toronto, uno de los centros mundiales de la investigación sobre inteligencia artificial, se creó hace cinco años con el propósito específico de invertir en esta clase de tecnología. Hace poco, lanzó un nuevo fondo de 550 millones de dólares dedicado a la inteligencia artificial, y más de la mitad de sus inversiones se han canalizado a empresas de IA generativa. Ahora, esas apuestas tienen pronósticos aún más favorables.

“Durante unos cuatro años y medio, la gente pensó que estábamos locos”, relató Jordan Jacobs, socio de Radical Ventures. “Ahora, en los últimos seis meses, todos creen que somos unos genios”.

c.2023 The New York Times Company