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El mundo podría quedarse pronto sin fosfato y sería una catástrofe

Los fertilizantes para la agricultura dependen de un elemento básico que podría acabarse pronto: el fosfato. Foto: Getty Images.

Un fertilizante o abono es cualquier tipo de sustancia orgánica o inorgánica que contiene nutrientes en formas asimilables por las plantas para mantener o incrementar el contenido de estos elementos en el suelo, mejorar la calidad del sustrato a nivel nutricional y estimular el crecimiento de las plantas. Ejemplos de abono se encuentran tanto en el clásico estiércol, mezclado con los desechos de la agricultura o en el guano, formado por los excrementos.

Su poder de desarrollo vital se ha convertido en fundamental para el crecimiento de vegetales suficientes para mantener millones de vidas en la Tierra. Es tal el volumen de humanos que habitan el mundo que de forma puramente natural no se produciría lo suficiente para dar de comer a todos ellos.

En estos fertilizantes juegan un papel fundamental los fosfatos. Es un elemento necesario para que las plantas crezcan. Y el gran problema es que es limitado. Tanto es así que un grupo de 40 científicos ha lanzado un grito de alerta en Science Alert: como el fosfato no es un elemento renovable, si no se hace nada por conservarlo se podrían agotar las reservas existentes en medio siglo y causar una catástrofe global para las próximas generaciones.

El otro elemento fundamental es el nitrógeno, pero ese se puede considerar prácticamente ilimitado en la atmósfera. En cambio, el fosfato no.

Un recurso esencial para la humanidad

Tan importante es el fosfato, que la producción de alimentos se puede reducir ni más sin menos que a la mitad sin el uso de fertilizantes con este componente. La Comisión Europea expuso en 2014 que es una ‘materia prima crítica’: un recurso esencial con un riesgo significativo en el suministro. Sólo Finlandia tiene reservas en la UE.

Estamos en unos meses en que el medioambiente y los problemas asociados a ello están de plena actualidad y copando titulares en los medios de comunicación. Pero entre todos los problemas de los que se habla no aparece prácticamente nunca el fosfato. Es por lo tanto el gran desconocido que puede traer hambrunas y muertes al mundo.

Quizá, además de tomar medidas preventivas para mantener el ritmo de producción de alimentos, debemos plantearnos seriamente hasta donde podemos llegar para que todo el mundo puede alimentarse de forma sostenible. Aunque suene duro decirlo, quizá hay que cambiar el foco del problema, pensar que en algún momento la población no puede seguir creciendo y haya que establecer de algún modo límites a ello. Desde luego, es un debate que antes o después llegará.

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