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Fuerzas libanesas chocan con manifestantes en Beirut

LÍBANO-PROTESTAS (AP)
LÍBANO-PROTESTAS (AP)

Las fuerzas de seguridad libanesas arrojaron gas lacrimógeno el miércoles para dispersar a cientos de manifestantes, en su mayoría soldados retirados, que intentaban abrirse paso en la cerca que rodea la sede del gobierno en el centro de Beirut.

La violencia se produjo en medio de la indignación generalizada por las duras condiciones económicas en el país, donde años de mala gestión de la clase política precedieron a un colapso económico iniciado a finales de 2019.

Los policías y soldados retirados, que reclamaban pensiones más altas, chocaron con soldados en activo y policías antimotines. Varias personas sufrieron problemas respiratorios por el gas lacrimógeno. Los inconformes arrojaron piedras a los agentes que protegían la sede del gobierno y trataron de abrirse paso varias veces.

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En un primer momento no había reportes sobre heridos en los altercados. La protesta fue convocada por soldados retirados y depositantes que tienen un acceso limitado a sus ahorros después de que los bancos locales impusieran controles informales sobre el capital.

Los controles restringen la retirada de efectivo de las cuentas para evitar una fuga de capitales en un contexto de escasez de moneda. Las personas con cuentas en dólares sólo pueden retirar pequeñas sumas en libras libanesas, y a una tasa de cambio mucho menor que la del mercado negro.

Desde el miércoles de madrugada había agentes de las fuerzas especiales y la policía antimotines desplegados en torno a la sede del gobierno, un edificio de tres plantas de la era otomana conocida como el Grand Serail de Beirut.

La cotización de la libra libanesa alcanzó un nuevo mínimo el martes de 143.000 libras por dólar, antes de recuperarse un poco. La libra ha perdido más del 96% de su valor en los últimos tres años.

“Mi salario mensual es de 40 dólares. Cómo puedo sobrevivir”, gritó un oficial retirado.

La mayoría de la gente en Líbano cobra en libras libanesas y ha visto cómo el valor de sus salarios se hundía en los últimos años con el desplome de la moneda nacional.

Conforme decae la confianza en la libra, la mayoría de tiendas de alimentación, restaurantes y otros negocios han optado por mostrar sus precios en dólares. Aunque esa dolarización pretende aliviar la inflación y estabilizar la economía, también amenaza con empujar a más gente a la pobreza y agravar la crisis.

Líbano, un pequeño país mediterráneo de 6 millones de habitantes, incluidos un millón de refugiados sirios, está sumido en la peor crisis económica y financiera de su historia moderna, derivada de décadas de corrupción y mala gestión por parte una clase política que gobierna el país desde que terminó la guerra civil entre 1975 y 1990.

La clase política también se ha resistido a aplicar reformas exigidas por la comunidad internacional. Desde que comenzó el desplome económico, tres cuartas partes de la población, ha caído en la pobreza, y la inflación está disparada.

Líbano tampoco ha avanzado en las reformas acordadas con el Fondo Monetario Internacional para acceder a los 3.000 millones de dólares del paquete de rescate y desbloquear fondos para ayuda al desarrollo que puedan hacer la economía viable de nuevo.