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Hija de exiliados cubanos, primera latina que funda un club económico que impulsa a Miami

Lourdes Castillo, “madrina tech” de Miami, como le dice el alcalde Francis Suárez, está parada en un extremo de Fisher Island, uno de los zip codes más caros de Estados Unidos, con el perfil al fondo de la ciudad que ella está impulsando, como confundadora del Economic Club of Miami.

Ese esplendor que se ve más allá del canal de Government Cut en una Miami Beach llena de edificios altos y uno de los parques más bellos, el South Point Park, no fue siempre así para esta hija de inmigrantes que conoce cada momento del desarrollo de la ciudad ligada a su vida profesional y personal.

Antes que Miami alcanzara el lugar prominente para que el año pasado la invitaran a crear su propio club económico derivado del que formaron en Nueva York a principios del siglo 20 Andrew Carnegie, J. P. Morgan y otras figuras prominentes de la economía, en Miami los inmigrantes hacían líneas para recoger queso y otros alimentos en las iglesias.

Castillo, primera mujer latina fundadora de un club económico de este tipo, se acuerda cuando tuvo consciencia de esas líneas frente a la iglesia San Juan Bosco en La Pequeña Habana.

Entonces se dijo que ella tenía que ayudar a conseguir los fondos para construir un buen edificio para la clínica que atendía a niños e inmigrantes pobres.

“Esas personas podían ser cualquier miembro de mi familia”, apunta Castillo, hija de exiliados cubanos, que tenía poco más de 20 años y servía como presidenta del comité de Los Angeles del Mercy.

El hospital católico, junto a la Ermita de la Caridad que luego construyeron los cubanos, recibía a los inmigrantes en una época en que los indocumentados tenían temor de ir a otra institución médica por los costos y porque podían denunciarlos.

Por eso decidieron que había que construir una clínica para ellos. Hasta ese momento, junto a la iglesia San Juan Bosco, solo tenían dos cuarticos separados por cortinas para dar mínima privacidad y un clóset donde se guardaban las medicinas que entregaban antes que se cumpliera su fecha de caducidad. Los médicos venían del Mercy a atender a los pacientes donando su tiempo.

Al final se construyó el edificio de la clínica, que luego fue demolido por problemas estructurales, pero la clínica San Juan Bosco sigue atendiendo pacientes de bajos ingresos hoy junto a la iglesia de Corpus Christi, en la calle 32 y la avenida 7 del noroeste, lo que le da mucho orgullo a Castillo que tanto trabajó para ese sueño.

‘Miami siempre va para arriba’, dice Lourdes Castillo, la pirmera latina fundadora de un club económico como el Economic Club of Miami, con la vista de Miami al fondo desde Fisher Island.
‘Miami siempre va para arriba’, dice Lourdes Castillo, la pirmera latina fundadora de un club económico como el Economic Club of Miami, con la vista de Miami al fondo desde Fisher Island.

El Economic Club of Miami

A los 55 años, después de un duro divorcio, Castillo está retomando su carrera de publicista y sobre todo de asesora estratégica.

Como directora ejecutiva del Economic Club of Miami, quiere que se “eleve la conversación” sobre temas importantes para la economía de Miami, como los bienes raíces, las criptomonedas, la inversión en tecnología, la banca, las artes, los medios y otras industrias.

“Mientras más prosperan las ciudades, se les invita a tener un club económico”, dice Castillo, indicando que, desde Nueva York, los clubes de este tipo de extendieron a Detroit, Chicago, San Francisco y Washington D.C.

Ahora le llegó el turno a Miami, ya preparada para jugar en una liga mayor. La ciudad se ha ganado un lugar para sentarse en “la misma mesa” con los ejecutivos de grandes compañías, dice Castillo, que integra la junta con Jeb Bush Jr., el abogado Jeremy Schwartz, consejero senior del alcalde Suárez, y el economista Jon Hartley, presidente del club.

“Por las razones que sean, la economía, las máscaras, los beneficios en impuestos, las compañías se están mudando para Miami. Tenemos que entonces ‘elevar la conversación’ porque no se trata solo de hablar de playa o de dónde vamos a ir a divertirnos”, apunta Castillo.

Para pertenecer al club hay que pagar una membresía, con un costo de $500 para individuos y de varios miles para corporaciones, y también hay que ser aceptado.

A sus eventos se invitan economistas, empresarios, innovadores en términos de economía y finanzas para que compartan sus experiencias y conocimientos, a la vez que se establecen vínculos para nuevos negocios.

El primer evento que celebró el Economic Club of Miami fue en diciembre del año pasado durante Art Basel, y se enfocó en los NFT. Sam Bankman-Fried, cofundador de FTX, la firma de exchange de criptomonedas, fue uno de los invitados.

En el verano se celebró un encuentro sobre el futuro del real estate en Miami y la crisis de vivienda. Los invitados fueron Calvin Cooper, fundador de Rhove, un crowfunding para reunir capital para viviendas y alquileres; el excongresista de Florida Patrick Murphy; el economista de la Universidad de Miami Noah Williams y la expresidenta de la Fundación Rockefeller, Judith Rodin.

En noviembre se celebrará un encuentro con el financiero multimillonario Ken Griffin, que mudará la sede de su compañía Citadel, de Chicago a Miami, donde construirá su propio edificio en Brickell Bay Drive.

Historia de dos ciudades

En el carrito de golf en el que recorremos Fisher Island y luego en su apartamento, Castillo va narrando una verdadera “historia de dos ciudades”, el Miami de los 1990 donde creó su compañía de relaciones públicas, LMC Communications, cuando tenía 25 años, y aquel que un día necesitó su ayuda como Comisionada de la Florida para combatir el tráfico humano y la explotación sexual.

A medida que recorremos la mansión que William Kissam Vanderbilt II —uno de los herederos de la fortuna de El Comodoro— construyó en la isla que le compró a Carl Fisher, el urbanizador de Miami Beach, nos vamos enterando de anécdotas de distintos momentos en la vida de Miami.

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“Miami era la clave y lo sigue siendo hoy”, dice Castillo, que decidió abrir su propia compañía porque “todo el mundo quería saber lo que estaba pasando en Latinoamérica”.

Los medios de prensa tenían corresponsales aquí, las estrellas de cine filmaban en Miami, y los hombres de negocios querían cruzar ese puente hacia Latinoamérica, recuerda.

“Miami siempre ha ido para arriba, cuando pasa algo malo en algún país de Latinoamérica, los pudientes sacan su plata y viene para acá. Y cuando las cosas van bien en Latinoamérica, la gente viene a invertir y a tener su segunda casa”, afirma Castillo.

Ahora la publicista avizora un éxodo de colombianos hacia Miami, y se prepara para trabajar con un cliente que quiere construir un nuevo vecindario para los colombianos, como lo es Doral para los venezolanos, y al mismo tiempo revitalizar una zona de Miami.

Un homenaje a sus padres cubanos

Al dejar su trabajó en una firma de publicidad para empezar su compañía, Castillo comenzó primero desde su casa. Luego abrió una oficina con la ayuda de su papá, un ingeniero químico que trabajaba con Allied Company, y que pudo escapar de Cuba gracias a una confusión porque su nombre en el pasaporte aparecía trastocado.

“Era muy carismático, una persona que llamaba mucho la atención, un hombre alto, de ojos claros, muy atractivo y muy inteligente, que siempre vestía muy bien”, dice Castillo.

Su padre venía de un pueblito cerca de Sagua la Grande, en la costa norte de la región central de Cuba, y pudo lograr el avance de su familia gracias a una beca de estudios para ir a la capital, apunta.

De él heredó la pasión por el trabajo y los ojos claros, que le permitieron a ella y a su hermano integrarse mejor en una época en que no había muchos latinos en Ft. Lauderdale.

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No eran una familia de exiliados típica, aclara Castillo, porque su padre tuvo la oportunidad de venir a Estados Unidos con un empleo con la compañía para la que había trabajado en Cuba.

“Mi madre era muy abierta, con una sonrisa siempre. Todo el mundo era bienvenido en su casa”, destaca Castillo, que de ella heredó la empatía.

“Siempre le digo a mis hijos que hay que relacionarse con todo el mundo porque todos tienen algo que enseñarnos”, apunta Castillo, que se graduó de Mercadeo en St. Thomas University y también estudió en el Real Centro Universitario Escorial Maria Cristina, en España.

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Con su compañía, llegó a representar a Calvin Klein para Latinoamérica; llevó la campaña de Ray Ban en los tiempos que Will Smith protagonizó el éxito de Men in Black, y fue también publicista de Ralph Mercado y su disquera RMM.

“Me fascina conectar a las personas, ver en donde hay una oportunidad para alguien para echar para adelante”, comenta.

Lourdes Castillo destaca los eventos del Economic Club of Miami, que programa conferencias y eventos sobre finanzas, inversiones, bienes raíces y criptomoneda en Miami.
Lourdes Castillo destaca los eventos del Economic Club of Miami, que programa conferencias y eventos sobre finanzas, inversiones, bienes raíces y criptomoneda en Miami.

Cuando la compañía se amplió para representar a firmas profesionales, conoció a un abogado que se convirtió en su esposo. En cinco años tuvo cuatro hijos y perdió el interés de ir a la oficina. Entonces les traspasó sus clientes a colegas de la industria, y aunque no cerró la compañía, se dedicó a ser madre y a impulsar la carrera de su esposo.

Mientras, continuó su labor de servicio público. A petición del gobernador Jeb Bush, integró un comité para crear conciencia e impulsar las investigaciones sobre el Alzheimer. También fue comisionada de la Florida Commission on the Status of Women (FCSW) desde el 2008 hasta mediados del 2015, donde creó un programa de mentoría para las jóvenes que salían de foster care.

“Por cada niña de foster care que se perdía en la calle al cumplir 18 años, entraban 2.2 niños en el sistema de casas de acogida”, señala Castillo.

En busca de una solución, les preguntó a las jóvenes de Casa Valentina, donde vivían las que estaban estudiando o trabajando después de los 18 años, qué las motivaba a permanecer allí. Supo por sus respuestas, que las que habían seguido el camino del estudio y el trabajo, era porque tuvieron contacto con una jueza o un adulto que las inspiró, que les prestó atención y les dio seguridad.

Así surgió el Mentoring Task Force, que unía a mujeres profesionales con niñas que aun no se habían graduado, y el programa tuvo tanto éxito que otros estados lo pusieron en práctica, recuerda.

En retrospectiva, Castillo se siente orgullosa de estos trabajos, pero no se arrepiente de haber dejado la intensidad de su vida profesional.

“Tengo unos hijos fabulosos”, dice, indicando que fue para dar un ejemplo a sus hijas que decidió retomar su carrera.

“Me arrepiento de dejar a mi esposo brillar y yo quedarme atrás”, dice, compartiendo un consejo para las mujeres.

“Nunca pierdas tu identidad. Tienes un don, que Dios te dio, es tu mérito”, concluye.

Si conoce a una persona cuya historia de superación personal y profesional pudiera ser reflejada en esta serie de perfiles de el Nuevo Herald, se puede comunicar a smoreno@elnuevoherald.com o gguerra@miamiherald.com.