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La historia del argentino que se fue para “descubrir la vida” y terminó trabajando con Versace

Fernando Mosca nació en Córdoba, en San Francisco.
Fernando Mosca nació en Córdoba, en San Francisco.

CORDOBA.- Fernando Mosca dejó su Córdoba natal (nació en San Francisco, al sudeste de la provincia) a los 26 años, meses después de haberse recibido de arquitecto en la Universidad Católica. Se fue directo a Milán, ciudad italiana considerada la meca del diseño, donde se sumó rápidamente a un estudio que trabaja para Versace. Varios años se dedicó a unos de los referentes de la moda, hasta que abrió su propia firma en la que hace proyectos residenciales y para el mundo comercial, gastronómico y del entretenimiento.

“Me vine como se hacen las cosas a los 26 años, con ganas de descubrir una vida, de hacer una experiencia”, cuenta a LA NACION. En su decisión, reconoce, pesaron los relatos del “nono” Atilio Mosca, nacido en la zona de Le Marche (sobre el Adriático). Para arribar a Milán, recuerda, pasó “por medio mundo” para que el ticket aéreo costara menos.

Mosca admite que tuvo una “fortuna enorme” porque a las tres horas de llegar, ya tenía trabajo: “En el ‘86 la economía italiana estaba activa, en fermento. Era otra realidad”. Una amiga le comentó que el estudio de arquitectos Carmellini e Magnoli Associati buscaba gente con documentos en orden. Allí fue, y lo tomaron.

Los diseños de Mosca se concentraron, en una primera etapa, en boutiques, clientes que mantiene.
Los diseños de Mosca se concentraron, en una primera etapa, en boutiques, clientes que mantiene.

“Venía de lejos y no sabía para quiénes trabajaban -añade-. A los pocos días me di cuenta de dónde estaba. Me sumé a los trabajos para Versace y estuve haciendo proyectos para las boutiques en todo el mundo. Llegué a conocerlo bien a Gianni, trabajamos juntos. En el estudio, fueron mis maestros”.

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En 1994, consideró que ya había madurado y decidió probar suerte por su cuenta. Asegura que, aunque tuvo una propuesta de Santo Versace (hermano de Gianni e integrante del grupo) para trabajar en las franquicias, declinó. “Había aprendido todo en el estudio, eran mis amigos y aceptar era quitarles una parte importante de su facturación. No correspondía”, dice.

“El mercado me fue marcando camino -describe-. Empezaron a llegar clientes de la moda; trabajo con la marca de calzados Sergio Rossi, con la de cashimiere Cruciani, con Jil Sander para su estudio en Nueva York”.

Trabaja fuerte para boutiques multimarcas de familias tradicionales que “construyeron su historia alrededor del ‘made in Italy’”. Mosca, durante 12 años, tuvo un estudio en La Coruña (España) y toma proyectos de todo el mundo. “De donde llegan y nos interesan, vamos”, apunta. En los últimos meses, estuvo dedicado al hermano del emir de Qatar, quien lo contrató para diseñar los interiores de su palacio.

El hermano del jeque Tamim bin Hamad Al Zani es uno de los que lidera la organización del próximo Mundial de Fútbol; la primera reunión de trabajo fue en el edificio central de la Copa del Mundo, en el centro de Doha.

Caratula a su estudio como “artesanal; de sastre de las ideas”; son seis profesionales y contratan apoyo externo cuando lo necesitan. “Probé uno más numeroso, pero se me va de las manos, no puedo”, reconoce.

A Mosca le gusta definirse como “juglar de la arquitectura” y sostiene que, a los 60 años, quiere moverse en el “modo ideal de trabajar” -que sería “trabajar desde la playa”-, pero “se hace complicado”. “Soy un arquitecto no arquitecto; me gusta lo espontáneo, privilegiar las ideas que nacen de la panza, quitarle dramatismo”, sostiene.

Mosca se instaló en Milán en 1986.
Mosca se instaló en Milán en 1986.

A pesar de los años radicado afuera, indica que sigue teniendo características argentinas. “Lo que se nota es un poco la exuberancia; aunque vengo de la escuela minimalista, se me escapan las raíces latinoamericanas y pongo mucho de lo simple hasta que al final, debo quitar”.

Mosca sostiene que, obviamente, en ese rasgo hay también influencia de Versace. “Más que condicionar, me sentía identificado con ese estilo. Me sentía cómodo en esa exageración -plantea-. Después tuve años de minimalismo puro, esa era la moda. En Ucrania, donde hasta la guerra trabajamos mucho, retomé el estilo más recargado. Siempre trato de adivinar los deseos ocultos de mis clientes porque cuando uno les pregunta lo que quieren, cuentan lo que vieron, pero hay que intuir qué más esperan”.