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Historia de un contagio: temerle al coronavirus es bueno

Jose Mendiola
IFEMA COVID

5,500 camas y montado en apenas 48 horas, el hospital de campaña de IFEMA da una buena idea de la magnitud de la gravedad del coronavirus y la firma apuesta de las autoridades por hacer frente a esta pandemia. Este hospital de dimensiones desmedidas ha sido establecido ocupando los pabellones 7 y 9 del recinto ferial IFEMA de la capital de España. Se trata de una recinto hospitalario temporal y de carácter público (aunque han sido muy numerosas las aportaciones privadas de carácter altruista) ¿Por qué un hospital de campaña y levantado en un tiempo récord?

España ha sido uno de los países más azotados por el COVID-19 y, pese a contar con una letalidad relativamente baja (del 6 por ciento), su evolución es muy rápida y puede complicarse fácilmente saturando las unidades de vigilancia intensiva de los hospitales. Este es el verdadero problema, porque si se da este escenario, la tasa de mortalidad colateral (no necesariamente provocada por la enfermedad), puede dispararse. El hospital de IFEMA libera a los hospitales de miles de enfermos que no están graves, pero requieren hospitalización, oxígeno y mediciones constantes.

“IFEMA es una pasada”, nos habla Jonan Basterra, blogger y fotógrafo y que felizmente acaba de ser dado de alta tras su paso por el recinto, “aquí vienen los menos graves”, nos explica, “y hay una puerta clara de salida: la salida a casa”. Poco a poco la solidaridad se hace fuerte entre los implicados: personal médico, voluntarios, los propios enfermos… todos están ahí, de una u otra manera, confinados con un enemigo en común, y se viven momentos intensos. Al igual que sucede en el resto del país, todo el recinto se funde en un aplauso a diario a las 20 horas en agradecimiento por el riesgo y esfuerzo que asume el personal sanitario. En este caso, por partida doble.

”Creo que me contagié en el súper”

Por otro lado, las altas de los pacientes son celebradas por cerradas ovaciones en colectivo. Es una familia, una gran familia. La voz de Jonan denota esfuerzo y está modulada por la mascarilla; un zumbido de fondo nos recuerda que al tiempo que habla, recibe oxígeno por la misma. No podemos evitar la pregunta ¿cómo fue el contagio? “Creo que me contagié en un supermercado”, responde Jonan dubitativo, “recuerdo una señora que me tosió cerca”, rememora, aunque no parece clara la fuente del contagio. Este virus es altamente contagioso y buena prueba de ello es que nuestro protagonista se contagió cuando ya se había establecido el estado de alarma y la reclusión forzosa.

“Salía de casa cada tres o cuatro días para hacer la compra, bajar la basura, y poco más”, nos explica resignado. ¿Cómo fueron los primeros síntomas? La pesadilla comenzó el pasado viernes 20 de marzo, cuando volvió de hacer la compra y comenzó a notar escalofríos y sudoraciones, aunque la terrible confirmación llegaría en el momento de la cena: “perdí el gusto y el olfato, no distinguía los sabores”. A partir de este momento le invadió una tos cada vez más fuerte acompañada de un intenso dolor en las costillas. “Tenía un lateral machacado a nivel muscular”, nos explica, pero lo peor estaba por llegar cuando la fiebre se le disparó hasta alcanzar los 39.7 grados. En ese punto, solo podía permanecer tumbado y respirar con cuidado de no toser, porque eso último le provocaba “un dolor impresionante”.

”El miedo al contagio es bueno”

Celebrando el alta – Twitter

La voz de Jonan suena decidida, pero se nota el esfuerzo al hablar y no quiero prolongar demasiado la entrevista, pero no puedo pasar sin preguntar por algún consejo para quienes están sanos y tienen miedo a contagiarse. Jonan no lo duda: “el miedo a contagiarse es bueno”, lo dice por la necesidad de ser cautos. Nuestro protagonista recuerda que era una persona “sana” y no estaba en el grupo de riesgo que se atribuye esta enfermedad (de edad avanzadas y con patologías previas). Y aún así, se ha contagiado y padeciendo neumonía, la peor de las complicaciones del COVID-19.

“Cuando estuve en el hospital Ramón y Cajal” (previo al ingreso en IFEMA, “estuve con un abuelo que respiraba como una cafetera”, recuerda con tristeza, confirmando que aquel anciano acabó en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), y “a partir de ahí, no sé qué fue de él, pero no tenía muy buena pinta”. Pero insiste en la importancia del miedo, porque “eso va a hacer que nos quedemos en casa”. El mensaje para quien está contagiado es “estate tranquilo, la mayoría de la gente se cura”, responde, “miedo sí, pero saldremos de esta”. Y salió: Jonan está ya recuperándose en casa y viendo todo esto como un mal sueño.

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