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Así le ha ido a México cada vez que cambia de “modelo económico”

Antonio Sandoval
Así le ha ido a México cada vez que cambia de “modelo económico”

México ha registrado en sus últimos 50 años tres grandes cambios de “modelo económico”, entendido este concepto como la forma en la que los agentes económicos se orientan en sus actividades para generar desarrollo y/o crecimiento, así como en sus relaciones con el estado mexicano como la entidad que rige a la economía del país en general.

Si lo vemos en retrospectiva, el país “estrena” nuevo modelo más o menos cada 16 años, aunque el tiempo es muy relativo. En realidad, uno de esos modelos tuvo una sobrevivencia muy reducida comparado con otros.

Es importante analizar lo que ha sucedido en estos años en los que México transitó de una visión a otra; lo es porque nuestro país vive un cambio de modelo desde el 1 de diciembre de 2018 y recordar la historia nos permite tener una idea de hacia dónde podríamos ir, o quizás no.

Estos son los tres modelos económicos con los que ha lidiado nuestro país en las últimas cinco décadas, así como sus saldos y algunos de sus principales protagonistas. Evidentemente, no consideramos el cambio de modelo actual toda vez que apenas está en marcha, pero igual que los otros, en determinado momento deberá entregar cuentas y resultados de su implementación.

El fin del estatismo al modelo sin rumbo

A mediados de la década de los setentas del siglo pasado, era evidente el agotamiento del modelo de desarrollo estabilizador. El entonces presidente Luis Echeverría Álvarez (1970-1976) fue, en los hechos, encargado de darle sepultura con la histórica devaluación del peso que pasó luego de más de 20 años de cotizar en 12.50 unidades por dólar a 20 pesos por cada moneda estadounidense, era el fin del estatismo, el final del desarrollo con estabilidad en el que el estado era regidor casi absoluto de la economía, el creador de casi todo lo que existía en México en términos económicos.

Lamentablemente, el nuevo modelo económico no tuvo rumbo desde un inicio. Fueron años de indefinición, de errores en economía como la expropiación de la banca y el despilfarro de los excedentes petroleros, pero sin el desmantelamiento de los fundamentos del desarrollo estabilizador, pensando que México regresaría a la misma senda. Todos sabemos la historia.

Sin embargo, fuera de la gran devaluación del peso, que colapsó el final del sexenio echeverrista, el país tuvo la suerte del aumento en los precios de petróleo y su incremento de la base productiva, suficientes para un país con una economía cerrada. Todavía en 1979 el PIB llegó a crecer 9.7 por ciento, aunque la inflación se disparó de uno a doble dígito.

El gran error fue pensar que México regresaría a los tiempos previos, en ese momento recientes, del desarrollo con estabilizador, nada más lejano porque el mundo empezaba a cambiar.

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Luis Echeverría Álvarez

El modelo de la apertura sin ton ni son

El gran balance del cambio del modelo sin rumbo al de la apertura sin ton ni son, fue la “década perdida“. El modelo que sustituyó al estatismo colapsó pronto, duró poco más de un sexenio.

El nuevo modelo pretendió modernizar a la economía mexicana e insertarla en el concierto mundial con la apertura en ciertos sectores económicos, el ingreso de México al GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio), antecesor de la Organización Mundial de Comercio (OMC), pero sin el sustento necesario porque, en los hechos, la economía se mantenía rezagada con un sistema bancario erróneamente nacionalizado a principios de la década de los ochenta, sin un sector de comercio internacional desarrollado, con empresas estatales ineficientes y que eran cabezas de sectores económicos clave, la apertura sin ton ni son no dio resultado.

El balance lo dice todo: tasa del PIB de casi 10% (9.7% en 1979), a -3.71% en 1986 y un promedio mediocre de apenas 0.1083 anual y 0.65 por ciento en todo el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado, el último periodo de ese modelo económico sin rumbo, de intentos de apertura de la economía sin ton ni son, y de la pérdida del futuro de toda una generación, la generación de la década perdida. Sin olvidar aquellas tasas de inflación de hasta triple dígito.

Miguel de la Madrid Hurtado

El fin del Estado rector, el proceso privatizador y el inicio del neoliberalismo

El más reciente modelo económico, que teóricamente está en estos momentos en plena sustitución es el neoliberalismo, por uno que todavía no tiene nombre y al parecer tampoco rumbo, así lo demuestran los dos años de retroceso económico (uno por plena responsabilidad y otro con responsabilidad compartida).

Sin embargo, el neoliberalismo tuvo un largo proceso previo y también un amplio periodo de implementación y “desarrollo“. El primer gran paso para la llegada plena del neoliberalismo fue el desmantelamiento de los resabios del Estado rector, para esto el proceso de privatización llevado a cabo entre finales de la década de los ochenta y principios de los noventa del siglo pasado fue clave: Fertimex, Telmex, por mencionar algunas empresas y sectores, hasta la “joya de la corona”, la privatización del sector bancario.

La filosofía de que el estado tenía que dejar de ser el participante primordial de la economía para dar paso a la participación de la iniciativa privada con la rectoría estatal, propició que este modelo perdurara en su fase de implementación hasta finales del sexenio de Carlos Salinas de Gortari.

Carlos Salinas de Gortari

El gran balance de este modelo es, en efecto, la desigualdad. México creció, pero lo hizo en forma muy desigual, nunca como entonces el número de pobres se incrementó en tal magnitud, quizás porque la población aumentó también desproporcionadamente.

En 1976, cuando terminó el desarrollo estabilizador, México tenía 57.6 millones de habitantes, mientras que al cierre del año 2018 (supuesto final del neoliberalismo e inicio del modelo actual), el país contaba con 126.2 millones de habitantes, un crecimiento poblacional de 119 por ciento.

Por supuesto, imposible olvidar el gran colapso del peso, en diciembre de 1994, y la quiebra del sistema bancario, que en los hechos fue la quiebra de la economía y el rescate de las deudas privadas y empresariales que se sintetiza en un sólo nombre: Fobaproa.

Hoy, México pertenece al 25 por ciento de los países con mayores niveles de desigualdad en el mundo. El coeficiente de Gini se ubica en 0.48, donde 1 es el punto que corresponde a la perfecta desigualdad y 0 es el punto óptimo de igualdad, según datos del Banco Mundial (BM). Esta situación refleja alta concentración de la riqueza en el decil más alto de la población nacional. En teoría, la mitad de la población es afectada por la desigualdad. Cerca del 40 por ciento de la riqueza del país se concentra en el 1 por ciento de la población más rica; la desigualdad en México supera incluso a la de naciones como Chile y El Salvador. México es también el segundo país de la OCDE con mayor precarización de su clase media; los hogares más ricos de México ingresan 18 veces más que los más pobres y, un dato estremecedor, entre la pobreza y la desigualdad en México también hay claramente fronteras: nacer pobre en el sur de México no es igual que nacer pobre en el norte del país. Por datos y cifras no pararíamos.

En un breve resumen. Hoy México no está mejor que cuando terminó el desarrollo estabilizador; tampoco la apertura económica sin ton ni son fue la solución a los problemas del país y las privatizaciones con su consecuente modelo neoliberal han dejado saldos extremadamente negativos en niveles de pobreza y desigualdad.

¿Será este nuevo modelo económico la solución a 50 años de errores de política económica y desastres financieros? El tiempo lo dirá, por lo pronto, tampoco hay buenos resultados al inicio.