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Japón empieza a echar a sus propios habitantes de Tokio. Eso sí, pagándoles

Jaime Quirós – Japón es uno de los países con mayor densidad de población del planeta: ni más ni menos que 127 millones de personas viven en un territorio de tamaño más pequeño que España. Y 38 millones de esas personas conviven en Tokio, el área metropolitana más grande del mundo.

La sobrepoblación en los países asiáticos es un problema creciente en la última década, y en Japón la situación es alarmante: casi un tercio de su población se apelotona en la capital, es decir, en una superficie de unos 2.188 km2, mientras que el resto del país se encuentra cada vez más despoblado. De hecho, la suma todos los territorios japoneses despoblados es equivalente a la superficie total de Austria.

Además, la causa de esta situación no es un increíble incremento de la natalidad. De hecho, su tasa de natalidad es una de las más bajas del mundo y su población cada vez está más envejecida. Dicho en otras palabras, el problema de Japón no es la sobrepoblación si no la sobre concentración de población en puntos concretos del país.

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Kabukicho district / Getty

Ante este escenario, ¿Qué ha decidido hacer el ejecutivo japonés? Pues el gobierno de la isla ha apostado por la solución más rápida y eficaz: el dinero. Shinzo Abe y su equipo estudian la posibilidad de compensar con partidas de unos 3 millones de yenes (que equivaldrían a unos 23.000 euros) a aquellos vecinos de Tokio que decidieran mudarse fuera de la capital. Aunque pueda parecer algo impactante, no una solución tan novedosa. De hecho, incentivar a ciertos segmentos de la población para que vayan a zonas que, por unos motivos u otros (guerras, desertificación…) se encuentran deshabitadas, es una práctica que se lleva realizando desde épocas antiguas. Por ejemplo ya en la Edad Media los monarcas incentivaban a campesinos con tierras y dinero por poblar zonas desiertas por la peligrosidad de su localización durante las guerras.

No parece nada poco coherente que el gobierno quiera motivar una redistribución de la población japonesa. Estarían matando dos pájaros de un tiro. Por un lado, se estaría dando una tregua en una capital cuyas instalaciones, transportes y servicios se han visto sobrepasadas por la presión demográfica y habitacional. Es decir, se estaría disminuyendo el colapso actual de Tokio. Por el otro lado, se estarían reactivando otras zonas demográficas en depresión y decadencia, lo que podría conllevar una reactivación económica también. Para los que quieran huir de la capital, la masificación de los transportes, el altísimo nivel de vida con precios muy altos, la contaminación o el estrés, optar por ciudades más pequeñas, más tranquilas y con precios más bajos puede ser una solución muy interesante

Pero, ¿es suficiente con esta propuesta? A primera vista, no lo parece. Por más que 23.000 euros (3 millones de yenes) pueden sonar muy tentadores para muchos, no se presenta como algo fácil que muchos de los ciudadanos de Tokio decidan abandonar la capital para dirigirse a otras zonas más “rurales”. El modelo económico que persiste hoy en día fomenta y refuerza la concentración, tanto política como económica de los países, en enclaves reducidos y muy bien definidos, lo que conduce a la marginación y el deterioro de otras zonas.

Es difícil conseguir una redistribución de la población equitativa y proporcional, cuando los recursos económicos, los mejores servicios y la vida política se mantiene amontonada en las grandes metrópolis. Quizá es el momento de hacer caso al refrán que dice que ‘cuando veas las ‘barbas del vecino cortar hay que poner las nuestras a remojar’. Puede que sea ahora cuando España debería tomar medidas antes de llegar a niveles de sobrepoblación extrema,  aunque sólo en algunas zonas puntuales. Nuestro reto particular es que esas metrópolis convivirán con zonas totalmente despobladas. De hecho algunas regiones de España rozan las menores cotas de densidad de población de Eropa, inluida Laponia. Tremenda paradoja.

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