U.S. Markets close in 1 hr 45 mins

Japón y Argentina, dos extravagancias, dos antagonistas en el mundo económico

Jaime Quiros – Argentina, ese país con la mejor carne del mundo y varios de los más grandes jugadores de futbol de la historia. Una de esos países en los que sus habitantes se sienten especialmente orgullosos de su nacionalidad. Da pie a muchas bromas ingeniosas en todos los países hispanohablantes atacando el pequeño “ego argentino”, a las cuales cualquier argentino respondería con un “es que nos tienen envidia”. Uno no termina de entender el porqué. Últimamente ni el fútbol les da satisfacciones. Además, los propios argentinos son tan críticos con sus políticos, con su economía y con algunas costumbres como pocos en el mundo. Un país rico a mediados del siglo pasado y que desde ese momento torció su rumbo.

Por otro lado, tenemos a Japón, el antagonista de Argentina. Un país donde abunda el respeto, la puntualidad, la capacidad de trabajo y de ahorro. Uno y otro país forman por sí mismos una categoría propia dentro del mundo económico. De acuerdo con el Nobel Simon Kuznets, se puede clasificar a los países en cuatro tipos: los desarrollados, los que están en vías de desarrollo y subdesarrollo, mientras que la tercera y cuarta categoría la forman en sí mismos Argentina y Japón. Son países singulares pero en polos opuestos. Japón es el país que se convirtió en la segunda potencia económica mundial después de la segunda guerra mundial, contra todo pronóstico (actualmente obtiene el tercer puesto después de China) y Argentina, tras varios años de crisis y recuperaciones económicas, sigue siendo un país incierto y extremo.

[También de interés: “Los expertos aseguran que lo peor está por venir para las bolsas”]

Trabajador de la empresa Asahi Breweries de Japón (AP Photo/Koji Sasahara) y empleado de una fábrica en Buenos Aires (REUTERS/Martin Acosta).

A grandes rasgos, estas son algunas de las ideas que nos viene a la cabeza sobre Argentina y Japón.  A todo ello contribuye la situación financiera global y los mercados internacionales. Argentina acaba de pedir 30.000 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional (FMI) para evitar una nueva crisis económica. Esto ocurre después de que el año pasado se jactase de su regreso a los mercados de deuda internacional, tras su suspensión de pagos voluntaria de 2014. Tres años después Argentina emitía deuda a 100 años. Años antes sufrió el temido corralito, es decir, la imposición por el Gobierno de un límite a la retirada de dinero por los clientes en los bancos. Un país que es una montaña rusa. En cambio, Japón ni se inmuta. Mantiene su competitividad, exporta y sigue siendo una gran potencia económica, pese a sus problemas por la falta de inflación (deflación), la atonía del consumo y el exceso de deuda en circulación, tanto estatal como privada. Deuda que, sin embargo, atienen religiosamente.

Por tanto, la situación argentina no sólo se debe a su tradicional inestabilidad económica, sino también al actual panorama global, según cuenta El Mundo. A causa de las incertidumbres políticas y económicas, que padecen algunos mercados emergentes como Rusia, México y Turquía, su deuda también se ha resentido y ha sufrido problemas.

La rotura de la barrera psicológica del bono estadounidense a 10 años, superando el 3% por primera vez desde diciembre de 2013, ha contribuido en gran medida. El dólar vuelve a verse como la moneda mas fuerte y estable del mundo, por lo cual no tendrá ningún problema en financiar esa deuda. Valor refugio, con el permiso del euro, al igual que ocurría con el oro antiguamente: todos lo quieren y todos apuestan por él.

El fortalecimiento de dólar deriva en que esta subida de rentabilidades y aumento de las emisiones atraiga cada vez a más inversores internacionales. Por consiguiente, los inversores de países en vías de desarrollo y los de países potentes, como en este caso Argentina, ya no invertirán en sus propios sistemas financieros y lo harán en Estados Unidos. Toman así el camino más seguro financieramente.

Esto nos lleva a sospechar que otros países como Sri Lanka, Pakistán, Egipto, Kenia, y Túnez podrían correr el mismo riesgo. “Qué Dios nos pille confesados” y sobre todo con muchos dólares en el bolsillo.

Laotracaradelamoneda

IDNet Noticias