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"Mi jefa es un freezer emocional"

Andrés Hatum
·6  min de lectura

El consultorio recibió tantos mensajes que lo desbordaron. Mucha gente con muchos jefes con problemas que requieren una solución urgente. Javier escribió un mail inquietante con un título para atraer mi atención: "Jefa freezer, urgente deshielo".

Lo invité a Javier al consultorio que ya habilitamos luego de una larga pandemia donde atendíamos en bares de Palermo. Preparé todo para recibir a mi paciente: el diván, alcohol en gel, una foto de El grito de Munch para que mi paciente se regocije mientras habla, así no mira la pared pelada.

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Javier llegó puntual. Usaba barbijo, por lo que pude solamente ver su mirada perdida. Tenía una campera muy abrigada, pero el día era templado; "es que desde que tengo esta jefa siento un frío interior difícil de sacar". Se acomodó en el diván y empezó a hablar.

"Hace un año que tengo de jefe a la persona con menos empatía que haya conocido -disparó Javier-. Antes de que yo entrase a la posición, ella estuvo en mi puesto durante cinco años, así que conocía a la perfección la sobrecarga laboral y emocional que el trabajo implicaba", cuenta.

-Si ella sabía cómo era tu trabajo, tenías mucho a favor para poder hacerlo bien -le dije.

-Más o menos. En la ronda de entrevistas para entrar a mi actual puesto, yo ya llevaba tres años en la empresa, me entrevistó ella, que ocupaba la posición, y me dijo que no iban a avanzar con mi postulación ya que buscaban otro perfil. Pero el gerente, o sea el jefe de ella, me eligió, y terminé siendo seleccionado.

-Definitivamente esto te daba la pauta de que ibas a empezar con el pie izquierdo. ¿No?

-Sí, creo que fue una primera alerta del destino, que no supe interpretar a tiempo.

-¿Qué pasó después? ¿Cómo te trató?

-Nuestros primeros días incluyeron un viaje a Buenos Aires, 50 minutos de vuelo. En lugar de aprovechar la ocasión para conversar, conocernos, inducirme un poco en el trabajo, fue al mostrador a pedir que la pasaran a clase ejecutiva por ser viajera frecuente. Yo no lo podía creer. A las semanas de esto, gané un concurso de ideas innovadoras en la compañía a nivel regional, y el premio era un viaje a un festival de innovación y tecnología en el exterior. No solo no recibí ni un mensaje de felicitación, sino que, durante el viaje, donde cada jornada del congreso era de ocho horas, me pasaba trabajo para hacer. Al volver, ni se interesó sobre cómo me fue o lo que vi en el congreso en el que estuve. Mi proyecto quedó en etapa de incubación en la compañía, jamás me pregunto nada ni me dio algún consejo.

Ideas de lo que Javier NO debería hacer: ¡Qué triste que nos toque un jefe de madera emocional! Y en este caso podríamos agregarle algo de odio, envidia y destrato.

Los jefes de hielo tienen problemas para expresar lo que sienten y van por la vida sin emitir un consejo amable, una caricia al alma, ni siquiera una sonrisa. Para ponerla incómoda y lograr que se ría de los nervios o de la ira, Javier debería esperar al carnaval y vestirse de murguero. Una vez disfrazado, entrar a su oficina con pitos y matracas, tirar papelitos en el escritorio y cantar "La felicidad" de Palito Ortega, mientras se retira de la oficina tirando espuma y serpentina. Si después de esto no cambia de actitud, es que lo despidió.

Seguí preguntando para indagar hasta dónde había llegado el daño de esta jefa brutal y helada.

-En marzo de 2020 salía de vacaciones a México luego de casi dos años sin tomarme descanso, y con un viaje que venía preparando con mucho entusiasmo desde hacía mucho tiempo. Por el Covid-19 se suspendió. Cuando le avise, su única respuesta fue: "Ah ok, entonces no te tomás las vacaciones". Así, miles de ejemplos.

Percibí que a Javier se le cerraba la garganta y su voz se apagaba.

-Y ahora, en cuarentena, ¿hubo algún cambio de actitud?, le pregunté.

-No. El Zoom la alejó aún más. Luego de ocho meses de cuarentena, en los que creo que una sola vez me preguntó cómo estaba, me recriminó que me ve desmotivado y que le cuesta conectar conmigo.

Qué debería hacer: Los jefes de madera emocional no tienen en cuenta para nada las motivaciones de sus colaboradores y, estos jefes en particular, son especialistas en desmotivar debido a la insensibilidad que poseen.

El problema de tener jefes de témpano es que son desmotivadores seriales y minan la posibilidad de atraer y retener talentos. Les cuesta entender que es imposible que una organización sea sustentable sin personas motivadas, porque esto crea varios problemas en la empresa.

Confrontar directamente a un jefe de madera emocional puede generar un bloqueo de parte del superior. En casos de sesiones de feedback o charlas donde la idea es entender qué le pasa al jefe, mi sugerencia es empezar reconociendo las propias debilidades frente a ese jefe. Eso puede hacer más fácil a alguien que es emocionalmente inhábil a abrirse y sentirse más seguro. Estas personalidades reticentes y cerradas necesitan sentirse a salvo emocionalmente y convencerse de que la persona que tienen enfrente no va a explotar de rabia o quedarse duro y no decir nada ya que no saben cómo manejar la situación.

Las charlas con jefes insensibles exigen no tomarse el feedback como malo o muy personal. Hay que mantenerse calmo, neutral y no generar expresiones que hagan que el jefe se cierre a hablar.

Javier nunca encaró a su jefa de hielo directamente. Tal vez no pudo o no supo cómo hacerlo. Este fue un error, pero hubiera sido peor aún encararla de forma errónea. Estas personas caen en lugares comunes por su incapacidad emocional: "No trabajás bien en equipo", "No te veo motivado". En estos casos hay que presionar para que la persona sea más específica. Ante un jefe que es nuevo y si se tiene la intuición que indica que va a ser difícil entenderse con él o ella, es recomendable pedir feedback con regularidad al inicio de la relación. Es la mejor manera de chequear que lo que se está haciendo y la visión del jefe estén alineados.

¿Qué hizo Javier?: "Me cuesta mucho ir a trabajar, pensar en verla y que exista una pared entre nosotros. Ya no me animo ni a hablarle. Jamás recibí una crítica constructiva. Es muy difícil trabajar así. Voy a empezar a buscar trabajo una vez que se acabe la pandemia y, con el telegrama, voy a mandarle de regalo un libro de cómo ser buen líder", cuenta.

Vi a Javier mirando fijamente la foto de El grito de Munch. Tal vez tendría que cambiar esa foto y poner algo más agradable para que no se sienta deprimido y desesperado luego de la sesión.

Javier se despidió. "Estoy tan deprimido que no se si ir a un psiquiatra o directamente al correo para renunciar".

Todos hemos tenido alguna vez un jefe con carencias emocionales. Si lo tuvieron, hay que sacar lo positivo de esa relación: aprender a no ser como ese jefe cuando eventualmente le llegue la hora.