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La vivienda y los salarios hacen cada vez más difícil a los jóvenes emanciparse

A los 18 años, un español entra en la mayoría de edad. Se le otorga la plena capacidad de trabajar, el derecho al voto, a comprar sustancias como el tabaco o alcohol, a prescindir de permisos de sus padres o tutores o a unirse a las fuerzas armadas, entre otras cosas. Los padres, por su parte, se ven liberados de la patria potestad, un conjunto de obligaciones relacionadas con el cuidado y bienestar de sus hijos. En varios países, la emancipación para los jóvenes representa un rito de iniciación hacia la fase adulta de la vida. La independencia económica y doméstica es una presión cultural muy fuerte, necesaria para vivir de acuerdo con las expectativas sociales.

La edad media de emancipación en la Comunidad Europea ronda los 26 años, por encima de los 25 de América Latina, los 24 de Estados Unidos, o los 23 de Australia. En Europa, los cinco países con la media más alta son Montenegro (32,5 años), Croacia (31,9 años), Eslovaquia (30,8 años), Italia (30,1 años), y España (29,5 años). Esto nos sitúa con una diferencia de más de una década con Suecia, cuya media es de 18,5 años. Es evidente que, aun para Europa, los jóvenes españoles tardan mucho en emanciparse.

Grupo de jóvenes en un parque Foto: Getty

Esto se debe principalmente a la precariedad laboral y los precios de vivienda que no dejan de aumentar. Los jóvenes de entre 16 y 29 años que todavía viven con sus padres representan el 81% del grupo. El 19% que sí logra independizarse representa un porcentaje abismalmente menor que el 26% del 2008, año en que comienza la crisis. De hecho, este 19% es el porcentaje más bajo observado desde el 2002.

El 90% de su salario

Según el Observatorio de Emancipación, fuente de estos datos, los jóvenes deben destinar un 91% de su sueldo para poder cubrir gastos de alquiler y vivir solos, comparado con la cifra del 2008 que era del 57,4%.

Tampoco se debe olvidar que estas cifras superan con creces el 30% recomendado para vivir cómodamente y poder ahorrar y/o invertir. Considerando que el sueldo medio del grupo etario es de 940 euros, semejante porcentaje resulta extremadamente desolador.

Mientras que sólo un 26,9% de la población general tiene un contrato temporal, para los jóvenes el porcentaje es el 55,5% (casi un 10% mayor que en el 2008). Más del 25% tiene contratos de trabajo parcial. Paralelamente, el alquiler subió un 10% el último año a nivel nacional.

Todo más caro con sueldos más bajos

El problema no es sólo el hecho de que las viviendas y el alquiler sean caros. Es que son más caros que antes y que los jóvenes generan menos ingresos que antes.

Pero a pesar de que estas tendencias negativas están cuantificadas, la mentalidad de la gente sigue siendo asumir que la precariedad laboral también es otro rito de iniciación para los jóvenes. Es un progreso de vida que se ha normalizado en la mente de muchos. Quizá con la población que envejece vertiginosamente, tener a los hijos más años en casa sea beneficioso, una manera más de fortalecer los lazos familiares e incentivar apoyo por parte de los hijos en crepúsculo de la vida. Pero eso no es necesariamente lo que le conviene a la generación que heredará España.

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