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Kakeibo, la práctica japonesa que cambiará tu relación con el dinero


El Kakeibo es una práctica japonesa que te ayudará a gestionar tu dinero con calma, sin prisa pero, sobretodo, con cabeza. En la fotografía, billetes de yen japonés. Foto: Getty Creative

Japón es famoso, entre otras cosas, por su cultura del detalle y la simpleza, algo que se pone de manifiesto incluso en el estilo de vida de una parte considerable del país, que va por un camino muy diferente al del canon occidental consumista.

El Kakeibo, un método de presupuesto tradicional del país nipón, ha jugado un papel fundamental en esto, y bien que nos pudiera enseñar unas cuantas cosas.

El método Kakeibo fue creado en 1904 por Hani Motoko, la primera periodista femenina de Japón. Pronunciado “kah-keh-boh”, el término se traduce al español como “libro de contabilidad familiar” y, más que contabilizar, consiste en aprender a administrar las finanzas de una manera más sencilla y consciente.

La filosofía del Kakeibo se ubica en las antípodas del consumismo y los gastos excesivos, algo que afecta a millones de personas en la actualidad, quienes ven en las compras una manera de combatir el estrés, la infelicidad y el aburrimiento.

Repensar tu relación con el dinero

El objetivo del Kakeibo es que cada persona mantenga un registro escrito a mano del dinero que gana y gasta, de manera que pueda comprender y repensar su relación con el dinero. Pero el énfasis está en la parte de “escribirlo a mano”. Esto se debe a que, como ha demostrado la ciencia con anterioridad, la escritura alienta a prestar más atención a lo que se hace y a pensar mejor las razones que se esconden detrás de nuestros hábitos. Así que, si se embulla, nada de Excel o softwares de presupuesto.

Según el método Kakeibo, antes de comprar cualquier artículo no esencial, uno debería plantearse las siguientes interrogantes:

¿Puedo vivir sin este artículo?

¿Puedo permitírmelo?

¿Lo usaré realmente?

¿Tengo espacio para ello?

¿Cómo lo encontré en primer lugar? (¿lo vi en una revista? ¿lo encontré después de vagar por una tienda de regalos por aburrimiento?)

¿Cuál es mi estado emocional en general hoy? (¿tranquilo? ¿estresado? ¿celebrador? ¿me siento mal conmigo mismo?)

¿Cómo me siento al comprarlo? (¿feliz? ¿emocionado? ¿indiferente?

Y, finalmente, ¿cuánto durará este sentimiento?

Con estas preguntas, más que a mantener el registro de gastos, el Kakeibo invita a las personas a pensar con mayor calma y seriedad qué las motiva a comprar qué, y si en realidad tiene sentido o utilidad adquirir ese artículo.

Una de las lecciones claves del Kakeibo: evita las compras compulsivas y reflexiona antes de adquirir un producto, sin dejarte llevar por los "sentimientos". Foto: Getty Images.

Dar sentido y utilidad a lo que compramos

Según Sarah Harvey, autora del libro “Kaizen: el secreto japonés para un cambio duradero” y quien lo ha puesto en práctica en su vida cotidiana, la práctica del Kakeibo le permitió ser más honesta consigo misma acerca de sus necesidades y deseos.

“Como resultado, mejoré al tomar decisiones más rápidas, inteligentes y lógicas sobre si gastar dinero en un artículo particular”, escribió en un artículo para CNBC.

Sin embargo, como señala la misma autora, no se trata de un mecanismo de fuerza para no darse gustos o llevar un estilo de vida espartano, sino de encontrar un sentido de utilidad y felicidad personal en lo que compramos.

“En lugar de exigir algo drástico, el objetivo es cambiar los malos hábitos a través de la atención plena y los cambios incrementales”, explica Harvey. “Se trata de usar esta atención para reducir las compras que solo podrían darle un impulso temporal de felicidad.

Otras estrategias para evitar compras impulsivas

Además de las preguntas iniciales, el método incluye otras estrategias que podrían ayudarnos a comprender mejor si realmente necesitamos aquello que queremos o que se nos antoja comprar.

Una de ellas es la esperar 24 horas después de haber puesto nuestro interés en un artículo determinado. Si pasado ese tiempo todavía crees que lo necesitas o te vendría bien, entonces la compra te resultará más satisfactoria. En cambio, si después de un día ni siquiera lo recuerdas, es que en realidad no era tan necesario.

Tampoco te dejes tentar por las ventas extraordinarias que hacen las tiendas y mercados, a menos que en realidad supongan un ahorro. Durante las promociones, pregúntate si comprarías el producto a su precio normal. Si la respuesta es no, quizás se trate más de un antojo que de algo verdaderamente importante para tu vida.

Revisar el saldo bancario de forma regular es otra buena práctica para ganar conciencia sobre los gastos que realizamos y si verdaderamente nos los podemos permitir. También lo es pagar en efectivo. Según Harvey: “La entrega física de efectivo en lugar de simplemente deslizar su tarjeta sin pensarlo lo hace más consciente de lo que está gastando, y le resultará más fácil presupuestar. Intenta sacar una cantidad fija de efectivo para usar durante la semana y gasta solo lo que tienes”.

Kakeibo también recomienda utilizar el tiempo libre personal en actividades que no supongan gastar el dinero por aburrimiento, como a veces sucede con las compras online, así como cuestionarnos acerca de hasta qué punto nos dejamos llevar por las campañas de marketing y los influencers, cuyo objetivo es hacernos gastar.

Al final, como dice Harvey, no se trata de no darse gustos, sino de tomar decisiones sabias para invertir el dinero en lo que realmente importa.

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