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La aceituna de mesa española le mete un gol a Trump

Jaime Quirós –La aceituna es un elemento importante en la cultura, la historia y la economía española. Se han encontrado huesos de aceituna en Almería datados al tercer milenio antes de Cristo. Según datos del 2017, nuestro país cuenta con más de 2,5 millones de hectáreas de olivares. Somos el primer país productor, representando más de un quinto de la producción global. Y somos el primer país exportador, contribuyendo al 30% de las exportaciones mundiales, más del doble que el país en segundo puesto, Marruecos. Sin embargo, en consumo, representamos el 7%, por detrás de Egipto (14%), Turquía (13%) y Argelia (9%). Y hay un cuarto país que nos supera en consumo de aceitunas: Estados Unidos, con 8%.

Casi un cuarto de nuestras exportaciones de aceitunas de mesa se destina a este país de América, convirtiéndolo en el principal mercado de este producto. Por ese motivo, ha habido mucha ansiedad ante los aranceles impuestos por Trump. En enero, la Comisión Europea llevó a EEUU ante la Organización Mundial del Comercio debido al desplome de un 72% en las exportaciones desde agosto. Bruselas ha tenido que reservar 2,5 millones para ayudar a los productores de aceituna de mesa debido a estos cambios, cifra que los aceituneros españoles consideran minúscula ante las pérdidas estimadas de más de 40 millones para este año. La Comisión Europea afirmó que los aranceles de 34,75% impuestos por Trump no tienen justificación y que van contra las reglas de la Organización Mundial del Comercio. Todavía no está claro si se conseguirá una indemnización.

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Aceitunas colgando de una rama de olivo durante la temporada de cosecha (AFP/Archivos – Jorge Guerrero)

Trump considera que, hasta el momento, los acuerdos comerciales entre EEUU y la UE han sido desproporcionalmente favorables para Europa. El mandatario, gran amante de la hipérbole, ha declarado que “nadie nos trata peor que la UE respecto a la relación comercial”, agregando que “la Unión Europea fue formada para aprovecharse de nosotros en el comercio, y eso es lo que han hecho”. Aun si semejantes declaraciones victimistas fueran ciertas, ni los obreros que trabajan en el sector aceitunero ni sus encargados tendrían la culpa. Pero son ellos los primeros en sufrir las consecuencias: Sevilla produce el 63% de la aceituna de mesa de España y, con su alta tasa de desempleo, se ve muy amenazada por estos impuestos.

No obstante, ha habido un cambio significativo en el mercado aceitunero estadounidense que podría comenzar a equilibrar la situación. Dcoop, la empresa española que es el mayor grupo productor mundial de aceite de oliva virgen extra y aceitunas de mesa, ha comprado el 20 % de Bell-Carter, la aceitunera más grande de EEUU. Hay una cierta ironía, ya que Bell-Carter presionó a favor del proceso que culminó en la imposición de aranceles, y que Dcoop es parte de Asemesa, la patronal del sector en España que está detrás de acciones judiciales contra el arancel.

La compra tendrá un efecto enorme en el sector aceitunero. En lugar de adquirir la cosecha de los proveedores locales, Bell-Carter importará mitad de sus necesidades. Como Dcoop es española y España es el mayor productor de aceitunas, Bell-Carter aumentará la cantidad importada de 7 millones de kilos al año a 30 millones. Pero ¿y los aranceles? Resulta que, si se importa la aceituna cuando todavía está verde, no se penaliza. Por lo que, para Bell-Carter, será una simple cuestión de procesar y oxidar la aceituna verde cuando llegue a EEUU, y así esquivar los impuestos excesivos de Trump. Hecha la Ley, hecha la “Trumpa”.

Aunque otros sectores no tengan tanta suerte, parece que por lo menos el sector aceitunero podrá salir adelante. Pero una guerra comercial brutal entre EEUU y la UE no terminaría beneficiando a nadie. Las compañías multinacionales se aprovecharán de tecnicismos y lagunas legales para evitar pagar aranceles innecesarios, o simplemente buscarán otros mercados, tales como Asia o América Latina. Los estadounidenses que apoyan a Trump quizá deberían mirar con recelo sus políticas proteccionistas, especialmente teniendo en cuenta que la marca del magnate sigue vendiendo mayormente productos fabricados en China, Bangladés y Tailandia. Pura hipocresía.

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