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La clínica que desengancha de Internet a hijos de millonarios por 1.600 dólares la noche

La adicción a los dispositivos electrónicos, ya sean estos teléfonos, tabletas, ordenadores o cualquiera con acceso a Internet, se ha convertido en un problema que algunos especialistas catalogan como de salud pública. Desengancharse no es sencillo cuando la adicción es alta y por eso surgen clínicas de desintoxicación como la Paradigm de San Francisco, protagonista de un amplio reportaje de BBC Mundo. Aunque cruzar sus puertas es un lujo al alcance de muy pocos.

El periodista de BBC Brasil Ricardo Senra fue enviado recientemente a San Francisco para conocer de primera mano cómo funciona una de estas lujosas clínicas de desintoxicación de Internet. Lo que se encontró allí fue un complejo anónimo –no hay placas que lo identifiquen y solo se puede llegar a él en coche-, lujoso y con vistas dignas de un “resort”.

Habitaciones y espacios comunes amplios, bañeras de hidromasaje, un paisaje natural de ensueño y multitud de actividades para el ocio y la desconexión. Todo ello por un precio de 1.633 dólares la noche. El tratamiento dura una media de 45 días, es decir, un total de 73.485 dólares por la estancia completa. 60 días y un desembolso de 97.980 dólares para los casos más graves. De ahí que solo los hijos de millonarios puedan acudir a esta clínica situada sobre una colina a unos 30 kilómetros a las afueras de San Francisco.

La clínica Paradigm acoge a chicos y chicas de entre 12 y 18 años con una reconocida adicción a Internet que buscan, ya sea por voluntad propia o deseo de sus padres, desengancharse para recuperar su vida fuera de al Red. Algunos, como explica la directora del centro, Danielle Kovac, llegan a estar conectados hasta 20 horas al día. Su lema, “Nosotros los desconectamos. Esa es la regla”, declara a BBC.

Una vez que se cruza las puertas de Paradigm no hay móviles ni otros dispositivos personales. El único acceso que tendrán a Internet será en la sala de ordenadores, donde las redes sociales están prohibidas, para llevar a cabo las tareas escolares que correspondan. Sus pacientes no dejan de ser niños y adolescentes aún en edad de ir al colegio.

Según cuenta Kovac, el día comienza a las siete de la mañana. Desayunan todos juntos, algo que facilita el hecho de que el máximo de ingresados sea de ocho, para después dedicarse a las tareas de refuerzo escolar establecidas. “Comenzamos el día de manera positiva, tomando un buen y equilibrado desayuno, y después hacemos un trabajo en grupo, de apoyo mutuo, conducido por nuestro equipo”, resume la directora.

Cumplida esa obligación, comen y se dividen en grupos para trabajar. Hay actividades que son más de sentarse a hablar y debatir y otras, como puede verse en su perfil Instagram, destinadas a realizar ejercicio físico como senderismo, hípica… Durante la cena hablar sobre cómo ha ido el día y después hacen algo de relajación.

Detalle de una de las habitaciones de la lujosa clínica Paradigm de San Francisco para trata la adicción a Internet de los jóvenes. (Foto: Facebook de Paradigm)

“Yo diría que es un período de ajuste para los niños. Lo mejor es escuchar a muchos diciendo al final del tratamiento: ‘Gracias, al no permitir que siguiese con mi teléfono o en redes sociales en un ordenador fui capaz de concentrarme realmente en mí”, declara Kovac.

Sobre los síntomas para detectar cuando la conexión se ha convertido en una adicción, la directora de Paradigm advierte que lo es “comienza a afectar a otras áreas de la vida, como su vida social o la escuela. Muchas veces, las notas bajan porque los niños están en Facebook o en Instagram durante toda la noche, y luego no pueden levantarse para ir al colegio ni enfocarse en los trabajos escolares”. Llama a la concienciación y a buscar pequeños síntomas de alerta que hagan que el problema se ataje a tiempo.