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La estrategia oculta tras la peligrosa guerra comercial de Trump contra China

Todo el mundo se hace en estos momentos la misma pregunta: ¿hasta dónde va a llegar la guerra comercial entre China y EEUU?. En la imagen, el presidente de EEUU, Donald Trump, saluda al presidente de Cina,  Xi Jinping. AP Photo/Andrew Harnik, File. 

Si nos fijamos en las cifras del comercio con China, podemos imaginar lo que el presidente Trump podría estar pensando mientras arrastra a Estados Unidos hacia una guerra comercial progresiva.

Trump ha alzado la apuesta una vez más, comenzando el proceso para imponer aranceles por valor de 200.000 millones de dólares a las importaciones chinas, además de los 34.000 millones que ya se habían aplicado y los 16.000 millones que están por llegar. Dado que en esta competición se han devuelto muchos golpes, no está de más revisar la puntuación de Trump en esta guerra comercial. Estos son los aranceles que el presidente realmente ha impuesto (en verde), junto con los que probablemente aplique (en amarillo) y otros que solo ha sugerido (en naranja):

Fuentes: Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, Instituto de Economía internacional Peterson

Los aranceles de Trump a los paneles solares, las lavadoras, el acero y el aluminio se aplican sobre las importaciones de muchos países, incluyendo China. Sin embargo, solo representan 57.000 millones de dólares en bienes.

El presidente está apuntando a China de manera mucho más agresiva. Si sumamos los aranceles impuestos a los que están en proceso de aplicación, para el otoño Trump podría llegar a sumar 250.000 millones de dólares por las importaciones chinas.

Es una cifra importante, al menos para Trump. Durante mucho tiempo se ha quejado del déficit comercial de Estados Unidos con China, que ascendió a 336.000 millones de dólares en 2017. Veamos un desglose de esas cifras de 2017:

Importaciones de bienes y servicios chinos a Estados Unidos: 524.000 millones de dólares

Exportaciones estadounidenses de bienes y servicios a China: 188.000 millones de dólares

Déficit comercial general con China: 336.000 millones de dólares

Al inicio de su guerra comercial, Trump creía que si aplicaba aranceles sobre los productos chinos, China no se atrevería a tasar las importaciones estadounidenses como represalia, aunque la mayoría de los expertos en comercio predijeron que eso sucedería. Tenían razón y el presidente se equivocaba. China ha aplicado sus propios aranceles sobre los productos estadounidenses, casi dólar por dólar, para que coincidan con los impuestos que aplicó Trump. Y existen muchos motivos para creer que seguirán haciéndolo.

Sin embargo, China solo importa 188.000 millones de dólares en bienes y servicios estadounidenses al año. ¡Ajá! Cuando ambos países hayan impuesto aranceles sobre las importaciones del otro por valor de 188.000 millones de dólares, China empezará a quedarse sin municiones, al menos según el libro de jugadas de Trump. En ese punto, el presidente puede seguir imponiendo aranceles a las importaciones chinas hasta llegar a los 524.000 millones de dólares, pero China no tendrá más importaciones que gravar.

¿Qué represalias puede tomar China?

Quizá esas cifras explican por qué Trump ha mencionado que añadirá a su lista de aranceles otros 200 mil millones sobre las importaciones chinas, en caso de que la tasa sobre los primeros 250.000 millones no consiga los resultados previstos. Esa jugada haría que el total de las importaciones chinas sumen los 450.000 millones de dólares que sirven para zanjar el déficit comercial.

El problema de la lógica de Trump radica en que aplica un concepto defectuoso de apalancamiento. El presidente cree que cuando China tase todas las importaciones estadounidenses hasta alcanzar el valor de 188.000 millones de dólares, no habrá nada que lo detenga para seguir aplicando aranceles hasta que los chinos den su brazo a torcer. No obstante, China tiene muchas cartas bajo la manga que puede jugar si la guerra comercial realmente alcanzara ese nivel de destrucción mutuamente asegurada.

China podría elevar tanto como lo desee el arancel a las importaciones estadounidenses. Un arancel del 20% podría llegar a ser del 40, 80 o incluso el 400%. Por tanto, aunque no existan otras importaciones que gravar, el impuesto podría subir más y más en las importaciones existentes, hasta que dejen de existir, literalmente.

Un carguero navega por el canal de East Lamma de camino a Hong Kong, en China, hoy, 11 de julio de 2018. EFE/ Jerome Favre

China también podría comenzar a hostigar a cientos de empresas estadounidenses que están haciendo negocios en el país, hasta el punto que tendrían que dar la espalda a la segunda economía más grande del mundo. No debemos olvidar que China se ha convertido en un mercado clave para muchas empresas estadounidenses y que perder ese mercado sería un duro golpe para las ganancias corporativas.

China también podría volverse más agresiva militarmente en el Mar del Sur y otras áreas importantes para el comercio. Esas reacciones podrían torpedear los esfuerzos de Trump para negociar la desnuclearización de la península de Corea. Podría retirarse de los negocios en Estados Unidos, los cuales suman 140.000 millones de dólares. Podría vender una parte de los 1,2 billones de la deuda del gobierno estadounidense que está en sus manos, lo que probablemente haría que el valor del dólar se desplomara y las tasas de interés subieran. Podría explotar la alianza de Trump con los socios tradicionales de Estados Unidos en Europa y otros lugares del mundo, ofreciendo convenios más interesantes que no están disponibles para las firmas estadounidenses.

Duras consecuencias para ambos países

Por supuesto, estas acciones también dañarían a China. Pero la cruzada comercial de Trump se está convirtiendo en una guerra de desgaste en la que ninguno de los bandos vencerá y la única manera para ganar es perder menos. Eso significa que ambas partes se van a hacer daño.

Si Trump subiera los aranceles hasta el 10% sobre todas las importaciones chinas, aumentarían modestamente los precios de muchos productos que compran los consumidores estadounidenses, y probablemente se desviarían las importaciones estadounidenses de China hacia otros países que pudieran suministrar productos similares. En ese caso, el déficit comercial de Estados Unidos con China podría mejorar, como quiere Trump, pero el déficit comercial con otros países empeoraría en una proporción similar.

En Estados Unidos, los daños de esta política se concentrarían en los agricultores y exportadores a China, quienes ya tienen que enfrentar nuevos obstáculos para vender en el país asiático. Esas barreras podrían ser mayores. Es probable que el mercado de valores se tambalee y experimente una tendencia a la baja, sobre todo si la guerra comercial realmente empieza a afectar las ganancias corporativas. Si Trump gravara todas las importaciones chinas, equivaldría a un impuesto adicional sobre los consumidores estadounidenses de aproximadamente 60.000 millones de dólares. No es una cantidad muy significativa en una economía de 20 billones, pero muchos estadounidenses sentirían ese golpe en sus bolsillos.

Pocos economistas creen que la producción estadounidense aumentará como resultado del encarecimiento de las importaciones chinas. De hecho, algunas empresas que fabrican en Estados Unidos productos para exportar a China y otros mercados trasladarían esa producción del país, como afirmó recientemente BMW. Esta política incluso podría animar a muchas más empresas a establecerse en China, donde no tendrían que enfrentarse a los aranceles de venta del país asiático. Por supuesto, es justo el objetivo contrario que persigue Trump, por lo que casi nadie que haya estudiado comercio está de acuerdo con él ni piensa que se trata de una guerra “fácil de ganar”. Más bien es un enfrentamiento fácil de perder.

Video: La estrategia detrás de la guerra comercial de Trump

Rick Newman